EL PAíS › UN ABRAZO DE PUBLICO Y ARTISTAS AL RECOLETA

Justo el día de los 30.000

 Por Mariano Blejman

A veces la historia juega con los números: justo ayer tenía que ser. Justo ayer que el patio interno del Centro Cultural Recoleta estaba atestado de gente, que estaban las Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora), que estaban los artistas plásticos, que llegaron de la agrupación H.I.J.O.S, que estaban también los de la CHA, y una larguísima cola que no se desarmó en ningún momento, la retrospectiva de León Ferrari llegaba a un número de visitantes que no deja de ser simbólico. El relojito del cuentaganados de los empleados de seguridad marcaba 30.000 visitantes en exactos diez días, desde la inauguración. Y un grupo nutrido se quedó con la ñata contra el vidrio cuando a las 20 se cerró el Centro, vaya uno a saber hasta cuándo, al grito de “Bergoglio, basura/censura es dictadura”. El rápido abrazo (con aplauso sostenido) de la comunidad artística se hizo sentir hasta la iglesia del Pilar. Y se volvió a convocar un “abrazo” para el domingo a las 18 en Recoleta.
No hubo rezos ayer en la puerta, ni hubo agrupaciones neonazis rompiendo obras de arte, ni diatribas enfervorizadas acusando a la “blasfemia”. La Justicia había sido iluminada gracias a la jueza Elena Liberatori (quien corre el riesgo de ser una nueva Barubudubudía, esa que alguna vez censuró a Tato Bores) y con la instrucción de la Procuraduría porteña, al hacer lugar a una medida cautelar presentada por una agrupación católica Cristo Sacerdote. Alguien recordaba ayer, a la sombra de una tarde tórrida, en los pasillos del Recoleta, esa canción de Silvio Rodríguez Sueño con serpientes. “Esto es como lo de la serpiente –decía uno–, la mato y aparece una mayor. Mientras más quieran ocultarla, más grande será la muestra, más gente querrá verla”.
Los que lograron entrar a la muestra intentaban comprender desde temprano qué sucedía en la puerta de la Sala Cronopios, cuando una horda de cámaras de televisión llegó a pasar una siesta donde nada pasaba todavía. La comunidad televisiva se daba cita en el lugar: la censura era inminente, sólo había que esperar. Lo único que había era un cable difuso con un nombre de jueza demasiado obvio: Liberatori era la encargada de encarcelar la obra. “¿Tan débiles se sienten, que tanto miedo le tienen al arte?” se preguntaba un tal Fabrizio Montilla al salir de la muestra. Pero esta vez no hubo imágenes de la censura. Se trató de un trámite.
Paulina Frías pensaba en voz alta “Si quieren quitarle los sponsors, que se los quiten. Pero que lo cierre una jueza es una barbaridad”. A las 18 aparecieron los artistas autoconvocados. El plástico Jorge Sarsale y también Osvaldo Jalil llegó a poner el cuerpo. “No es posible que siga la misma intolerancia”. Otra artista, Mariana de Caro, decía que apoyaba a León “porque es un lujo para todos nosotros tener a un artista así. Me angustia la situación, me llena de hartazgo”. Enriqueta Barone tiene dos hijos y un yerno desaparecido y pertenece a las Madres Línea Fundadora. Ayer estaba enfurecida con la Iglesia: “En la época de la dictadura, se llamó a silencio. Lo que se torturaba eran los cuerpos de nuestros hijos, no eran obras de arte. ¡Eran cuerpos! Sin embargo, no dijeron nada”, decía Barone. El psicoanalista Hugo Freda, residente en Francia, reflexionaba: “En el mundo actual, el discurso religioso parece intocable”.
La artista plástica Lili Esses estaba furiosa también con la DAIA. “Hace unos días la B’naith Brith nos pidió obras, que donamos para que ellos junten alimentos. Ahora dicen que se sienten ofendidos con el arte”, decía. Los ánimos llegaron a su clímax a las 18.40 cuando los artistas comenzaron a aplaudir al grito de “Libertad de expresión”. Durante varios minutos hubo aplausos sostenidos, gritos de “No a la Censura”, “Olé, olé, olé, León, León”, “Bergoglio, basura, censura es dictadura”, “Esto es arte, la hostia a otra parte”, y cosas así. Sobre las 20, cuando la muestra tuvo que cerrar –en su horario de cierre habitual– la tensión volvió a subir. En un costado había un cartelito con tres figuras:Giordano Bruno, Galileo Galilei, León Ferrari. La Justicia tiene sus tiempos. La historia también.

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