EL PAíS › DE FORT LAUDERDALE A BARRACAS Y MERLO

El arreglo

En Fort Lauderdale, Bielsa contribuyó a frustrar el proyecto intervencionista de Estados Unidos, lo cual motivó la gratitud de Venezuela. También pidió reabrir la discusión sobre la banca de Cuba en la OEA. De regreso, Kirchner le anunció que de ahora en más lo suyo será Barracas. Duhalde le recomendó que no aceptara ser candidato, como parte de su confrontación con Kirchner, a quien espera sentar frente a una mesa el 19 de junio en Asunción. El arreglo en la provincia sería contaminante. Caritas.

 Por Horacio Verbitsky

El Canciller argentino no gana para sustos. Durante un almuerzo con varios colegas en Fort Lauderdale, Condoleezza Rice le dijo en tono irónico: “¿Sostienen que los problemas en la región los arreglan ustedes? Bueno, arréglenlos”. Culminaba la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, en la que la ministra de relaciones exteriores de Estados Unidos no consiguió que se aprobara la propuesta de declaración elaborada por su país y una vez más se incendiaba Bolivia. De regreso a Buenos Aires, Rafael Bielsa tuvo que encargarse de salvar lo que se pudiera de las ruinas humeantes de la institucionalidad boliviana y, como si fuera poco, Néstor Kirchner le planteó por primera vez lo que el país político sabe desde hace meses: será el candidato cabeza de lista en la Capital Federal.

Las cartas cambiadas:

El canciller boliviano Juan Ignacio Siles hizo saber que su país no quería la intervención de la OEA y, menos que menos, la de su Secretario General, el ex ministro chileno José Miguel Insulza, a quien se lo dijo en primera persona y frente a frente. El texto presentado por el país anfitrión consagraba una hipertrofia de la Secretaría General en detrimento del Consejo Permanente que integran todos los embajadores; relegaba a un borroso segundo plano la Carta de la OEA, que exalta el principio de no intervención, y privilegiaba la carta democrática, sobre la cual Washington imagina fundar su neointervencionismo. La declaración alternativa que redactó el embajador argentino Rodolfo Gil y que concitó el inmediato apoyo de Brasil y Uruguay, también fue seguida por Venezuela y México y terminó aprobándose por consenso. Su primer considerando ratifica los “principios, derechos y deberes de la Carta de la OEA”, entre ellos el de no intervención en asuntos internos de los Estados miembros; el respeto a la soberanía e independencia; el derecho de cada Estado “a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y social, y a organizarse en la forma que más le convenga”; la “eliminación de la pobreza crítica”; la resolución pacífica de las controversias; “los derechos fundamentales de la persona humana”; la igualdad de derechos y deberes con independencia del poder de cada Estado y el desarrollo y un orden económico y social justo.
Recién después de esa enumeración, se menciona la Carta Democrática para cuya aplicación no habrá ningún órgano de monitoreo y el Secretario General no podrá soslayar al Consejo Permanente. El vicepresidente deVenezuela, José Vicente Rangel, celebró este desenlace como una victoria de Latinoamérica y su canciller, Alí Rodríguez, sostuvo que “el gobierno de George W. Bush no pudo imponer sus puntos de vista basados en sus posiciones hegemónicas”, debido a la labor de “Brasil, Argentina y Uruguay, donde se han elegido gobernantes cercanos a las posiciones y reclamos populares”. Durante un encuentro bilateral, Bielsa discutió con la señorita Rice las acusaciones estadounidenses contra Venezuela por la adquisición de 100.000 fusiles rusos. “Supongo que no pensarán que Chávez se propone entregar a las FARC de Colombia algunas de esas armas adquiridas a la luz del día, con numeración correlativa y manifiesto de embarque”, dijo. “Esas no, pero tal vez sí los fusiles que están en uso ahora”, respondió Rice. “Fusiles Mauser de 1910”, comentó Bielsa. El diálogo no daba para más. En la última sesión de la Asamblea, el Canciller argentino afirmó que debía ponerse en discusión “la silla vacía de Cuba en la OEA”. Estados Unidos prefirió no responder. A solas, un vocero del Departamento de Estado recriminó amistosamente a Bielsa el estado de las relaciones. “Con Chile son excepcionales, con Brasil muy buenas, con la Argentina buenas, con acuerdos y desacuerdos”, dijo. “Eso describe muy bien lo que queremos”, respondió el argentino. Cuando leyó en la prensa argentina que Elisa Carrió calificaba de ambigua su postura frente a Estados Unidos en Fort Lauderdale y acusaba al gobierno de volver a las “relaciones carnales”, Bielsa sintió que, ahora sí, era el candidato oficialista en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires un distrito en el que, según se observa, todo vale.

