EL PAíS › COMIENZA MAÑANA EN MADRID EL JUICIO ORAL POR GENOCIDIO CONTRA ADOLFO SCILINGO

“Se trata de una enseñanza para el mundo”

El abogado Carlos Slepoy se refiere al proceso contra el ex marino, que no será sólo que por primera vez un militar argentino es enjuiciado, en presencia, en el extranjero. Mostrará la cooperación de dos países para investigar delitos de lesa humanidad.

 Por Victoria Ginzberg

“Llegamos a un punto en el que es indiferenciable el adentro del afuera. Esta ya es una causa común, universal”, asegura el abogado argentino Carlos Slepoy, impulsor del juicio por genocidio y terrorismo que llevó adelante el juez Baltasar Garzón. Esta investigación se volcará a partir de mañana en un proceso oral que tres jueces de la Audiencia Nacional española realizarán contra Adolfo Scilingo, quien confesó su participación en los “vuelos de la muerte” y después se arrepintió de haberse arrepentido. Se trata de la primera posibilidad de que exista una condena por genocidio sobre lo que ocurrió en Argentina durante la última dictadura. Pero Slepoy destaca que será más que el primer proceso en el que un militar argentino será juzgado, estando presente, por otro país. Para él se han borrado las fronteras jurídicas, ya que una buena parte de las audiencias se realizarán desde Argentina por videoconferencias supervisadas por el juez Claudio Bonadío. “Se ha roto la idea de que es un tribunal extranjero, hay concertación y concurrencia de las jurisdicciones”, señala Slepoy.
–¿Cuál es el objetivo del juicio?
–En relación con Scilingo se trata no sólo de acreditar los hechos en los que participó directamente, como dos vuelos de la muerte, con treinta personas lanzadas vivas al mar, o su participación en un secuestro como conductor del vehículo, que son hechos cometidos por él. Además se le imputa responsabilidad en todos los hechos sucedidos en la Escuela de Mecánica de la Armada mientras estuvo allí, de diciembre de 1976 a diciembre de 1977.
–¿Es posible hacer una imputación tan general?
–No es tan general porque es su participación necesaria por el rol que ocupaba, era jefe de Automotores y Electricidad, en el acondicionamiento y arreglo de coches con los que se secuestraba a la gente. Aparte hay muchos testigos de la ESMA que pueden describir cómo funcionaba ese centro clandestino y luego una cantidad muy importante de testigos para demostrar que lo que ocurrió en la ESMA no era un hecho aislado sino que era producto de un plan concertado y premeditado, en el cual se habían establecido una serie de pautas para cometer este tipo de crímenes, que no surgen en forma circunstancial ni sectorialmente sino que hay una organización en todo el país destinada a la represión clandestina, a la instalación de centros clandestinos, a la desaparición de personas. ¿Para qué? Con el objetivo de ratificar en el juicio oral la existencia de un genocidio en Argentina.
–¿Qué puede pasar con la huelga de hambre de Scilingo?
–Creo que el propósito de la huelga es victimizarse aún más, crear la sensación de que es objeto de una gran injusticia. Por otra parte, puede pensar que si el juicio se tiene que suspender puede cumplir el período máximo de prisión provisional. A fines de abril cumple cuatro años en prisión y esto significa que si no hay sentencia antes, debe ser dejado en libertad provisional, con control, pero no puede permanecer más en la cárcel. Quizás piense que esto va a ser así. Sin embargo, la ley prevé muy claramente que cuando el alargamiento de la prisión provisional se debe a actitudes imputables a la persona que está siendo acusada, no se tendrá en cuenta. La huelga, si él no estuviera en condiciones de declarar, lo que no parece, eventualmente podría dar lugar a la suspensión del juicio, pero éste se celebraría más delante.
–Además de la huelga ¿cuál fue la actitud de Scilingo en relación con el juicio?
–A partir del momento en que ve caer sobre él el peso de la Justicia revierte absolutamente su testimonio y empieza a decir que todo lo que dijo era mentira. Establece diversas explicaciones de por qué habría mentido, por ejemplo, que quiso favorecer a los familiares de desaparecidos porque le daban mucha pena y que la única forma de hacerse creíble era inculpándose. Otra es que lo engañaron. Otra que le pagaron para hacer las diversas cosas que hizo, como el libro que él mismo escribió. El no tiene su gran reacción cuando es detenido por primera vez, sino, paradójicamente, cuando se lo deja en libertad. Ahí él va a decirle a Garzón que, como no podía salir de España porque tenía retenido