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“La UCR debe reflexionar y hacer una autocrítica”

Enrique Olivera explica por qué es candidato del ARI. Dice que su participación en el gobierno nacional de Fernando de la Rúa fue “técnica” y que, desde la jefatura del Banco Nación, no tenía posibilidades de incidir en la política económica.

 Por José Natanson

Fue la gran sorpresa del cierre de listas de la oposición. El radical Enrique Olivera aceptó una oferta de Elisa Carrió y se sumó al ARI como primer candidato a legislador porteño. Con el antecedente de una gestión breve y prolija como jefe de Gobierno y una figura ligada irremediablemente a Fernando de la Rúa, Olivera enfrenta ahora la difícil tarea de compatibilizar su origen aristocrático, su militancia en los sectores más conservadores del radicalismo y sus cargos durante la gestión delarruista con el discurso de un partido que aspira a discutir con el Gobierno desde el centroizquierda. Distendido y contento por su vuelta a la política, Olivera dialogó con Página/12 sobre sus coincidencias con Carrió, su posición frente al gobierno nacional y su pasado como funcionario.
–¿Por qué aceptó el ofrecimiento?
–Por las profundas coincidencias que tenemos con Lilita, en particular la convicción de que es indispensable un encuentro moral entre los argentinos si queremos que el orden jurídico tenga ese contrapiso que existe en cualquier sociedad, que es de orden moral. Y tenemos otra coincidencia, que tiene que ver con la construcción de una nueva república. La república está en riesgo, tenemos un Poder Ejecutivo autoritario, un Poder Legislativo vaciado y un Poder Judicial en crisis. Es necesario, a partir del contrato moral, construir un contrato republicano. Hoy no hay calidad institucional, hay temas que tienen que ver con las libertades individuales, los decretos de necesidad y urgencia.
–¿Es un problema de este gobierno? Si uno mira el gobierno de Menem o el de De la Rúa...
–El gobierno de De la Rúa fue muy breve.
–Pero le alcanzó para votar superpoderes a Cavallo, firmar decretos de necesidad y urgencia para recortar salarios.
–Sí, es cierto, por eso digo que es un proceso de degradación de las instituciones, que este gobierno acentúa en algunos aspectos.
–Usted dice que tiene coincidencias con Carrió. En concreto, por ejemplo, uno de los ejes de la última campaña del ARI fue el seguro universal para la niñez. ¿Está de acuerdo con esa iniciativa?
–Sí. Los que hemos tenido más oportunidades tenemos más obligaciones con los que menos tienen. Es una coincidencia profunda que tenemos con Lilita en la lucha contra la pobreza, que tiene que darse en un contexto de construcción de una democracia en la que se expandan los derechos de los ciudadanos, superando la democracia puramente electoral. Y en esa democracia de ciudadanos es necesaria la acción eficaz de un Estado igualador, que construya un piso de ciudadanía. Eso es lo que da libertad para elegir e inmuniza contra el populismo y el clientelismo.
–Pero cuando, por ejemplo, se planteó el programa de la Alianza no se incluyó el seguro universal. Y mucho menos una vez que De la Rúa llegó al gobierno.
–Yo no trabajé en ese programa electoral. Era jefe de Gobierno de la ciudad y no tuve participación. Mi participación posterior en el gobierno fue más técnica, como titular del Banco Nación.
–Pero era el espacio donde usted estaba.
–Sí. Lo que yo digo es que no tuve posibilidad de incidir.
–El ARI nació criticando la política económica neoliberal de la Alianza y confrontando con el gobierno De la Rúa, del que usted era parte. ¿No es contradictorio?
–Mucha gente que trabajó en el gobierno de De la Rúa hoy está en otros espacios, como Rafael Bielsa, que tenía una responsabilidad mayor que la mía. Es una lista interminable. En la ciudad, la mitad de la gente apoyaba a De la Rúa como jefe de Gobierno. No veo ninguna contradicción con el hecho de que uno pueda disentir con algunas medidas de su gobierno.
–¿Usted disentía con el recorte a los sueldos de los empleados públicos, la rebaja de jubilaciones, los recortes educativos que quiso implementar López Murphy?
–Yo tenía opiniones muy diferentes en materia económica.
