EL PAíS › ASUMIó AYER EL QUINTO MINISTRO Y SE COMPLETó LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA CON CUATRO HOMBRES Y UNA MUJER

Rosenkrantz juró en una ceremonia poco tradicional

Sin la presencia de jueces federales, Carlos Rosenkrantz se integró a la Corte. Para el ágape, antes echaron a los periodistas.

 Por Irina Hauser

El acto de asunción de Carlos Rosenkrantz en la Corte Suprema tuvo todos los rasgos y el clima acartonados que suelen caracterizar a estos eventos judiciales, excepto un momento que amagó con quebrar esa liturgia, cuando el flamante juez ni bien juró levantó los brazos en señal de triunfo –primero uno, después los dos juntos–, alentando los aplausos, como si se dirigiera del balcón a las masas. Agitaba las manos para saludar, y así la ovación iba en aumento. Con su incorporación queda completa la Corte en su estructura de cinco integrantes. Ya no hay ningún supremo especialista en derecho penal y quedó solo una mujer. Sin duda, uno de los próximos grandes temas que tendrá que resolver el tribunal será una medida cautelar que suspendió por noventa días el aumento de luz, sobre la cual le pidieron opinión a la Procuración, con fecha límite 5 de septiembre.

El fin de una época en la Corte se advierte en síntomas variados. Un dato central es que ni Rosenkrantz ni Horacio Rosatti, los dos designados por el gobierno de Mauricio Macri, invitaron a la ceremonia de su juramento a los jueces federales, quienes forman parte del público incondicional de los actos de Ricardo Lorenzetti, el presidente supremo, y que han sido para él uno de los puentes con las causas judiciales más sensibles en el plano político. Rosenkratz, en particular, pidió que una vez que terminara el acto sacaran a todos los periodistas del lugar. La consigna era que nadie se le pudiera acercar ni participara del momento en que los invitados hacen cola para saludar al nuevo togado, como si fuese una novia. En el balance, fue mucho más larga la lectura por parte de la locutora de la Corte de la lista de invitados destacados (un ritual palaciego que pervive), que la jura propiamente dicha y la firma del acta.

La sala de audiencias de la Corte, con bancos de madera similares a los de las iglesias, estaba repleta, con gente parada. A los periodistas, que fueron ubicados al fondo, los encargados de “comunicación” les ordenaron al final que desalojaran el lugar por el balcón que da a la calle Talcahuano, que en realidad es una galería antigua con inmensos faroles. Tan atípica era la situación, que casi nadie conocía ese lugar del Palacio. Los hicieron caminar por allí en dirección a Tucumán, donde el extenso balcón desemboca en el “salón de presidencia”, que en los noventa ocupó Julio Nazareno. Es un rincón de una escenografía de cine, con alfombra roja, paredes revestidas de madera, una biblioteca de punta a punta con colecciones de fallos, molduras doradas y una araña también dorada en el techo. Quienes intentaban averiguar las razones de la expulsión, se toparon de casualidad con Lorenzetti, quien ante la pregunta reaccionó: “¡Yo no fui!”, y siguió camino por el balcón que en la otra punta llega a su despacho, y también al de Rosenkrantz. Hasta ahora las políticas de información y relación con los medios, las monopolizaba el presidente supremo.

La oficina que tendrá el recién llegado fue el reducto histórico del fallecido Enrique Petracchi. Es exactamente del mismo tamaño que la de Lorenzetti, a la que está casi pegada. En el ala del edificio que mira hacia la calle Uruguay, también se repiten esas simetrías entre las dependencias. En su nuevo lugar, Rosenkrantz hizo un ágape para familiares y amigos.

En el acto hubo mucha presencia política, y poca judicial. A pesar de que en el Gobierno estaban enojados porque Rosenkrantz demoró su jura y no estuvo para el tratamiento del fallo del aumento del gas, ayer hubo un desfile de funcionarios con la mejor cara de alegría por tener a “su” supremo. Estuvieron la vicepresidenta Gabriela Michetti, el ministro de Justicia Germán Garavano y otros funcionarios de la cartera, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, y el ministro Justicia bonaerense, Gustavo Ferrari. En el púbico estuvieron el senador Juan Manuel Abal Medina, Eduardo Amadeo Graciela Fernández Meijide, Ricardo Gil Lavedra, Daniel Sabsay, la decana de Derecho Mónica Pinto y el ex supremo Gustavo Bossert. Hubo jueces de Casación, de Penal Económico y la Procuradora General, Alejandra Gils Carbó. Tambiéne stuvo Carlos Blacón, de la procuración del Tesoro.

Rosenkrantz fue rector de la Universidad de San Andrés. Es experto en derecho civil y comercial, y como abogado representó a un sinfín de empresas. Los supremos le dieron ayer una bienvenida formal antes de la jura, en uno de los salones que conectan con la puerta de acceso al estrado. Hoy tendrán el primer acuerdo formal. La cautelar por el aumento de la luz la resolverían en los primeros días de septiembre. Es improbable que fallen sobre el fondo al tratarse de una medida provisoria, pero si la respaldan (la Cámara platense dictó la cautelar con solo reclamar audiencias públicas previas al aumento), podría ser renovada hasta que les llegue algún otro caso.

Rosenkrantz juró ayer por “la patria y el honor”, sin incluir a Dios ni los santos en su fórmula (su apellido es judío pero su madre es católica). El abrazo más efusivo lo recibió de parte de Juan Carlos Maqueda, quien viene haciendo alianza con Rosatti desde que llegó el mes pasado a la Corte. Entre ambos, pero con especial ahínco de Rosatti, definieron el desenlace del fallo sobre el gas, en contra de lo que quería el Gobierno, a lo que pretendía acercarse Lorenzetti. Fue la primera pista de que cómo se empieza a redefinir la dinámica de poder dentro de la Corte.

Lo máximo que informó ayer el nuevo supremo fue la lista de sus colaboradores, a quienes presentó por sus títulos internacionales: José Sebastián Elias (doctor por la Universidad de Yale), Valentín Thury Cornejo (doctor por la Universidad Carlos III de Madrid), Rodrigo Sánchez Brígido (doctor por la Universidad de Oxford), Federico Morgenstern (magister en Derecho Penal por la Universidad Pompeu Fabra/Universidad de Barcelona). Este último es autor de un controvertido libro sobre la llamada “cosa juzgada írrita”, que implica la posibilidad de reabrir causas cerradas por supuestas maniobras fraudulentas o presiones. Thury Cornejo es una de las plumas centrales de una web conocida en el mundillo “Todo sobre la Corte”.

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Horacio Rosatti, Elena Highton de Nolasco, Ricardo Lorenzetti, Juan Carlos Maqueda y Carlos Rosenkrantz , festejando.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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