el pasaporte, necesitaba que lo sostuviera el Estado español. Garzón le dice que no va a ser así. El insiste que no tiene cómo vivir, que quiere traer a su familia. Garzón le dice que se ponga a trabajar y él le dice que no fue a España a trabajar. Sale de ahí y se convierte en enemigo feroz del procedimiento. Después, hay una serie de vicisitudes por las cuales vuelve a prisión, producto de una acción que ejerce ante el Tribunal Constitucional, que declara ilegal la medida de retirarle el pasaporte y la única alternativa que queda es detenerlo. A partir de ese momento, y por eso ha tardado tanto el enjuiciamiento, él interpone múltiples recursos, recusaciones de jueces, buscando la dilatación del procedimiento. Y planteándose como una víctima de esa historia.
–¿La estrategia de Scilingo es desdecirse de todo lo que dijo?
–Hasta ahora es así. El puede no declarar pero no lo favorecería porque tiene hechas declaraciones ante el juez de instrucción. Puede aceptar los hechos que son incontestables, por ejemplo, que estuvo en la ESMA. Nosotros tenemos un certificado de la Armada que habla que estuvo en la ESMA. El va a querer decir que a pesar de haber estado en la ESMA no tuvo nada que ver. Pero tiene dificultades objetivas.
–¿Hay una dificultad por el hecho de que los sobrevivientes no lo hayan visto?
–Tenemos que partir de que en este tipo de represión clandestina se intenta ocultar el cuerpo del delito y no dejar ninguna seña. El hecho de que ellos dijeran “no vamos a fusilar porque si no va a haber un escándalo y el Papa se va a quejar y lo que vamos a hacer es hacer desaparecer a las personas”, significa que es un modo de represión que busca la eliminación de pruebas y de la prueba principal que es el cuerpo de la persona. Con esta base y sin perjuicio de que otros represores sí son conocidos por sobrevivientes, el hecho de que él no sea conocido debe ser tenido en cuenta dentro del contexto de que las personas que fueron sus víctimas no pueden reconocerlo porque no están. Es imposible que sea reconocido por las personas que tiró al mar. Están sus confesiones que han sido muy coherentes, muy lógicas. Los testimonios tendrán que ser importantes pero hay prueba documental que es producto de su propio aporte durante bastante tiempo. Y los hechos objetivos como son las certificaciones de que él estuvo ahí.
–¿Cuál es la importancia del juicio más allá de la condena puntual contra Scilingo?
–Hay dos cosas fundamentales. Por primera vez está la posibilidad de que haya una sentencia en relación con lo que ocurrió en Argentina y hable del genocidio. Esto puede servir para destrabar esa calificación jurídica en Argentina. Hasta ahora no se asumió en ningún procedimiento, salvo en uno en Santa Fe, porque deriva de un pedido de detención de Garzón.
–En Argentina no está tipificado el delito de genocidio, ¿se puede abrir igual ese tipo de procesos?
–Esa es una gran falacia. Cuando se constituyeron los tribunales especiales para Yugoslavia y Ruanda se estableció que se aplicarían las figuras correspondientes –crímenes contra la humanidad, genocidio– y que luego las penas serían las previstas para los delitos individualmente considerados, es decir el asesinato o a la violación o el secuestro.
–¿Y cuál es la otra cosa fundamental?
–Es la situación inédita de la colaboración judicial. Acá se da una situación muy particular, que es la de prestar las salas judiciales para que se haga esta prueba y que lo hacen los tribunales del país donde se cometió el crimen. Es una enseñanza para el mundo. Pone de manifiesto que se ha llegado a un punto en el que es indiferenciable el adentro delafuera y que esta es una causa común, universal, en la cual hay una concertación para perseguir este tipo de delitos. Además, la mayoría de los testigos son argentinos, lo que demuestra que este procedimiento ha sido creado por argentinos. Ahora tanto la actitud del gobierno como la de los jueces se traduce en esta idea que siempre hemos sostenido: que dada la impunidad en que suelen quedar estos crímenes, lo que debe fomentarse es la concurrencia de jurisdicciones de distintos lugares del mundo para hacer efectiva la persecución. De tal modo que quienes cometen estos crímenes no tengan la posibilidad de transitar libremente por el mundo y que no se creen las condiciones para que el país donde cometieron esos crímenes sea su refugio.

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Carlos Slepoy es abogado de la Asociación Argentina Pro Derechos Humanos de Madrid.
 
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