EL PAíS › PANORAMA POLITICO

MUNDOS

 Por J. M. Pasquini Durán

Pudo ser un entrevero de proporciones, más que por el significado mismo del tema debido a las circunstancias del contexto. En las últimas 48 horas el sofocón nubló la vista del alto mando de la Casa Rosada, a partir del jueves muy temprano, cuando la médica cubana Hilda Molina y su madre se instalaron como huéspedes en la embajada argentina en La Habana, acompañadas de la generalizada presunción de que era el primer paso para solicitar el asilo político. Ocurría justo después de que el gobierno cubano había denegado el permiso de salida a esas personas para que se encuentren con familiares, dos nietos incluidos, en Buenos Aires, pese al interés demostrado –y publicitado desde la Cancillería– por el presidente Néstor Kirchner en esa gestión. Lo peor es que el incidente sucedía en días de extrema tensión en las relaciones de la isla con Washington, mientras Cuba desplegaba ejercicios militares extraordinarios en su breve territorio, lista a demostrar cuál sería su respuesta al eventual intento de invasión norteamericana. Sabido es que esta probabilidad inflama las pasiones del “largo lagarto verde”, nombre derivado de la geografía poética, después de varias décadas de soportar el injustificado y miserable bloqueo de Estados Unidos que quiere impedir el libre ejercicio de la autodeterminación nacional.
La indignada ofuscación es una réplica por lo menos continental, ya que no es un secreto para nadie los sentimientos latinoamericanos al respecto, más allá incluso de las controvertidas opiniones de cada uno sobre la trayectoria de la gesta revolucionaria que cumplirá 47 años dentro de dos semanas. Esa misma antigüedad, por cierto, vuelve más inexplicable cada día la posición oficial de Cuba sobre la emigración de sus ciudadanos y las sanciones que aplica a las minorías de contrarios internos. En este caso, el canciller Felipe Pérez Roque explicó la restricción en los siguientes términos: “La doctora Molina renunció a su práctica, al partido y a su banca en la Asamblea Nacional por su voluntad. Después empezó a participar de manera activa en las campañas contra Cuba. Creó un Comité Independiente de Médicos Cubanos, financiado con dinero de la Sección de Intereses Norteamericanos en La Habana, que emitía informes tendenciosos y se publicaban en los periódicos de Miami. A partir de ahí se enrareció la situación. Siguió una campaña mediática y Cuba no puede sentar el precedente de que cede bajo la manipulación mediática ni puede darse el lujo de premiar el chantaje”.
Las últimas horas de tensión acosaron al presidente Kirchner cuando estaba por reunirse en Brasil con sus colegas de las naciones interesadas en la Unión Sudamericana y si alguna contrariedad no quería ni esperaba era, por un lado, una situación litigiosa con Fidel Castro y, para peor, la suspicacia regional que lo ubicara, por estupidez o malicia, en la corriente de maniobras hostiles manipuladas por los ultraconservadores imperialistas de la Casa Blanca. Una reciente congregación de intelectuales de medio centenar de países, convocada en Venezuela, explicó así el cuadro internacional: “Vivimos en una época donde la carta de la ONU no es respetada; la legalidad internacional ha sido quebrada y quedan abolidos principios como el de la no intervención en los asuntos internos de los estados y el propio concepto de soberanía [...] La invasión y devastación de Irak, las amenazas contra otras naciones del Oriente Medio, el martirio del pueblo palestino, las intervenciones de las grandes potencias en Africa revelan la decisión de imponer a sangre y fuego un orden basado en la fuerza” (En defensa de la humanidad,
Caracas, 1-5 de diciembre de 2004).
Con este enredado mapa de dificultades a la vista, las decisiones en política internacional de un país en desarrollo requieren de idoneidad, sentido de equilibrio y mucha cintura, para usar la jerga del box, a fin de evitar callejones sin salida. La improvisación y la arrogancia son guías demasiado rústicas para internarse en el laberinto de los mundos en conflicto. El gobierno nacional no carece de audacia, a veces de osadía, para mover sus piezas. Así, esta semana desplazó al círculo más íntimo del Poder Ejecutivo, la primera dama y el jefe de Gabinete, hacia España, en una operación conectada con la voluntad de salir de la relación rutinaria y agobiante de los controles periódicos del Fondo Monetario Internacional (FMI), acreedor del país por una deuda estimada en 14.000 millones de dólares que el Presidente quisiera cancelar cuanto antes, para lo cual requiere garantes solidarios que lo acompañen en un plan de pagos a mediano plazo, sin renovación de créditos.
