ESPECTáCULOS

Un estreno para alimentar la nueva pasión argentina

Fuego en Casabindo, de Virtú Maragno y basada en la novela de Tizón, sube a escena el martes en el Colón. El libreto es de Rovner y Carey, la puesta es de Tantanian y la dirige Calleja.

 Por Diego Fischerman

“La historia de un combate cruento y desigual por unas tierras yermas”, define Héctor Tizón, autor de la novela Fuego en Casabindo, en la que se basa la ópera de Virtú Maragno que se estrenará el próximo martes en el Teatro Colón. Con libreto de Eduardo Rovner y Bernardo Carey, la obra cuenta con la régie de Alejandro Tantanian y será dirigida musicalmente por Carlos Calleja, quien se entusiasma no sólo con la posibilidad de estrenar una composición argentina sino también con el momento particular del género en este país. “La ópera se ha popularizado de una manera impresionante. Hay, simultáneamente, cuatro, cinco puestas en Buenos Aires, en La Plata, en Avellaneda. Y el calor, la emoción que se pone en juego, son los mismos de un recital de rock. Es maravilloso sentir que el público no espera el final de un aria para aplaudir. Es maravilloso que haya este fervor”, dice a Página/12.
Calleja, director de la Orquesta Académica del Colón y responsable de verdaderas exhumaciones en el campo de la ópera argentina, como la de Lin Calel, de Arnaldo D’Espósito, que se representó el año pasado en el Teatro Argentino de La Plata, se encontró esta vez con un trabajo que terminó teniendo bastante en común con su recuperación de obras olvidadas. Y es que el compositor apenas llegó a conocerlo y, antes de que comenzaran los ensayos, murió en febrero pasado. “Hay todo un proceso de correcciones que el compositor hace a medida que va escuchando la obra y eso, en este caso, fue obviamente imposible. Además, como muchos creadores, Maragno volvía sobre sus obras, corregía, pensaba distintas alternativas. Entonces –cuenta Calleja–, cuando empezamos a ensayar nos encontramos que para algunas escenas había varias versiones y que había que tomar decisiones sin la posibilidad de consultar con el autor. Este proceso, finalmente, fue bastante similar al que se plantea cuando la partitura es muy antigua, cuando en la partitura hay numerosas anotaciones y no se sabe si las hizo el propio compositor o un director de orquesta. Y, como en esos casos, hablar con quienes conocieron bien al autor fue fundamental. Sus hijos fueron una ayuda invalorable.”
Con escenografía a cargo de Oria Puppo y Jorge Pastorino, vestuario de Mariana Polski e iluminación de Jorge Pastorino, Fuego en Casabindo será protagonizada por el barítono Luciano Garay como el Mayor López, la soprano Patricia Gutiérrez en el papel de Cruceña, el tenor Carlos Duarte como Doroteo y, personificando a la Madre, la mezzosoprano Lucila Ramos Mañé. Además de la del estreno, habrá funciones el 2, 3, 4, 5 y 6 de junio. En las del 2 y el 5, habrá un segundo elenco, integrado por Mirko Tomas, Mónica Ferracani, Fernando Chalabe y Virginia Correa Dupuy. “El tema central se refiere a un hecho de nuestra historia: la batalla de Quera, pequeña localidad del noreste de Jujuy”, resumía Maragno poco antes de morir. “El nudo dramático lo constituye la muerte del líder coya Doroteo, que reaparece, convertido en alma errante, buscando a su verdugo, el Mayor López, jefe de las fuerzas del gobernador, el cual, aterrorizado, se suicida.”
Nacido en Santa Fe en 1928, Maragno estudió composición con Luis Gianneo y piano con Antonio de Raco y Vicente Scaramuzza. En 1959, obtuvo una beca que le permitió continuar sus estudios de composición en la Academia de Santa Cecilia de Roma con Goffredo Petrassi y de dirección coral con Franco Capuana. En Milán, trabajó junto a Bruno Maderna en el Instituto de Fonología de la RAI. Fue premiado por numerosas instituciones, entre ellas, Amigos de la Música y la Asociación Wagneriana, y obtuvo el primer premio Nacional de Música en 2002. En 1993, fue elegido miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes, en donde fue creador y director de una orquesta de cámara destinada a difundir la labor de compositores argentinos. Como docente, desarrolló una intensa actividad en la Universidad Nacional de La Plata, el Conservatorio Nacional Carlos López Buchardo, la Universidad Católica Argentina y en el Conservatorio Municipal Manuel de Falla. Compuso piezas sinfónicas y de cámara –vocalese instrumentales–, entre ellas el Salmo 129, Intensidad y espacio, para orquesta, un Cuarteto de cuerdas y un Concierto para violín y orquesta.
“Tengo una relación entrañable con la ópera argentina de principio del siglo pasado”, afirma Calleja. “Le tengo mucho cariño porque, también, me dio mucho. La sensación de descubrimiento es muy intensa; son obras que se han hecho muy poco, a veces una sola vez. Son obras que no existen hasta que empezamos a descubrirlas, a hacerlas vivir nuevamente. Y esa música desconocida es ni más ni menos que el lugar de donde venimos. Es nuestra tradición y no sabemos cómo suena. Tuve la oportunidad de hacer Tucumán y La Raquela completas, de Felipe Boero, además de Lin Calel, que fue una verdadera revelación no sólo para los que la hicimos sino para el público, que se encontró con una obra sumamente atractiva. Me interesa dejar el material musical en condiciones, una grabación, algo que pueda tomarse como punto de partida, aunque sea para discutirlo.” Curiosamente, para Calleja el amor por la ópera fue tardío. “Al principio, para mí, ópera, domingo a la tarde, gris y depresivo, y fútbol por la radio, era todo lo mismo. Ahora, amo la ópera pero, todavía, no puedo escuchar fútbol por la radio sin deprimirme.”

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Carlos Calleja en uno de los ensayos finales de la obra.
“Tengo una relación entrañable con la ópera argentina”, dice.
 
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