EL PAíS › DICEN QUE LA BANDA TENIA SU PROPIA GENTE DE SEGURIDAD

Los ex empleados quieren declarar

Una semana antes tuvieron que apagar el fuego con vasos de agua porque las mangueras no funcionaban. El 30 había 6000 personas.

 Por Alejandra Dandan

“Los matafuegos que nos pasaban estaban descargados, y tuvimos que apagar el fuego con vasos de agua.” Página/12 publicó en su edición de ayer la primera parte de los testimonios de un pequeño núcleo de víctimas de la tragedia, la de los ex empleados de la disco de Once. Hoy, mientras le piden una reunión al jefe de Gobierno porteño y al presidente Néstor Kirchner y esperan una citación judicial para declarar como testigos, revelan detalles del primer sofocón de fuego en diciembre, una semana antes de la tragedia. Hablan de las condiciones de la seguridad, de las bengalas, de la custodia y de la organización de la noche del último show: “Callejeros tenía su propia gente de seguridad”.
El hermano de Chabán se lo había dicho varias veces: “No pongas la dirección de Cromañón”. Damián Albornoz no le hizo caso, cuando sacó la libreta sanitaria el 16 de julio de 2004 escribió “mozo mostrador” de República Cromañón. “Si quieren saber si él era o no un jefe, vayan a ver la libreta sanitaria –dice ahora–: los papeles están firmados por Yamil Chabán.” El mismo que les pagaba 30 pesos después de cada función. Y el que fue concejal de San Martín, les pedía que no pongan la dirección del boliche “porque no quería las inspecciones”.
Sentados en rueda, y todavía sin poder salir del espanto, tres de los ex empleados de la disco de Omar Chabán –de unos 25 años de edad en promedio– revisan las noches de Cromañón. En especial lo que para ellos fue el último gran llamado de atención: la noche del show de La 25, la banda que tocó el 25 de diciembre en la disco cuando se desató otro incendio.
“Me pasaron tres matafuegos para apagarlo, los tres estaban vencidos”, dice en este caso Luciano Otrola, habitual custodio del boliche que esa noche cumplió el papel de bombero voluntario y en emergencia. Según el testimonio de los ex empleados, el fuego se desató exactamente en el mismo lugar que el día 30. A unos metros de la barra central, en línea recta al escenario.
Intentaron sofocarlo con la única manguera que había, una manguera contra incendios “pinchada, que no estaba colocada en el lugar”, explican. El lugar estaba repleto. Del “techo caían gotas de plástico quemado, ¿sabe cómo terminamos apagando el fuego?”, pregunta Luciano. “Con los vasos grandes de los bares”. Con un pasamanos humano, los de la barra cargaban los vasos más grandes con agua, los pasaban y los últimos la tiraban.
La cadena de agua ese día terminó cuando Chabán les ordenó que “¡Con agua no!”, dicen. Llegó con un matafuego que sí funcionaba, y terminó con el fuego, pero no con el show: “El 25 tampoco se suspendió el recital después del incendio”, dice Ana Sandoval, comodín del boliche, y una de los cuatro empleados de mantenimiento. De acuerdo con los jóvenes, la seguridad sacó a los más afectados “para que tomaran algo de aire”. Cuando estuvieron mejor, entraron de nuevo. Y el show, esa vez, continuó.
Un episodio semejante, pero de escala menor, ocurrió el 1º de mayo del año pasado durante una presentación de Jóvenes Pordioseros. El pequeño foco de incendio, esa vez, habría ocurrido cerca del escenario.
Por los resultados, Cromañón no estaba preparada para la emergencia. En la disco, por ejemplo, había cinco bocas de salida de agua contra incendios: dos arriba, dos abajo y una en el hall de entrada. Según los ex empleados, ninguna tenía las mangueras colocadas. Había una sola manguera, la que estaba pinchada, y otra recién comprada “corta, de 15 metros, que no alcanzaba para nada”, dice el barman. Los extractores de aire, sostienen, eran cinco: dos en la zona de la barra, otros dos en el escenario y el del medio “que lo cerraron con ladrillos”.
Desde el incendio en Cromañón, quedaron varios puntos oscuros, entre otros, el de las bengalas que habrían funcionado como detonante. Hubo versiones que indicaron que se vendían adentro. Los ex empleados dicen que no. Ana se encargó de quitárselas a los que entraron el 26 de diciembre alboliche, un día después del primer incendio. “Como el día anterior les faltaba personal para controlar a las mujeres, me pusieron a mí: tenía una cola de dos mil minas para revisar”, cuenta. Encontró y secuestro petardos que las chicas llevaban en un bolso y, según detalla, hasta escondidas en las medias. Como responsables del lugar, pueden controlar a una parte de los ingresos Pero, dicen, no podían ejercer ese control dentro del boliche. Quieren aclarar que las bengalas muchas veces las traían y repartían los de las bandas: “Como las banderas en las canchas de fútbol –dice Ana–, es bueno para ellos que los pibes los reciban con bengalas”. Con los sistemas de seguridad y custodios sucedía algo parecido. Como sucedió una semana después con Callejeros, La 25 tenía gente propia para controlar el vallado y la puerta. Era una de las dos opciones que Chabán les ofrecía a las bandas: o él ponía la seguridad y se las cobraba; o lo hacían los músicos y en ese caso, él ponía un reducido plus de custodios “en la barra y en el vip para seguridad de sus propios empleados”, dice Luciano, de la seguridad.
Dicen que el 25 faltó la gente de La 25, por las Fiestas. El 30, en cambio, la seguridad de Callejeros “controlaba la puerta, vallados y la escalera del sector vip”, explican. Chabán, por su lado, repitió el esquema de “baño y barra para cuidar a los empleados del boliche”. Pero nada de eso alcanzó.
Poco antes del incendio, los barman tardaban 20 minutos para recorrer la distancia entre dos barras. Las 3500 entradas de la venta anticipada se habían agotado. En la puerta, seguían las ventas. Y calculan que había unas 6000 personas cuandos e inició el fuego. Damián llevaba vendidos 20 cajones de cerveza “y Callejeros recién salía a tocar”, dice. Ese día lo habían citado a las 18.30, pero llego una hora más tarde. “Y lo de siempre –dice– a armar la barra: los tragos, el Gancia, fernet y vodka”. De las seis barras, funcionaban sólo tres. Las dos del escenario estaban clausuradas, la del vip no se abrió. De pronto observó que Yamil Chabán salía corriendo, “y pensé que se estaba agarrando a piñas”. Pero no. Cuando se dio vuelta, se encontró con el fuego.

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El 30, la seguridad de Callejeros “controlaba la puerta, vallados y la escalera del sector vip”, dicen.
 
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