Es una iniciativa que revela una elevada autoestima, ya que se basa en la confianza de una colecta anual sostenida de legítimos recursos fiscales, ya que además deberá saldar los compromisos emergentes de la remodelación de la deuda externa –que ayer superó la discordia con el Banco de Nueva York– y los requerimientos de la obra pública y la acción social que deberán ser intensivas por varios años hasta reducir los índices de pobreza y exclusión que hoy siguen afectando en promedio a uno de cada dos argentinos, una barbaridad que intoxica a la república y desestabiliza a la famosa gobernabilidad. Aunque las movidas del gobierno pueden ser estimadas de diverso modo por su propio valor, es indudable también que están salpimentadas por las presiones electorales, el año próximo por la renovación legislativa y en poco más de dos años por la presidencial.
A pesar de los reiterados compromisos de los competidores para reducir en tiempo y gasto las respectivas campañas, basta mirar el paisaje político para notar que ya comenzaron a levantar polvareda. La proclamación el martes pasado del bonaerense Felipe Solá de su propia aglomeración movimientista, por ahora una suerte de neoduhaldismo reciclado, reconoció en el discurso fundacional la urgencia de disputar la calle para ocupar espacios de cabecera en el movimiento social y ganarse así la adhesión de los futuros votantes. El previo “Encuentro nacional por la soberanía popular y por un nuevo proyecto de nación” que propone un programa de diez puntos, con los diputados Miguel Bonasso y Luis D’Elía, entre otros, a la cabeza, lo mismo que el encuentro rosarino del pasado 27 de noviembre, que reunió a los habituales contertulios de la multisectorial donde la CTA y la Federación Agraria conviven con la Asociación de Bancos Nacionales, Apyme y algunas colectividades partidarias de la izquierda, forman parte de esos caravanas iniciales hacia las urnas, a lo que habría que agregar el renovado acuerdo de Frente Unido (PC y MST) y la proclamación de candidatos trotskistas.
Salvo estos últimos, los otros se ubican en distintos lugares, pero coinciden en la solidaridad con el presidente Kirchner. En la vereda opuesta, los observadores que siguen de cerca las actividades del ARI suelen anotar que los esfuerzos de Elisa Carrió para demostrar que el gobierno actual es tan corrupto como el menemato están dirigidos, sobre todo, a cazar votos dispersos, ya que las encuestas siguen indicando elevados índices de popularidad para el Presidente. Para la democracia y para el propio gobierno, aunque le resulte incómodo, sería mejor que se alzara una oposición seria y confiable, tanto para la derecha como para la izquierda, dispuesta a contribuir a la superación de las miserias del país y para evitar las zozobras de la nave nacional en los tempestuosos mundos que hoy confrontan en el planeta. Si esa disposición es sustituida por la intolerancia suceden episodios tan lamentables como la clausura judicial de la exposición de León Ferrari, una triste victoria del pensamiento tribal que afrenta a la cultura civilizada de la convivencia en pluralidad.
A pesar de los avances conseguidos gracias a la libertad desde que terminaron los años de plomo, aún las proporciones de mezquino dogmatismoo de miopía cultural nubla la visión de las luces y sombras del apasionante siglo XXI. Así, por ejemplo, la depredación del hábitat humano es un asunto que debería ganar la consideración de todos, sin excepción, sobre todo en las zonas más débiles, pero esto no sucede. El teólogo Leonardo Boff, con una mirada más clara, pudo ver esto: “El consorcio de intereses relacionados con madera, ganado bovino y producción de granos, avanza Amazonia adentro, provocando una deforestación jamás vista antes. Solamente entre agosto de 2002 y agosto de 2003 se deforestaron y quemaron 23.750 kilómetros cuadrados. Como consecuencia de esto, junto a otros factores, Brasil emite anualmente 200 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, tanto como lo que el Primer Mundo se dispone a disminuir”. El escaso interés mediático y, en consecuencia, público, por las deliberaciones en esta capital de la conferencia mundial por la protección del medio ambiente, comparado con el escándalo en esos mismos medios por las vicisitudes de la doctora Molina y el espacio concedido a sus familiares, que no mereció ningún especialista en depredaciones ambientales, muestra hasta qué punto están distorsionados los lentes con que se observa la realidad de estos días. La misma impresión deja el repaso de las proclamas, programas y discursos de los que se presentan para competir por la dirección del estado de derecho, sin hablar del trabajo legislativo de estos días, con resoluciones como la que recolocó en el calendario el Día del Padre. Al establecer parámetros comparativos con las tragedias contemporáneas, se puede advertir la verdadera dimensión de los que pretenden elaborar las agendas de la vida argentina.

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Un policía cubano frente a la Embajada Argentina en La Habana.
 
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