Marche un Marshall:

Ante la nueva emergencia en Bolivia, Brasil y la Argentina volvieron a asumir un rol componedor, esta vez junto con las Naciones Unidas. Al asesor de Lula, Marco Aurelio García, lo acompañó el ex vicecanciller alfonsinista Raúl Alconada Sempé. El avión privado en el que viajaban aterrizó en Sucre pero el aeropuerto estaba tomado y no pudieron descender. Siguieron entonces hasta Santa Cruz de la Sierra. El renunciante presidente Carlos Mesa les pidió apoyo para una fórmula que incluía el cierre del Congreso por 90 días, plazo en el que se convocaría a elecciones generales, como única alternativa para evitar una lucha sangrienta. Kirchner y Lula rechazaron ese esquema. El acuerdo posterior, por el que asumió durante 180 días el presidente de la Corte Suprema de Justicia, satisfizo a todas las partes y bajó la tensión. Pero es ilusorio pensar que una crisis tan profunda pueda resolverse apenas con cronoterapia e ingeniería institucional.
Bielsa, quien compara las aspiraciones de Bolivia a una verdadera democracia con las de la Argentina oligárquica previa a la reforma electoral de 1912, comenzó a sondear otras alternativas, en consulta con Isaac Rudnik. Durante su misión a Bolivia, Rudnik advirtió que una de las claves de lo que sucede es que en La Paz “hay 300 conexiones de gas natural y el resto de la gente vive con garrafas, y la mayoría con leña o quemando bosta” en un país “que nada sobre petróleo y sobre gas”. Ambos analizan la hipótesis de un Plan Marshall para Bolivia que, en un lapso no superior a un año, asegure la conexión de grandes núcleos paceños a una red de gas natural. Esto implicaría a los distintos sectores de la sociedad boliviana hoy enfrentados y también al BID, al Departamento de Comercio de Estados Unidos y a empresas energéticas transnacionales. El propio Evo Morales aludió a esta hipótesis en un reportaje concedido a un diario francés. En vez de Plan Marshall lo llamó solución a la cubana: es decir, contratos de locación de obras con las multinacionales petroleras. De paso, también se allanarían los obstáculos para la provisión de gas boliviano a la Argentina, que lo necesita para cumplir las previsiones de crecimiento luego del fin de la moratoria de la deuda pública. Los acuerdos entre la Argentina y Chile para abastecerse de gas del yacimiento peruano de Camisea colocan un límite objetivo a los distintos actores sociales bolivianos, ya sean los serranos de La Paz y El Alto que, representados por Morales, exigen con toda lógica participación en los beneficios de sus recursos naturales, o los poderosos secesionistas del Oriente petrolero. Hay otras alternativa menos conciliadoras. Según un informe recibido por la Cancillería, durante los peores momentos de la crisis se detectó la presencia en Bolivia de Oliver North y John Battaglia.

Cambio de traje:

El miércoles, por primera vez, Bielsa habló con Kirchner de las elecciones de octubre. Como en los cuentos lúbricos, fue el último en enterarse de su candidatura. Los sondeos que maneja el gobierno indican una amplia ventaja de Bielsa en el centro de la ciudad, una alta imagen pero escasa intención de voto en el norte y menor imagen y pocos votos en el sur. La conclusión es que el sur debe ser el eje de la campaña, en la que Kirchner piensa involucrarse, lo mismo que su esposa. Mientras Carrió ha elegido al gobierno nacional como contendiente, Bielsa se dedicará al ex vicepresidente ejecutivo de SOCMA, Maurizio Macri, quien a su vez se concentra en el jefe de gobierno Aníbal Ibarra. A pesar de su aspecto, Macri juega más fuerte que nadie.
Un informe reservado que manejó Ibarra, involucra al abogado Fabián Bergenfeld, un íntimo amigo y compañero de estudios del juez Julio Lucini, a cargo de la causa por el incendio en República Cromañón. Lucini fue testigo en el juicio de divorcio de Bergenfeld, hijo del ex tesorero del Partido Democracia Social del ex dictador Emilio Massera. Bergenfeld fue procesado por coacción agravada por golpear a su ex esposa y estuvo detenido en Villa Devoto, hasta que la carátula cambió oportunamente a coacción simple. El objetivo de Macri, que Bergenfeld debía garantizarle a través de Lucini, era que el jefe de gobierno fuera citado a declaración indagatoria por Lucini, lo cual bastaría para acabar con él, aun cuando luego no hubiera elementos suficientes para sostener medidas procesales en su contra. Una vez conocida la relación con Lucini. Bergenfeld debió renunciar a la representación legal de algunos familiares de las víctimas. Pero esto no implica la desactivación definitiva del plan macrista. La hermana de Bergenfeld, Sandra, fue electa legisladora de la Ciudad en las listas de Macri, pero rompió luego de la interpelación a Ibarra y denunció que Macri la había presionado para que la sesión pasara a cuarto intermedio y continuara la semana siguiente, como forma de desgastar a Ibarra.
La situación del jefe de gobierno es la máxima preocupación de Bielsa. Ibarra no advierte que su vida política ha entrado en tiempo de descuento y demuestra una capacidad de iniciativa temible, que puede complicar cualquier cálculo. Ya lo hizo esta semana, al llamar a Eduardo e Hilda González de Duhalde. Los duhaldistas puros y duros que quedan todavía dicen que el ex Senador se limitó a pronunciar unas pocas frases formales sobre el respeto a las instituciones, que Ibarra se encargó de difundir. Es una versión difícil de creer, sobre todo para quienes saben que el hombre de Lomas de Zamora radicado en Montevideo también se reunió con Bielsa, a quien le aconsejó que no aceptara ser candidato en la Capital. En la elección anterior de la Capital Duhalde jugó en contra de Kirchner y estos diálogos sugieren que no ha cambiado de propósito. Sin Bielsa y con Ibarra es difícil imaginar la victoria que Kirchner se propone conseguir.

