EL PAíS › GASTON Y CLAUDIO, LOS HIJOS DE GASTON CONÇALVES

“Lo único que buscamos es esclarecer qué pasó con nuestro padre”

Hace diez años no se conocían. Claudio vivió con otra identidad hasta que fue recuperado, en 1995. Hoy, juntos, quieren saber qué pasó con su padre y que los responsables de su secuestro y asesinato vayan a la cárcel. Entre ellos está Luis Patti. La historia de búsqueda y encuentro que originó el pedido de captura del ex subcomisario.

 Por Victoria Ginzberg

La primera vez que los hijos de Gastón Gonçalves escucharon hablar de Luis Patti fue por un comentario de su abuela Matilde. Ella les dijo que, durante una marcha, una persona que vivía en la zona de Escobar se le acercó y le aseguró: “A Gastón lo mató Patti”. Con el tiempo, a este primer indicio se sumaron nuevos testimonios y pruebas judiciales que ahora alcanzan para arrestar al ex subcomisario. No lo dicen sólo ellos o sus abogadas: el fiscal de San Nicolás opina igual. El candidato del Paufe, por su parte, intenta llevar las acusaciones en su contra al terreno de la campaña electoral. Pero para Gastón (hijo) y Claudio se trata de hacer justicia. “Lo único que estamos buscando es esclarecer qué pasó con nuestro padre y que las consecuencias sean del que las merezca. Lo ideal sería poder volver a confiar en la Justicia”, dice Gastón, bajista de Los Pericos.
Los hermanos Gonçalves están sentados en un par de banquitos bajos, casi a ras del piso, alrededor de una mesa al mismo nivel. Es la cocina de una casa a medio reciclar del barrio de La Paternal, donde vive el músico. Cuesta creer que hace diez años no se conocían.
Gastón nació en 1969 y creció sin saber que tenía un medio hermano. El secreto se le escapó a su tía cuando él tenía ya veinte años: seis antes de que pudieran encontrar a Claudio, que en realidad se llamaba Manuel.
Claudio siempre supo que era adoptado, pero recién a fines de 1995 se enteró de que sus padres eran desaparecidos. El Equipo Argentino de Antropología Forense había identificado los restos de su madre y, siguiendo las pistas de un expediente policial, dio con él, a quien un juez había entregado a un matrimonio de apellido Novoa. Hoy, ambos intentan reconstruir la historia de su padre y de la mamá de Claudio, Ana María del Carmen Granada, también asesinada durante la última dictadura. Hace un año iniciaron una querella y hace quince días, después de escuchar testigos y analizar pruebas, el fiscal de San Nicolás, Juan Murray, reclamó la detención de seis personas entre las que está Patti.
La campaña electoral y la alianza del ex subcomisario con Hilda “Chiche” Duhalde amplificaron las repercusiones del caso y le sirvieron al acusado más célebre de la causa para hablar de una persecución por parte del gobierno nacional y provincial, pero a los hermanos Gonçalves no les importa. “Nosotros a los políticos, como el resto del país, lo que hacemos es sufrirlos. Si entre ellos se quieren sacar los ojos, es el juego que eligieron ellos. Esto no tiene nada que ver, esto es simplemente terminar con la historia pendiente de nuestro viejo y bastante tiempo esperamos para tener respuestas. Si recién ahora están dadas las condiciones y se pudo armar la causa, démosle hasta el final”, dice Gastón.
Gastón padre fue secuestrado el 24 de marzo de 1976 en Zárate. Dos testigos narraron ante el fiscal que estuvieron detenidos con él en un camión celular ubicado detrás de la comisaría de Escobar, donde Patti cumplía funciones de oficial subinspector. Según el relato de esta pareja, Gonçalves les dijo que había sido torturado. “No tienen que pensar que no les va a pasar nada. Lo que tienen es que estar fuertes. Es la única forma de sobrellevar esto.” Palabras más o menos, esto es lo que les dijo Gastón cuando ellos fueron llevados al camión.
El cadáver de Gonçalves y el de otras tres personas fueron dejados el 2 de abril de 1976 en el paraje “El Cazador”, en la ruta 4. Los habían fusilado y después incinerado. Veinte años más tarde, el cuerpo, que estaba enterrado en el cementerio de Escobar, fue identificado.
“Te voy a hacer matar”
Unos meses antes de su secuestro, Gonçalves y su mujer, Ana María, habían discutido con Patti a raíz de la organización de un acto en Escobar. “Ya vas a ver lo que te va a pasar. Te voy a hacer matar”, le habría dicho el policía al padre de Claudio y Gastón. “Patti era superconocido. Los compañeros de militancia de nuestro viejo dicen que en la zona se decía mucho ‘si vas a salir tené cuidado con Patti’. Era casi un chiste, pero la referencia que había de él en la zona era la de alguien que te podía hacer mal”, señala Claudio.
Ana María fue asesinada en el 19 de noviembre de 1976, cuando fuerzas conjuntas del Ejército y las policías Federal y Bonaerense ametrallaron la casa donde vivía en San Nicolás. A causa de ese operativo también murieron María del Carmen Fettolini y Omar Amestoy y sus dos hijos de seis y cuatro años. El único sobreviviente fue Claudio, a quien su mamá envolvió en unas mantas y escondió en un placard para que no se asfixiara con los gases que lanzaban los atacantes.
