EL PAíS › EN EL ALVEAR HABIA OTRA REUNION DE INTEGRACION MERCOSUR-EUROPA

Negociación con EE.UU. en punto muerto

 Por Cledis Candelaresi

Por similares razones a las que hace un mes trabaron en Puebla un avance en las negociaciones por el ALCA, los vicecancilleres reunidos ayer en Buenos Aires no consiguieron avanzar demasiado para destrabar la situación: Estados Unidos se mostró igualmente renuente a facilitar el acceso a su apetecido mercado, lo que inhibe al Mercosur (en rigor, a Brasil) a abrirse blandamente a las inversiones extranjeras. A pocas cuadras del Palacio San Martín, en el Alvear Palace, los negociadores del bloque sureño enfrentaban otro momento poco amigable: las máximas autoridades de la Unión Europea le reclamaron mayor cohesión y “seguridad jurídica” como condición para recibir los anhelados capitales. En un mensaje dirigido a la Argentina, también reclamaron cumplir los compromisos asumidos, recordando expresamente la situación de “las tarifas” públicas, hoy bajo revisión.
Lo más llamativo fue la coincidencia de dos cónclaves de tanta envergadura, que debatieron alternativas aparentemente rivales. Los europeos insisten en que el pretendido acuerdo de libre comercio con el Mercosur es mucho “más amplio” que el ALCA, ya que también supone acercamiento político y cooperación tecnológica, una vía para consolidar influencia sobre la región, allanando el camino a los negocios de sus empresas. Para este propósito, la iniciativa de Bush no es demasiado funcional.
Para tranquilidad de los europeos, la reunión por el ALCA quedó trabada en un prometido toma y daca que parece condenado a abortar. Estados Unidos no está muy dispuesto, siquiera, a “compensar” a sus eventuales socios por los multimillonarios subsidios a su producción. Los negociadores comandados por Peter Allgeier insisten en la magra propuesta de reducir subvenciones a algunos bienes que exportan, pero no las que amparan a los que producen. Un paraguas que, justamente, quita competitividad a muchos productos de la agroindustria, sector en el que es fuerte el Mercosur.
La estrategia negociadora del bloque sureño es adaptar su legislación para que las empresas extranjeras puedan invertir, incluido en el sector servicios, con el mismo tratamiento que si fueran nacionales, o darle el mismo tratamiento en las compras y otras contrataciones de sus gobiernos, pero sólo si se flexibilizan las fronteras de EE.UU., Canadá y México a los lácteos, carnes y otros productos que se ofrecen desde aquí, algo que no está ocurriendo ni por asomo en la mesa negociadora.
La demora no es indiferente para los gobiernos sudamericanos que trabajan con el horizonte de agosto: difícilmente pueda avanzarse después de entonces, cuando habrá empezado en Estados Unidos la campaña electoral. Y si el demócrata John Kerry se consagrara como el sucesor de Bush, nadie descarta que Washington inicie una política más proteccionista aún, cediendo a la presión de los sindicatos.
Más cordiales parecen las discusiones técnicas con la Unión, quizá porque se trabaja con un horizonte de quince años para la celebración de un acuerdo de librecomercio. Sin embargo, tanto el funcionario europeo Karl Folkenberg como el titular de la delegación de la Unión Europea en Buenos Aires, Angelos Pagkratis, ayer marcaron un límite para discutir en serio la apertura de los mercados europeos. “El Mercosur debe profundizar la integración interna de sus normas sanitarias y burocracia aduanera”, arremetió el primero. “Tiene que respetar los compromisos como el de las tarifas o los requerimientos para la exportación”, exigió el segundo.

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