Del otro lado:

Con más del 10 por ciento del padrón nacional, la Ciudad es el segundo distrito del país. Pero con casi el 40 por ciento, la provincia de Buenos Aires es el primero. Ningún gobierno consiguió el 50 por ciento de los votos en la primera elección legislativa posterior a su comienzo. Quien más se acercó fue Raúl Alfonsín, con el 44 por ciento en 1985. Es posible que Kirchner lo supere, pero improbable que llegue a la mitad más uno. Por eso, el anunciado plebiscito se medirá en la distancia del primero al segundo. Un punto de diferencia en Capital y Buenos Aires equivale a cuarenta puntos en Neuquén. Mientras los intendentes que eran incondicionales de Duhalde siguen acudiendo a la Casa Rosada en auxilio de la victoria, el ex Senador no abandona sus últimas ilusiones. Tanto Kirchner como Duhalde dijeron que la relación entre ambos es excelente. Hay quienes lo interpretaron como la antesala del acuerdo. En realidad, Duhalde espera un milagro y Kirchner no quiere cargar con la decisión de la ruptura, que es un tabú peronista. Los dos esperarán hasta el último minuto, el 8 de julio, a la espera del error no forzado del otro. Kirchner ha decidido no recibir a Duhalde antes de esa fecha, pero el ex Senador se ilusiona con forzarlo a un diálogo en Asunción, dentro de ocho días, cuando ambos acudan a la reunión del Mercosur. La estampida de sus alcaldes deprime a Duhalde y exalta a Kirchner. Pero aunque se tapara la nariz, su presentación ante la sociedad en compañía de alhajas como Raúl Othacehé o Mario Ishi contamina cualquier discurso sobre la renovación de la política y Kirchner lo sabe. El presidente no se propone humillar a Duhalde, pero sí dejar en claro quién maneja la lapicera decisiva.

Guarismos:

Mientras el duhaldismo difunde encuestas en las cuales La Señora saldría segunda detrás de CFK, el gobierno maneja otras en las que ese lugar correspondería a Ricardo López Murphy, escenario sumamente tentador. Para aspirar a ese puesto en el podio, López Murphy anunció que aceptaría como aliado al ex subcomisario Luis Abelardo Picapiedras. En marzo otro descendiente de irlandeses, el fiscal federal de San Nicolás Juan Patricio Murray, denunció a Picapiedras ante el Juzgado Federal de Carlos Villafuerte Ruzo, por la privación ilegítima de libertad, torturas y posterior homicidio de Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereyra Rossi durante la dictadura militar. Los familiares de ambos se constituyeron como querellantes particulares, con la adhesión de las autoridades del área de Derechos Humanos de Buenos Aires, Santa Fe y la Nación. Murray solicita la reapertura de la causa en la que el ex policía fue sobreseído, con el voto, entre otros, del juez Oberdan Andrín, cuñado del presidente en ejercicio del PJ bonaerense, el duhaldista mutante José María Díaz Bancalari. Pero fue Picapiedras quien rechazó unirse con el ex ministro de Fernando de la Rúa, ya que aspira a recoger el porcentaje incierto de votos peronistas que, en el probable caso de retiro de Hilda González, no se inclinarían ni por CFK ni por RLM.
Mientras, Kirchner sigue sopesando. En un platillo hay un mayor número de votos en el cómputo nacional. En el otro, el adiós definitivo de la política argentina al vicepresidente de Carlos Menem. La opción no es indiferente.

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