A partir del expediente abierto el año pasado, Claudio se enteró quién y cómo mató a su madre. El policía Carlos Alberto Azzaro confesó haberlo hecho. “Cuenta todo el episodio, se hace cargo de haberlo hecho y además imputa a otros partícipes. Cuenta que entró a la casa con una ametralladora y la mató en el piso cuando estaba en una esquina del cuarto llorando. En las pericias que hay sobre el cuerpo surge que ella puso las manos así (las levanta) como diciendo que no. Estaba desarmada y tenía 14 balazos. Eso es lo que cuenta. Primero dice que la mató con una ráfaga de ametralladora y después da los detalles”, narra Claudio, que desde hace cinco años está haciendo los trámites para recuperar el Manuel Gonçalves con el que vivió sus primeros cinco meses.
Después del operativo que recuerdan todos los vecinos de San Nicolás, Claudio –en ese entonces Manuel– fue llevado a un hospital. Estuvo internado desde noviembre de 1976 hasta febrero de 1977. Durante los tres meses tuvo a dos policías custodiando su cuarto: cada vez que entraba una enfermera, uno de ellos la acompañaba. Además, la familia de uno de los agentes que había participado del asesinato de su mamá lo iba a visitar seguido. Pero intervino un juzgado de menores y Claudio fue a parar con los Novoa, un matrimonio que le dijo que era adoptado y que no estaba relacionado con las Fuerzas Armadas: “Creo que participó un juez porque lo que pasó fue muy fuerte. Usaron granadas, armas de guerra. Todo San Nicolás sabía lo que había pasado. Salió en los diarios. Los vecinos vieron sacar los cuerpos, sabían que había tres nenes adentro y que yo salí con vida. Creo que eso marcó que no fui apropiado por alguno de ellos. Igual, el juzgado no buscó nada. Podría haber hecho alguna movida para ubicarme. Si alguien se hubiese movido y hecho algún llamado hubiese cambiado la historia de todos nosotros”.
Claudio recuperó su identidad a fines de 1995. Ya es cuasi mítica la anécdota que relata que en el momento en que se enteró de que Gastón era su hermano, tenía, además de varios de los CDs de Los Pericos, un poster de la banda en su cuarto. Y que muchas veces los dos estuvieron cerca sin saber quiénes eran. En un oportunidad, después de un recital, el hermano menor llegó hasta el camarín de Gastón, pero había tanta gente que salió en seguida.
La primera vez que se juntaron estuvieron hablando durante ocho horas sin parar. La empatía fue instantánea y aún dura. “El encuentro es todo el tiempo. Fuimos bastante positivos en esta historia, no nos empezamos a lamentar sino a aprovechar bien el tiempo, que es lo que seguimos haciendo”, dice Claudio.
Desde que iniciaron el juicio contra los secuestradores y asesinos de su padre, los hermanos Gonçalvez se turnan para ir al juzgado a escuchar a los testigos, algo “fuerte pero necesario”. El viernes, Claudio estuvo en la audiencia en la que Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Familiares de Desaparecidos e HIJOS le reclamaron al juez Carlos Villafuerte Ruzo que efectivice las medidas que pidió el fiscal, que incluyen la detención de Patti y otros cinco represores y la apertura de otra causa que involucra al candidato del Paufe: la del asesinato de los dirigentes peronistas Eduardo Pereyra Rossi y Osvaldo Cambiaso. “Le pedimos celeridad –cuenta–. Una de las Madres le dijo ‘hace muchos años que esperamos por esto y no puntualmente sobre Patti sino por todos’. El juez dijo que iba a reforzar la investigación, pero no queremos que esto sea solo para dilatarla. Acá hay muchas pruebas firmes que sobran para hacer las detenciones, más allá de que después se siga investigando. De otra forma, qué quedaría para otros casos en los que no hay sobrevivientes. Acá hay expedientes policiales, hay testigos, hay muchas pruebas firmes. Yo le dije que compartía que él haga más cosas pero que con las que tenemos es suficiente para avanzar.”
La causa judicial también les permitió a los Gonçalves encontrarse con quienes compartieron la militancia de su padre en Escobar. Uno de los testigos lo vio a Gastón y se acordó que lo conocía de chiquito. Le dijo que lo recordaba con una camisa a cuadritos, un jardinero y un corte de pelo a lo Carlitos Balá. Gastón sacó una de las pocas fotos que tiene de su primera infancia y que ese día había llevado consigo al juzgado. Y la imagen era exactamente la misma que el hombre había descripto: “Se la mostré y se puso a llorar. Fue un flash. De esas cosas afectivas hubo mucho. Uno tiene esos agujeros y es lo que más necesitas. La realidad es que, mas allá de lo que pase con esto, nuestro viejo no va a volver a vivir. Si me decís que preferiría yo, eso es lo que quiero.”

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Gastón es bajista de Los Pericos y Claudio era seguidor de la banda antes de saber quién era su hermano.
 
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