EL PAíS › EN VILLA VENTANA, DONDE NEUSS TIENE 2000 HECTAREAS

El arroyo que se secó

 Por Eduardo Videla

Villa Ventana es uno esos pequeños paraísos no demasiado visibles que cada tanto suele regalar la geografía nacional: sierras, bosques y silencio. A esa sinfonía le falta desde hace un tiempo una nota: la que ejecuta el arroyo Belisario, seco desde hace alrededor de un año. Los vecinos comenzaron a movilizarse. Es que la desaparición del agua, que dejó las piedras del lecho a la intemperie, coincide con el inicio, en un campo vecino a la villa, cerros arriba, de un emprendimiento de viñedos impulsado por el propietario del lugar, el empresario Jorge Neuss, amigo de Carlos Menem y pata local de la empresa francesa Thales Spectrum, que controló hasta hace una semana el espacio radioeléctrico de todo el país. Vecinos, comerciantes y empresarios sospechan que el agua que falta del arroyo ha ido a parar a los viñedos. Y están firmando un petitorio para reclamar al gobierno bonaerense que investigue la razón de la sequía.
Neuss compró hace alrededor de cinco años la estancia Cerro Colorado, de unas 2000 hectáreas, para establecer un coto de caza. Ciervos y jabalíes, especies predominantes en el lugar, fueron las predilectas de contingentes de empresarios que llegaban en charters directamente desde Buenos Aires. Desde ese tiempo, Neuss comenzó a labrar su fama de testaferro: para los habitantes de la villa, el verdadero propietario es Alberto Kohan, secretario general durante la presidencia de Carlos Menem.
La actividad del coto de caza quedó en suspenso hace dos años, por razones que no están del todo claras. Allí quedaron los animalitos, a salvo por el momento rodeados por un alambrado olímpico. Al mismo tiempo surgió el proyecto, una suerte de experiencia piloto, de cultivar vides merlot y cabernet sauvignon, con destino a la elaboración de vinos, una iniciativa inusual en la provincia de Buenos Aires. Son dos hectáreas y media de verde en medio del terreno árido, rodeado de un trazado formidable de sierras y de un bosque de pinos y álamos plantado hace un siglo. Cerca del viñedo corre el Belisario, que viene bajando de las sierras y se pierde a medida que se acerca al pueblo.
Nunca antes en esta zona hubo tanta sequía. “Se dan ciclos húmedos y secos, de siete años, que dependen de las mayores o menores lluvias que se den durante la primavera. Pero la situación este año es grave y por eso pedimos una investigación para averiguar si el emprendimiento afecta el curso del arroyo”, dijo a Página/12 Rubén Maldonado, presidente de la Comisión de Fomento de la Villa. Los vecinos se manejan con mucha cautela. Saben que su vecino es un poderoso y, como suele ocurrir con los poderosos, tiene dotes de benefactor: por ejemplo, ha contribuido con la donación de un equipo de comunicaciones para los bomberos de Villa Ventana.
La Villa está a 550 kilómetros al sur de Buenos Aires, casi 100 kilómetros antes de Bahía Blanca y a sólo 12 de la más conocida Sierra de la Ventana, en el partido de Tornquist. Es un trazado de apenas 80 manzanas con unos 550 habitantes fijos, sin contar los turistas. En los últimos cinco años ha tenido su mayor crecimiento: junto a los que simplemente fueron cautivados por el lugar, se radicaron decenas de artesanos, convertidos ya en una atracción más. La llegada de inversores inmobiliarios –en su mayoría de Bahía Blanca– y la construcción de algunas viviendas suntuosas contribuyeron a multiplicar por diez el valor de los terrenos.
“Cuando llegué, esto era toda una plantación de trigo, no había ni un árbol, y los arroyos eran caudalosos”, dice con nostalgia don Wolfgang Shultze, pionero de Villa Ventana. Nacido en Alemania, llegó cuando tenía apenas un año, de la mano de su padre, quien fundó en 1942 la hostería que fue piedra fundamental de la villa. Hoy, el trigo fue reemplazado por frondosos pinos, álamos y aromos, y los arroyos han perdido la fuerza. La primera reacción vecinal al coto de Neuss se hizo sentir cuando comenzaron a escucharse los primeros disparos, que ponían en fuga a las decenas de especies de aves que habitan los bosques. El canto de los pájaros fue reemplazado por el clamor de la gente, embanderada desde mucho antes en el proteccionismo, que hizo su primera presentación al gobierno de la provincia. El trámite tuvo éxito: en pocos meses, el coto de caza dejó de funcionar.
A partir de entonces, Neuss comenzó a criar los ciervos y jabalíes con destino gastronómico. “Piensan poner un frigorífico para elaborar carnes y fiambres para exportación”, comentó un comerciante de la villa. Ese proyecto está en los papeles, a diferencia de los viñedos, que crecen desde hace un año al pie de las sierras y el año que viene, está previsto, darán la primera cosecha para la elaboración de vinos.
Como actividad complementaria, los empleados de la empresa organizan excursiones para que los turistas conozcan algunas de las bellezas naturales del lugar, cerradas para el público desde la llegada de Neuss. Entre ellas, la llamada Fuente del Bautismo, un olla en lo alto de la sierra alimentada por un manantial, donde –cuenta la leyenda– los antiguos indios puelches llevaban a los hijos para celebrar una ceremonia. “Hacen la excursión como una forma de revertir la imagen negativa que la empresa tiene entre los pobladores”, confió una vecina.
El alerta por la falta de agua comenzó en el último año. Los vecinos comenzaron a movilizarse y a través de la Asociación de Fomento presentarán esta semana un petitorio ante la Subsecretaría de Recursos Naturales de la provincia. “Queremos que se investigue si el agua del arroyo ha sido utilizada para el riego de los viñedos”, dice Maldonado, titular de la Asociación. “No decimos que ellos sean los culpables, no los estamos acusando –aclara–. Acá también hay una gran sequía porque ha llovido muy poco. Pero nunca hubo tan poca agua en el arroyo y queremos saber si ese emprendimiento ha afectado su caudal.”
El delegado municipal, Rubén Testa, apoya la demanda. “No se sabe a ciencia cierta cuál es la causa de la merma del caudal”, dice el funcionario, que mantuvo algunos contactos informales con gente de la empresa. “Ellos se comprometieron a hacer todo lo necesario para no perjudicar a la villa”, aclara. Los pobladores quieren evitar confrontar con su vecino rico. Es que el lobbista –entre sus idas y vueltas a París– ha intentado sacar credencial de benefactor. Como cuando donó 1500 pesos para reparar una máquina vial, algo que hubiera tardado meses en resolver la municipalidad, recuerdan los vecinos.
Ahora esperan que muestre la misma disposición para resolver el problema del agua. Mientras, queda la esperanza de la lluvia.

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