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Un día del Ejército sin K y sin sobresaltos

Pampuro defendió la expedición a Haití. Bendini prometió no más “luchas fratricidas” y citó a Perón. Scioli guardó silencio y Solá evitó pelearse en público.

 Por Martín Piqué

La ausencia de Néstor Kirchner fue el dato más relevante del acto por el Día del Ejército. El antecedente del año pasado, cuando removió a Ricardo Brinzoni a pocos días de asumir, había generado cierta expectativa sobre lo que podría pasar. Pero Kirchner permaneció en Olivos, convaleciente de la gripe y con un protector estomacal. Por eso, el ministro de Defensa, José Pampuro, lo reemplazó a la hora del discurso, mientras que el gobernador Felipe Solá ocupó el lugar de honor en el jeep camuflado que pasó revista a la tropa. De todas formas, el “reposo psicofísico” no impidió que todo saliera a gusto y piacere del Gran Ausente. El jefe del Ejército, Ricardo Bendini, citó “al general Perón” y dijo que la institución “asume las responsabilidades de sus errores”. Pampuro defendió el envío de efectivos a Haití para evitar una “acción multilateral indeseada”. Y Solá evitó profundizar su pelea por las deudas de la Nación.
También estuvo el vicepresidente Daniel Scioli, quien antes de que empezara el desfile se reunió con Pampuro, el ministro de Salud Ginés González García y el intendente de La Matanza Alberto Balestrini. Scioli había llegado con un discurso propio –atesorado en una carpeta de cuero de la Vicepresidencia de la Nación– con la esperanza de decir algunas palabras. Al final no habló, a pesar de que le había mostrado el texto a Pampuro, y tampoco ocupó el lugar de honor al momento de pasar revista a la tropa. Quien se apoderó de las cámaras fue Solá, como gobernador de Buenos Aires. Por primera vez en la historia de los aniversarios del Ejército, el acto se hizo fuera de los cuarteles militares. Fue en San Justo, partido de La Matanza. “La idea fue del Presidente”, reveló Solá cuando lo felicitaron por el lugar elegido para el desfile.
Tal vez porque la mañana era gris y muy fría, el acto no tuvo un público numeroso. En las gradas y en las veredas de la avenida Brigadier General Juan Manuel de Rosas –elegida para la ocasión– no se veían grandes multitudes. Había, sí, familias con banderitas argentinas, civiles con boinas u otro adorno castrense y friolentos que se calentaban con el chocolate caliente que habían traído los soldados. Pasadas las once y media, luego de que Solá y Bendini pasaran revista a las tropas, el jefe del Ejército comenzó a leer su discurso. Entonces hizo una nueva autocrítica, prometió que la fuerza nunca volverá a empuñar las armas “en una lucha fratricida contra nuestros compatriotas”, y dijo que la institución quiere “participar en el proyecto nacional en marcha”. Un discurso más agradable para el Presidente, imposible.
En el palco oficial, entre los funcionarios civiles, estaba el general Jorge Tereso, que perdió el cargo por pedir que seis represores detenidos por la Justicia pudieran pasar las fiestas de fin de año en sus casas. También se veía entre los uniformes verdes al juez federal Claudio Bonadío, el mismo que ordenó detener a la cúpula montonera por la contraofensiva de 1979-1980. Luego del discurso de Bendini, llegó el turno de los civiles: como Kirchner estaba recluido con gripe, la representación del Ejecutivo quedó en manos de Pampuro. Tras unas palabras iniciales en las que reivindicaba a los “criollos, paisanos, mestizos” que formaron las primeras tropas, Pampuro se dedicó al tema que le interesaba en serio: la discutida expedición a Haití. Ayer, tras el acto del Ejército, el comité nacional de la UCR anunció su oposición a que se envíen soldados.
Aunque esa posición promete problemas con la bancada radical, Scioli se mostró confiado en que la iniciativa logrará el apoyo de los senadores. Un paso clave se producirá pasado mañana, cuando Pampuro y el canciller Rafael Bielsa comparezcan en el Congreso para exponer los planes del Gobierno. Para Pampuro, una de las claves del proyecto es que se trata de la primera expedición en conjunto de las fuerzas del Mercosur bajo la bandera de las Naciones Unidas. Según esa idea, esa tarea coordinada permitiría evitar “el indeseado unilateralismo”: una referencia implícita a Estados Unidos. En su discurso ante las tropas, el ministro insistió conesa argumento. “Por primera vez, fuerzas armadas de distintas naciones latinoamericanas se unen para, juntas, intentar estabilizar la difícil situación que atraviesa un país de la propia región”, dijo.
Una vez que terminó el acto, el interés de periodistas y curiosos se concentró sobre Solá. Hasta ese momento, su única intervención había sido el grito de “Agrupación Ejército Argentino”. Pero sus últimos cruces con voceros del Gobierno y su queja de que la Nación le adeuda fondos lo habían puesto en el centro de la escena. Consultado por los dichos de Alberto Fernández, que había dicho que “debía tener problemas en sus líneas telefónicas”, Solá respondió con evidente disgusto pero bastante cautela. “Cuando pasen las ironías, va a haber diálogo”, confió (ver nota en página 7). Mientras se despedía de la gente –la ausencia de Kirchner lo había convertido en la máxima autoridad del lugar– el gobernador dijo que espera tener un acercamiento con el Presidente en los próximos días.

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Ametralladoristas en formación en la avenida Rosas de San Justo.
 
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