EL PAíS › LAS ESTRATEGIAS DE KIRCHNER Y DUHALDE

Plan de batalla

El Presidente quiere terminar con el aparato bonaerense y retirar definitivamente al viejo caudillo. El ex presidente quiere votos para condicionar a quien fuera su pupilo. La peronización de la campaña de CFK. La masa de votos de Chiche.
La avanzada después de octubre, los intendentes.

 Por María Moreno

Es curioso. Tanto Néstor Kirchner cuanto Eduardo Duhalde, contando con datos más o menos similares que les aportan sus oráculos, consideran que los resultados de la lidia electoral les serán propicios. El Presidente entiende que la victoria en la provincia de Buenas Aires será holgada, de alrededor de unos 20 puntos, o más, a favor de su candidata y esposa, la senadora Cristina Fernández; el ex presidente dice a sus lugartenientes que la diferencia a favor de CFK será de entre siete y nueve por ciento, e imagina un piso de 30 puntos favor de su candidata y esposa, Hilda “Chiche” González. Los sondeos conocidos –de los más diversos encuestadores– le dan la razón a Kirchner. No obstante, Duhalde se prepara para el día después, cuando, si los números les son favorables, condicionará las candidaturas más importantes para el 2007, empezando por la presidencial y siguiendo por la de gobernador de su comarca y las de los intendentes, señores de la guerra del conurbano. En la Casa Rosada, antagónicamente, coligen que precisamente esa fecha será la de la segunda parte de la renovación: tales intendentes también tendrán que ingresar en la nueva etapa que propone el kirchnerismo, nacida de los fragores levantiscos que la sociedad argentina expresó, a voz en cuello, en diciembre de 2001.
A la vera de la Plaza de Mayo analizan cuidadosamente cada dato que traen los varios expertos en opinión pública que trabajan para el Gobierno. Tales labores arrojan resultados coincidentes: el número mágico es –al cierre de esta edición– de aproximadamente 20 puntos porcentuales a favor de CFK en la compulsa central de este comicio, la de la provincia de Buenos Aires. Hay, sin embargo, algún que otro alto funcionario que se ilusiona con unos puntitos más. “En el ‘eje del mal’ (tal el mote como jocosamente llaman al camino que une la Capital con San Vicente y que cruza toda la tercera sección electoral, pago chico de Duhalde) nos está dando una diferencia favorable de 25 por ciento; en la primera (sección electoral), de unos 20. No está nada mal”, se solazaba una primera espada del kirchnerismo ante este reportero. El hombre, ducho en los fragores del distrito en cuestión, revela dos pasos a seguir durante los próximos días de confrontación:

- Peronizar el discurso: “Cristina ya comenzó a peronizar el discurso. Es para solidificar el voto peronista, fudamentalmente en el segundo cordón, allí donde Chiche se siente fuerte. Les estamos diciendo que aunque ellos se quedaron con el sello (del PJ), nosotros somos tanto o más peronistas que ellos. No les regalamos ese sitio”.

- Agrandar la masa votante: “Cuando esté por finalizar la campaña, vamos a hacer un discurso más abarcativo. El duhaldismo tiene una determinada una cantidad de votos, no un porcentaje. Esa masa es aproximadamente 1.600.000 sufragios. Duhalde va a tratar de que dicha masa crezca porcentualmente,ergo, que vaya a votar poca gente, más o menos un 70 por ciento del padrón. De esa manera, su millón seiscientos mil crece en porcentaje. Contrariamente, nosotros vamos a tratar de aumentar el numero de votantes, trataremos que vote el 80 por ciento. Y a eso apuntará un discurso más amplio”.
Alrededor del caudillo bonaerense las expectativas son obviamente diferentes. Los centuriones de Duhalde coinciden en que los sondeos conocidos no tienen en cuenta el “voto vergonzante” del interior de la provincia, que le daría al radicalismo una performance más favorable, oculta hasta ahora. Y, además, que el ARI podría contener muchos de los sufragios que en la presidencial de 2003 tributaron a la aceptable performance de Elisa Carrió (la líder del ARI también lo cree así). Estas dos variables juntas menguarían el caudal de votos que podría cosechar CFK entre el electorado de centroizquierda no peronista, dicen en Lomas de Zamora, donde ninguna especulación es desechada.

