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Las asambleas escracharon a Videla en Belgrano

Miembros de las asambleas de la zona hicieron un escrache ayer en el domicilio de Videla y luego marcharon hacia los de Massera, Harguindeguy y Pertiné. Había Madres de Plaza de Mayo y familiares de desaparecidos.

 Por Martín Piqué

”Alerta, alerta a los vecinos, al lado de su casa está viviendo un asesino.” Ya se habían escuchado varios cantitos, ya habían pintado la calle con aerosol, algunos habían gritado “asesino”. Pero los asambleístas de Palermo, Colegiales y Chacarita querían prevenir a los vecinos, que los miraban con una mezcla de recelo y curiosidad. Eran cuatrocientas personas, participantes de asambleas barriales, muchos jóvenes, algunos viejos, y diez Madres de Plaza de Mayo. A tres días de otro aniversario del golpe de 1976 realizaron ayer un escrache frente al departamento del dictador Jorge Rafael Videla. Los repudios siguieron más tarde, en los domicilios de Emilio Massera, Albano Harguindeguy y Basilio Pertiné.
El edificio estaba custodiado por un doble vallado y una larga fila de policías que rodeaba la entrada, casi escondida, de Cabildo 639. Los agentes de civil caminaban entre los curiosos, que miraban desde las veredas en esa parte de Belgrano, a pocas cuadras del Instituto Geográfico Militar y de la obra social castrense. A simple vista se comprobaba el temor a la sucesión de escraches a dirigentes políticos y representantes del establishment. “Siento impotencia de que los míos no están y Videla viva acá, tan tranquilo”, protestó Nair, una Madre de Plaza de Mayo de la Línea Fundadora que no podía contener su emoción.
Los asambleístas ocuparon media calzada y se quedaron a unos metros del edificio. Llevaban banderas de las asambleas de Palermo, ColegialesChacarita, Santa Fe y Scalabrini Ortiz y Palermo Viejo. También estaban los alumnos del colegio Ingeniero Hermitte, que portaban la pancarta de su centro de estudiantes. Unos cuantos miembros de HIJOS iniciaban los cantitos. “Como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar”, voceaban.
Entre la gente caminaba Chavela, una psicóloga de 51 años y docente de la UBA, que movía un prolijo cartel naranja con una canción de Silvio Rodríguez. “Ojalá por lo menos que te lleve la muerte”, decía la pancarta de Chavela, que acompañaba las consignas con el ruido de una latita llena de llaves. “Desde el ‘76 escucho esta canción y ahora tengo la posibilidad de escribírsela a ellos”, explicó a Página/12 con una sonrisa que se desdibujó cuando nombró a Mary, su mejor amiga, que fue secuestrada por los militares y hoy está desaparecida.
A pocos metros, Vicente Infantino (78) miraba en silencio el edificio de Videla. “Da bronca, yo no puedo estar acá”, balbuceó. Se presentó como un “dirigente de Foetra Buenos Aires” y había llegado junto a un grupo de Madres. “Yo tengo un hijo desaparecido: Jorge Rosario Infantino, que desapareció el 12 de setiembre de 1977. Vengo a repudiar a este criminal. No lo vamos a dejar en paz”, contó. A su lado estaba Delia Morel, que se acomodaba en silencio el pañuelo blanco de las Madres. “Con toda mi alma agradezco a quienes han venido aquí”, dijo. Y recordó con palabras entrecortadas a su hermana y su cuñado, a quienes perdió a manos de los represores.
En el asfalto se veían las pintadas que los estudiantes de secundario se acercaban a descifrar como si fueran un jeroglífico. Efraín (14) era uno de ellos. Vestido con sus pantalones flojos, al estilo rapper, se prendía en todos los cantitos contra la policía. “Esta es la primera vez que vengo a un escrache”, contó mientras desde un megáfono uno de los organizadores llamaba a los presentes a “seguir repudiando a los políticos pero a no hacerle el juego a los fascistoides de derecha que quieren un gobierno de mano dura”.
Aunque la mayoría eran jóvenes, en la calle había unos cuantos viejitos, como Malvina (74) y Rubén (79), vecinos del barrio, que conversaban a unos metros de las vallas. Malvina, una doctora en ciencias económicas jubilada, y su marido, químico, se quejaron por el operativo de seguridad que protegía a Videla. “En vez de perseguir a un asesino, lo protegen”, se indignó Rubén, quien propuso que para la próxima “habría que tirar huevos”. A unos cuantos metros, Eugenia (17), ingresante a bioquímica dela UBA, acunaba con dulzura a Lucía, la hija de una amiga. “Vengo por la memoria y para que nos juntemos todos contra la impunidad y la violencia”, contestó con una sonrisa.
En la vereda, un gordo de campera azul y pinta de militar observaba todo con las manos cruzadas en la espalda. Se presentó como “Raúl, obrero gráfico”, de 62 años y lanzó una amenaza en clave premonitorio. “Están incitando a la violencia. Esto va a conducir a una guerra civil y éstos van a morir como moscas, no saben en qué lío se están metiendo.”
–¿No serás periodista del periódico de las Madres de Plaza de Mayo? -preguntó al final, con una mueca agria en el rostro.
Después de unos pocos huevazos y una bomba de pintura, que dejaron su estampa sobre la áspera pared blanca del edificio de Videla, los asambleístas se retiraron caminando. En Scalabrini Ortiz y Santa Fe los esperaban más manifestantes, con quienes escracharon a Massera, en Libertador al 2400, Basilio Pertiné, en Las Heras y Coronel Díaz, y a Albano Harguindeguy, en Santa Fe al 2300.

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Un grupo de Madres de Plaza de Mayo, frente a la casa del dictador Jorge Rafael Videla.
 
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