ESPECTáCULOS

El deporte puede ser trasnochado

“Orsai” y “Mar de fondo” dibujan, cada uno a su modo, una manera de analizar el fútbol que contrasta con la seriedad de los noticieros.

 Por Esteban Pintos

TyC Sports apuesta fuerte al final y al comienzo de cada día. Desde las 23 y hasta la 1, la señal deportiva del grupo Clarín ofrece dos programas de producción propia –todo un logro en estos tiempos– que combinan información y humor. Primero “Orsai”, ahora rebautizado con el subtítulo “La historia de nunca acabar”, que vuelve a alinear a la dupla Gonzalo Bonadeo–Roberto Petinatto en la conducción. Después “Mar de fondo”, con el crédito joven del multimedios, Alejandro Fantino, como principal atracción.
En la particular batalla por rating, derechos de emisión y anunciantes que libran las grandes cadenas deportivas de alcance continental (la mencionada más ESPN y Fox Sports, ya desaparecida PSN), este paquete de segunda noche y trasnoche que busca “otra mirada” del hecho deportivo en sí, revela también una intención por focalizar el eje temático en función de la llegada al público. A su manera, ambos programas se nutren de la idiosincrasia nacional relacionada especialmente con el fútbol, con un lenguaje particular, usos y costumbres propios de la Argentina que, en todo caso, deben ser decodificados fronteras afuera. En esto se diferencia de la competencia, que –si bien también emite contenidos desde la Argentina– apunta al envío de información y análisis “latinoamericanos”. Sin espacio para el humor ni la ficción, además.
Entonces, a la hora en que Fox emite su noticiero –conducido por el ampuloso Martín Liberman y un eventual partenaire–, Bonadeo y Petinatto ofrecen su receta conocida, pero no por eso menos atractiva. Hay un gordo y un flaco, un periodista y un ¿comediante?, un informado y un colgado de la rama. Hay entrevistas en el piso, encuestas callejeras con una vuelta de tuerca, graciosas intervenciones del músico–humorista Gillespi (que reflotó su celebrado personaje “Aníbal Hugo”) y la responsabilidad editorial del programa a cargo de Bonadeo (casi nunca referido al deporte, por cierto), todo envuelto en una cuidadísima edición y puesta en el aire, mérito también del productor ejecutivo del envío, el también periodista Daniel Jacubovich.
En realidad, “Orsai” es la creación del dúo Bonadeo–Jacubovich, vigente desde que comenzó la década del noventa y con variadas encarnaciones en el cable y la televisión abierta. De todas las versiones que tuvo “Orsai” (esto es: Bonadeo más alguien), la experiencia Petinatto es la que mejor resultó. Aquello ocurrió en 1997 y 1998, antes de que el ex músico de Sumo decidiera probar suerte en las ligas mayores de la tele con programas de psicoanálisis barato, cortes de manzana, asados precocidos y chistes malos. Ahora, después de todo aquello, Petinatto vuelve al regazo del cable deportivo para hacer del tipo que pasaba por la esquina y fue puesto en cámara. En ese sentido, se presenta como el contrapunto ideal para el –por momentos– excesivo talante serio que impone Bonadeo.
Así, el programa parece hecho sobre dos microprogramas paralelos, que a veces confluyen en un living de utilería. Bonadeo opina, presenta noticias y entrevistas; mientras, Petinatto juguetea con un títere y de paso hace publicidad de una gaseosa. Un rato después, con un entrevistado en el piso, el periodista preguntará en serio y el ¿comediante? intervendrá ¿en broma? Si algún mérito tiene esta versión reciclada del mejor “Orsai” –de hecho, la apertura es la misma de hace unos años, una graciosa combinación á la Ralph Bakshi de Isidoro y Boogie el Aceitoso– es justamente el aire que ofrece entre la seriedad de uno y el elogio de la pavada del otro. Para quien no vive infestado de fútbol todo el día, aún puede resultar atractivo.
Aire para ese eventual televidente es lo que falta, justamente, en “Mar de fondo” (a la hora en que ESPN emite su completo noticiero “Sportscenter”). Mención aparte: la medianoche fue el horario en que se lució “Orsai” en su mejor época, pero hoy ese espacio está ocupado. ¿Por quiénes? ¿Por qué clase de programa? Alejandro Fantino, acompañado por los actores Ana Martínez y “Toti” Ciliberti, más los periodistas deportivos Gastón Recondo y Marcelo Palacios, componen el staff de “Mar de fondo”, lo más parecido a un vestuario de fútbol que se haya visto en la televisión por cable. Esto es: muchos chistes que sólo se entienden entre los que manejan ese código, un grupo de reidores profesionales, mucho supuesto desparpajo en cámara, insinuaciones homofóbicas y a veces también misóginas, entrevistas y la participación especial de invitados, casi siempre futbolistas. Justamente, en su propia limitación temática, el programa gana. Los jugadores de fútbol, últimamente muy remisos a las apariciones televisivas gratuitas, se sienten a sus anchas en este clima.
Allí surgen los mejores momentos del ciclo. Un protagonista cuenta, entre risas, entretelones vividos dentro de la cancha y muestra su verdadera cara. Este tipo de relatos coloridos, con “el otro lado” del juego que apasiona a los argentinos, suelen ser muy atractivos para quien se interesa en el fútbol. Fantino no es un hábil entrevistador ni mucho menos, pero maneja a la perfección el mismo lenguaje aporteñado y pleno de figuras inverosímiles y segundas y terceras intenciones que campea en el habla del fútbol. Es, para el entrevistado, un par, preocupado también por el color de pelo, el peinado, las zapatillas o la remera. También por las conquistas femeninas. Así rompe la barrera que separa al periodista del jugador y obtiene jugosas declaraciones, anécdotas e historias que merecen escucharse. La seguidilla puede agotar, porque muchas veces los temas del día son pocos y recurrentes. Lo mismo que la sobredosis de fútbol y conversaciones sobre el tema. En Argentina, se sabe, esto queda completamente relativizado: el fútbol es la pasión nacional y todos tienen lo suyo para decir, que muchas revela también cómo somos.

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