EL PAíS › ENTREVISTA AL SENADOR RUBEN MARIN

“Buenos Aires me recuerda a la UOM de los años ‘70”

El pampeano habla sobre la pelea por la coparticipación, el liderazgo del PJ y la transversalidad. “Si alguna vez caminamos por derecha y ahora lo hacemos por izquierda, eso muestra cómo es el peronismo”, asegura.

 Por Eduardo Tagliaferro

No le molesta el mote de menemista pero le parece injusto. “Soy peronista y acompañé el gobierno de Carlos Menem como también lo hice con el de Cámpora, con el de Perón y hasta con el de Isabel”, responde el pampeano Rubén Marín. Se muestra cómodo en su despacho del Senado pero reconoce que, acostumbrado a tomar decisiones ejecutivas, a veces se pierde en los largos debates parlamentarios. Espera que la pelea entre Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner no pase de los fuegos de artificios. Se identifica con Kirchner, al que no duda en nombrar como “mi Presidente”. Se le nota cierto recelo con los bonaerenses. “La provincia de Buenos Aires es como un elefante. Cada vez que mueven un pie nos hacen temblar a todos los argentinos. Eso los tendría que llevar a ser más cautelosos, más prudentes”, sostiene. Considera que la interna no repercutirá en el Congreso. Reconoce que votó en contra de la creación de las fiscalías barriales y que se abstuvo cuando se decidió la intervención a Santiago del Estero por su enemistad personal con Carlos Juárez, pero que en el resto de las ocasiones, levantó la mano “para acompañar a su gobierno”.
–¿Cómo analiza la pelea entre Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner?
–El peronismo hoy no tiene una conducción nacional. Me animaría a decir que si la tuviera sería cuestionada. Se ha federalizado tanto el peronismo, se ha aislado tanto Buenos Aires con su poder natural, que los demás nos hemos limitado a cuidar nuestro gallinero. De alguna manera con el peronismo sucede lo mismo que con la política nacional. A las restantes provincias nos agrada que nos persuadan, que nos convenzan, pero no que nos obliguen. Esperemos que se llegue a un punto de equilibrio.
–¿Cuál sería ese punto?
–Históricamente, por su magnitud, Buenos Aires siempre menoscabó a las demás provincias. Aunque sean pequeñas las fuerzas políticas de algunas provincias, uno no quiere perder la dignidad, ni tampoco entrar en peleas cuando lo deciden otros. La supremacía de Buenos Aires es total. Esto me hace acordar a la UOM en los años ‘70. En su momento ejercía un monopolio total.
–¿Y cómo se alcanzaría el equilibrio?
–Nosotros, el resto de las provincias, tenemos que acompañar al Presidente para que encuentre ese punto de equilibrio. Que Buenos Aires reciba lo que le corresponde pero no a costa del resto. Nos dolería mucho ver una pulseada política que no se corresponde con los problemas que hoy tiene el país. No podemos llevar a toda la Argentina a la angustia, por una confrontación dentro del peronismo. De última, tenemos nuestras reglamentaciones. Se resolverá por una elección interna o externa. El que gana gobierna y el que no, acompaña.
–¿Para usted, Kirchner tendría que presidir el PJ?
–Hasta hace unos días yo pensaba que Kirchner tenía que presidir el PJ. Pero su rechazo me demuestra que no lo siente. También sé que el único que hoy tiene más consenso dentro del peronismo, es él. Yo no sé quién puede dirigir el peronismo hoy. No es conveniente hacer una interna. La situación tendría que decantar. Quién del interior tiene recursos para participar de una interna partidaria. Es todo tramposo eso de elecciones libres. Si no sos de Buenos Aires o de Capital, no tenés posibilidades. Los del interior somos los que sobramos de la docena.
–¿Coincide con Eduardo Menem cuando dice que Kirchner no es peronista?
–No. No coincido para nada. Si alguna vez caminamos por derecha y ahora lo hacemos por izquierda, eso muestra cómo es el peronismo. El peronismo siempre fue así. En mi concepto, el peronismo siempre fue un partido de centro que volcó a la derecha o a izquierda, de acuerdo con el pragmatismo con el que tuvo que enfrentar cada gobierno y las circunstancias internacionales que lo rodeaban. En el actual contexto hay que gobernar con pragmatismo. No digo un pragmatismo total y permanente. Hoy hay un gendarme en el mundo que hace valer su fuerza. Esta es la realidad. Yo lo que no quiero es perder mi identidad. El peronismo puede hacer frente con quien quiera, pero debe hacerlo desde el peronismo.