–Pero estaba en el Banco Nación.
–Sí, en un cargo de características técnicas. No era el encargado de la política económica.
–¿Sigue siendo amigo de De la Rúa?
–Me encontré con él hace poco en una reunión social.
–Volviendo al tema de las coincidencias con Carrió, el ARI apoyó la declaración de nulidad de las leyes de obediencia debida y punto final ¿está de acuerdo con eso?
–Es una cuestión moral que tiene que ver con la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad. Otra cosa es la armonización del orden jurídico, que es una cuestión técnica. En el plano moral, mi posición es que los delitos contra la humanidad son imprescriptibles.
–¿Comparte el fallo de la Corte que declaró la nulidad?
–Habría que analizarlo jurídicamente. Moralmente comparto la idea de imprescriptibilidad. Lo que sí me preocupa es que se utilice políticamente o que se persiga a las fuerzas armadas como institución.
–¿Coincide con la política de derechos humanos del Gobierno?
–La defensa de los derechos humanos no tiene que ser implementada políticamente. La mejor manera de defender los derechos humanos es con convicciones morales firmes.
–Pero para llevar esa defensa a la práctica se necesitan iniciativas políticas.
–Por supuesto, pero lo que no hay que hacer es utilizarlo políticamente. Apropiarse políticamente del tema es bastardear algo que no debería ser así.
–¿Eso hace el Gobierno?
–Sí.
–¿Qué opina de la política económica oficial?
–Tengo grandes coincidencias. Lo que me preocupa es que me parece imprescindible un aumento de al menos cinco puntos de la tasa de inversión. Y no hay muchas condiciones propicias para la inversión, por el discurso confrontativo permanente. Sin un encuentro moral, un orden jurídico y una mayor calidad institucional no se puede avanzar en estas condiciones.
–¿Qué opina de la renegociación de la deuda?
–Creo que el Gobierno la manejó bastante bien.
–¿Por qué no se sumó al proyecto de López Murphy?
–Tenía más coincidencias doctrinarias con Lilita. Y no se me planteó nunca la alternativa, porque la alianza con Macri disipó cualquier duda.
–¿Por qué no se quedó en el radicalismo de la Capital?
–Hoy hay más radicales afuera del partido que adentro. Una parte importante de ellos, muchos de los cuales trabajaban conmigo, están en el ARI. Y creo que van a venir más, porque algunos que votaron a López Murphy van a encontrar un límite en el acuerdo con Macri. Esto debería obligar a las autoridades del partido, que ahora son nuevas, a reflexionar profundamente y hacer una autocrítica.
–¿Qué proyectos planea impulsar si ingresa a la Legislatura?
–Hay un tema central, que me viene preocupando, que tiene que ver con mejorar la calidad de vida de la gente, mejorar la participación política y la gestión de gobierno, que es la ley de comunas y su implementación. Yo presenté un proyecto en el 2000. Es muy importante, porque la participación no sólo tiene legitimidad ética y moral, sino también gerencial. Las organizaciones horizontales, en un mundo complejo y cambiante, suelen ser más eficaces. Un ejemplo: en junio de 2000 sancioné un decreto para descentralizar el sistema de inspectores, con más transparencia y control vecinal. Los inspectores operaban desde los barrios, sometidos al control de los vecinos a través de cada CGP. Ibarra derogó ese decreto y volvió a concentrar todo el poder. Hoy no sabemos quién debía estar en Cromañón controlando.
–¿Qué opina de la gestión de Ibarra?
–Es muy floja.
–¿Qué hubiera hecho si sucedía Cromañón durante su gestión?
–Con un sistema de inspección de esas características las probabilidades hubieran sido menores, pero lo que seguro hubiera hecho es lo que hice cada vez que hubo una tragedia en Buenos Aires: estar en el lugar de los hechos. Por ejemplo, cuando cayó el avión de LAPA. Estuve allí inmediatamente, porque estaba cerca. Me hubiera sentido muy mal si no hubiera contribuido a resolver algunos de los pocos problemas que se pueden resolver en esas circunstancias.

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Enrique Olivera, radical y conservador, sorprendió como primer candidato a legislador porteño del ARI.
 
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