Qué pasará

El ex presidente se prepara para dejar en diciembre su cargo en el Mercosur. Para ese entonces, la suerte estará echada. Si, como sostiene ante los suyos y los suyos creen, obtiene el caudal de sufragios que anhela, se habrá convertido en el condicionante de la política de Kirchner de cara a 2007.
Los lugartenientes del caudillo sostienen que, convertido en líder de la tercera fuerza nacional, sentado sobre un piso de votos para nada desdeñable, Duhalde será el árbitro de la elección del candidato peronista a la presidencia de 2007. “Sin nosotros, no se ganará el ballottage”, susurran los estrategas del hombre de Lomas. Obviamente, la misma lógica se impone para la elección del gobernador bonaerense y de los intendentes. “Y Kirchner, si quiere gobernar con una calma relativa los dos años que le restan, si necesita sacar leyes del Parlamento, e incluso presentarse a la reelección, deberá cambiar”, amenazan.
El Parlamento es un centro crucial del enfrentamiento. En la semana que termina hoy, el duhaldismo dio una muestra de lo que podría sobrevenir si el saliese bien parado de la compulsa electoral: se conformó el bloque “Peronista Federal” en la Cámara de Diputados, donde las huestes del caudillo suman casi 30 voluntades, y amagó con votar una interpelación al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, que había pedido el socialismo y había apoyado la UCR. Fue el botón de muestra. “No está dicho que (Eduardo) Camaño deje de ser el presidente de Cámara. Hay que esperar a ver cómo salen las elecciones”, dicen al lado del ex presidente. Camaño se ha erigido en el principal censor del discurso de campaña del Presidente y de su mujer, una de las voces más belicosas del duhaldismo.
Lejos de estos aprestos guerreros, en la Casa Rosada hacen otros, diferentes, aprestos guerreros. El Presidente confía, tal como se ha dicho, en un triunfo cómodo, pero sostiene que si la diferencia entre CFK y Chiche fuese de “tan sólo” diez puntos porcentuales, sería suficiente para ponerle fin al duhaldismo, el inicio de la desaparición de aquel temible aparato. “Quien no se dé cuenta de esto, no entiende al peronismo”, dice Kirchner en la intimidad.
Algunos de sus laderos mueven la mesa de arena pensando en el día después del 23 de octubre. “Ellos (los duhaldistas) no deberían hacerse ilusiones sobre el sello del partido y los símbolos de la liturgia. No pasará mucho tiempo después de las elecciones para que le hagamos un congreso partidario y recuperemos el PJ para nosotros; descuéntelo”, apostó una primer espada del Presidente ante Página/12.

Alcaldes en la mira

En su despacho del primer piso de la Rosada, un pingüino de pedigree ensayaba: “Vamos a ganar muy bien, creo que con el 40 por ciento en todo el país. Será un gran triunfo, necesario para profundizar el cambio. El resto (del cambio) se continuará en 2007: lo nuevo se hace a partir de lo viejo”. El intertexto, una mezcla mal terminada de citas de Tocqueville y Gramsci, introdujo a la discusión abierta respecto de algunos acompañamientos que el Presidente ha conseguido para acometer su empresa antiduhaldista en al provincia. La mira está puesta en varios intendentes, inestables en sus lealtades, poco sinérgicos con los postulados de la “nueva política”.
Un kirchnerista que hace tiempo anda de cacería en la pampa húmeda contribuye al relato iniciado por su par, citado anteriormente. El hombre acomete historiando: “En estos dos años, hemos contenido a los muchachos que están descontentos con las conducciones de algunas provincias y muchos municipios. Hablo de provincias con problemas gravísimos, como los tuvo San Luis en su momento. En ese caso, si hubiésemos querido las cosas se habrían puesto peor, pero jugamos un papel de contención, pusimos un freno en el fervor de muchos compañeros y mantuvimos la institucionalidad. Lo mismo hicimos en otros lados, en muchos municipios de la provincia de Buenos Aires”. El funcionario hace un respiro, frunce el ceño, y remata su historia: “Después de octubre, no vamos a incitar a nadie, pero vamos a quitar el bozal. Debe haber una expresión distinta, debe darse el debate y la puja política para renovar la dirigencia y, por tanto, las intendencias. Hay intendentes que llevan 8, 12, 16 años o más. Ha llegado el momento de renovar. 2007 es el momento”. El dirigente no se queda sólo en la construcción del escenario. Desgrana un discurso que, por momentos, y sin perder la compostura, se asemeja a una amenaza. “Hay intendentes inteligentes que han dejado de motu proprio esos sitios o están dispuestos a hacerlo. No está mal. Hay otros que saben que les puede saltar algún quilombo. Y los vientos son de cambio”, finaliza.

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