–Me parece que está en contra del proyecto transversal. ¿Me equivoco?
–Del proyecto transversal, sí, de los transversales no. No me molestan los transversales, los progresistas o como quiera llamarle. Muchos hablan de la dictadura pero no la vivieron. Yo era vicegobernador en 1976. Cuando hay que levantar la mano en el Congreso lo hacemos nosotros, los transversales no lo hacen. Claro que cuando se hacen nombramientos el Gobierno los elige a ellos y está en todo su derecho. Le aclaro que no tengo ningún prejuicio, pero considero que hay que preservar la identidad del peronismo.
–¿Considera que las críticas internas que recibe Kirchner son mayores que las de otros gobernantes peronistas?
–Los peronistas no nos perdonamos nada. No creo que sean mayores. Los de mi generación tenemos que entender que hay una renovación natural que se va dando. Hay otras formas de pensar, mayor amplitud, incluso mayor que la nuestra. Nosotros nacimos con el peronismo. Las peleas en el peronismo no me extrañan. Yo he visto tantas y he participado de tantas, que no me asombro. Pero siempre el peronismo ha acompañado a su Presidente y yo lo acompaño. También creo que hemos nacido mal. Tendría que haber habido una interna partidaria. Pero bueno, eso ya es cosa del pasado. Por eso me molestan algunos dichos de Eduardo Duhalde. Yo no fabriqué esta situación interna. No me asusta que Kirchner esté en el gobierno. En algunas cosas coincido y en otras levanto la mano porque tengo que acompañar a mi Presidente.
–¿Le molesta el mote de menemista?
–No, pero me parece injusto. Yo lo apoyé a Carlos Menem, como lo apoyé a (Héctor. J.) Cámpora, a Perón, a Isabel con todo lo que la rodeaba. Yo soy peronista. Soy alguien agradecido. A los pampeanos Menem nos permitió realizar algunas cosas. Yo había trabajado en la interna para Antonio Cafiero. Le digo que trabajé más por Cafiero que por mi candidatura a gobernador. Con errores, con sus defectos, Menem nos permitió a los pampeanos tener los mismos servicios que puede encontrar en la Capital. Pudimos poner gas en toda la provincia y comenzar la construcción de un gasoducto, que todavía continúa. Los pampeanos se rompieron la cola para tener una provincia saneada, sin deuda, con un banco provincial sin déficit, sin haber logrado redescuentos del Banco Central y a pesar de ello tuvimos que pagar enormes desatinos de muchos otros que emitieron bonos, que tuvieron cuantiosos redescuentos, que transfirieron sus cajas jubilatorias. Eso también lo pagamos los pampeanos. Yo soy un agradecido.
–¿Su agradecimiento lo llevaría a encolumnarse con Menem en una futura interna?
–No. La futura interna la tendré que ver. Yo he sido solidario, he sido leal. Ahora me parece prematuro hablar de una interna. De qué partido me hablan. No hay partido. Hay tan solo referentes locales. Esto es el peronismo de hoy.
–¿Cómo analiza la discusión por la coparticipación?
–Parto de reconocer que el Gobierno hizo bien al hablar con cada provincia por separado. Es muy difícil tener una ley de coparticipación de una reunión conjunta con todas las provincias. Tal vez en este punto Kirchner haya recurrido a su experiencia personal. Tal vez haya repasado los miles de pactos fiscales que firmamos, y que dicho sea de paso, nunca se cumplió con ninguno. Creo que La Pampa está cerca de llegar a un acuerdo. Espero que los encuentros políticos permitan darle respuesta a Buenos Aires pero también al resto de las provincias. Si aquí no hay políticas de mediano plazo para fomentar el crecimiento del país, el año que viene a Buenos Aires no le va a alcanzar con 8 puntos, necesitará 16. Nadie quiere irse de su provincia si no lo mueven razones económicas. En el interior estamos un poco cansados de que Capital y Buenos Aires definanla vida de todos los argentinos. Yo no sé si no habría que dividir Buenos Aires en dos o tres regiones.

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