EL PAíS › SEXO, COIMAS, MERCENARIOS, FRAGATAS Y RADARES EN LA HISTORIA DE LA THALES DE FRANCIA

Una veterana con sus escándalos internacionales

La empresa que tenía el espectro radioeléctrico argentino protagonizó uno de los peores casos de coimas en Francia, que incluyó a la “puta de la República” y millones en comisiones. También anduvo por Brasil, Austria y Africa del Sur.

 Por Eduardo Febbro

Página/12
en Francia
Desde París

Sexo, dinero, asesinatos, armas, corrupción, mercenarios, comisiones ocultas, policías, espías y abogados internacionales conforman la deliciosa trama en la que aparece mencionada la empresa francesa Thales, la ex Thomson, cuya filial argentina, Thales Spectrum Argentina, protagoniza uno de esos episodios tan comunes a las empresas multinacionales. Thales representa el corazón del aparato militar industrial francés y como tal trata negocios de delicada envergadura cuyos intermediarios suelen cerrar los tratos con valijas llenas de dólares. El escándalo que desató los manejos de la rama argentina de Thales no es ajeno a la cultura de una empresa que en los últimos años se vio envuelta –y aún sigue– en el escándalo más explosivo que Francia haya conocido desde la segunda mitad del siglo. Un autor de novelas de espías se moriría de envidia por no haber sido capaz de escribir una historia tan vasta como intrincada. El grupo electrónico francés está desde hace más de 10 años en el ojo de la tormenta a raíz de la venta de seis fragatas militares a Taiwan. Los jueces franceses sospechan que Thales, en su época Thomson, pagó comisiones a varios hombres políticos locales para forzar así la venta de las fragatas a Taiwan.
El caso de las fragatas excede en mucho la mera venta de armas a un país extranjero, ya que pone en escena a la “hermana enemiga”, China, país radicalmente opuesto a que el Estado francés autorizara la venta de los buques a su principal adversario. Para de obtener las autorizaciones –locales e internacionales– para la venta de las seis fragatas “Lafayette”, Thales pagó cuantiosas comisiones ocultas en Francia, Taiwan y China. Según uno de los jueces que instruye el caso, Thierry Jean Pierre, el total de las coimas se eleva a 950 millones de dólares. Los movimientos de esos fondos negros transitaron por todos los canales habituales –Suiza, Luxemburgo, paraísos fiscales– y entre las escalas figura la empresa suiza que sirvió de pantalla para las evasiones organizadas por Thales Spectrum Argentina, Finego.
El caso de la fragatas tiene tantas ramificaciones que haría falta una colección editorial entera para poder narrarlo. Sus entretelones más sabrosos conciernen a los esfuerzos desplegados por Thales para influir al aparato político francés. Thales usó los servicios del número dos de la petrolera francesa ELF, Alfred Sirven –hoy preso– para que sacara de las cajas de ELF el dinero necesario para pagar una comisión de 10 millones de dólares a Christine Deviers-Joncour, una suerte de “amante-espía” cuya misión fue “enamorar” al entonces ministro socialista de Relaciones Exteriores, Roland Dumas, y manipularlo para que aprobara la entrega de las fragatas. La venta desencadenó en 1991 un enredo diplomático de enormes proporciones entre Francia y China. Diez años después, se convirtió en una bomba judicial que salpicó al aparato político francés.
En el expediente que implica a Dumas figuran estatuas cotizadas en miles de dólares, cenas en restaurantes de lujo, importantes sumas de dinero en efectivo, regalos de lujo y zapatos a 2000 dólares. Pero esas pruebas son apenas detalles teatrales al lado del millonario ovillo que se mueve detrás de Thomson y ELF. En resumidas cuentas, en 1990, cuando Roland Dumas era jefe de la diplomacia francesa, el ministro se negó a autorizar la venta de las fragatas a Taiwan por evidentes razones diplomáticas: no enojar a China. Alfred Sirven, número dos de la petrolera ELF, le propuso entonces a Thomson montar una “red de influencias” para desbloquear la venta, a cambio del 1 por ciento del monto de la operación, de 5000 millones de dólares. Poco después, Dumas levantaba su veto y se sumaba a los otros dirigentes que estaban de acuerdo con la operación.
Del escándalo quedan muchas secuelas y un maravilloso libro escrito por la amante-espía de Dumas, Deviers-Joncour, cuyo título lo dice todo: La puta de la República. El caso está lejos de haber terminado ya que, segúnun informe de la Justicia francesa hecho público esta semana, Francia podría pagar una multa de varios cientos de millones de dólares por las comisiones fraudulentas pagadas para obtener la venta de las fragatas. Nadie mejor que el juez Jean-Pierre resume la magnitud del escándalo. Juez de instrucción y autor del libro Taiwan Connection, Jean-Pierre asegura que “esta historia comporta dos ramas escabrosas, una sucesión de muertes sospechosas y el pago de coimas gigantescas”.
Aunque enorme, este no es el único asunto donde Thales está implicada. En Sudáfrica, la Justicia sospecha que el vicepresidente Jacob Zuma le reclamó dinero a los representantes locales de Thales. Aunque no hay pruebas contra Zuma, la empresa francesa será juzgada por una infracción a la legislación de empresas. Thales tiene también problemas en Austria. El grupo francés ganó una licitación para la venta de radares, pero como en la operación aparece Karlheinz Schreiber –el financista oculto de la CDU alemana, el partido del ex canciller Helmut Kohl– la licitación ganada por Thales suscita muchas preguntas. De hecho, bajo la presidencia del socialista François Mitterrand, varias empresas francesas habían contribuido de manera oculta en el financiamiento del partido de Kohl. Los mismos protagonistas del escándalo alemán se vuelven a encontrar en Austria.
Otro de los escándalos donde Thales se vio envuelta remonta a los años 90. A Thales-Thomson se le fue de las manos el contrato brasileño de radarización del Amazonas por un monto de 1400 millones de dólares. Gracias a las “intercepciones” realizadas por la red mundial de espionaje norteamericana Echelon, los Estados Unidos conocieron “en detalle” el contenido del contrato, las conversaciones, los mensajes criptados entre Thomson y el Estado brasileño y las coimas ofrecidas. Thales perdió el contrato con el Estado brasileño y éste fue recuperado por la compañía norteamericana Raytheon. ¿Y quién es Raytheon? Nada menos que una de las empresas que trabaja para el Departamento de Estado norteamericano y principal fabricante del sistema de espionaje Echelon.

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Menem y, marcado por el círculo, su lobbista en Francia Jorge Neuss, de visita en el Louvre.
 
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