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Una mayoría volátil y ecléctica sin garantías para el largo plazo

El kirchnerismo parlamentario tuvo que tejer alianzas impensadas para que se aprobara la prórroga a la Ley de Emergencia y el pago al FMI. Se apoyó en duhaldistas, menemistas, PRO, la UCR y provinciales.

 Por Eduardo Tagliaferro

No fue poco el esfuerzo que le demandó al kirchnerismo aprobar el jueves pasado la prórroga a la Ley de Emergencia Económica. Con apoyos impensados y cambiantes, la norma tuvo el voto mayoritario de la Cámara cuando todo parecía derrumbarse. “Lo del jueves fue un milagro”, confió a este diario un destacado parlamentario del oficialismo. La frase también da cuenta de lo efímeras que son las alianzas con las que los diputados K construyen la mayoría parlamentaria. En la aprobación del pago al Fondo Monetario los respaldos fueron variados e incluyeron a duhaldistas, menemistas, macristas, partidos provinciales y seguidores de Adolfo Rodríguez Saá. Algunos de estos sectores desistieron de seguir acompañando al Gobierno cuando se discutió la prórroga de la Emergencia. Aquí el apoyo fue de los cordobeses de Luis Juez, con excepción de Norma Morandini, de Eduardo Lorenzo “Borocotó” y de un radical santiagueño, Cristian Oliva. En el vaivén, sobresale la falta de una estrategia definida por parte de los diputados del Presidente.
El heterogéneo y cambiante mosaico de la Cámara, fenómeno que en la política se conoce como la fragmentación, le juega en contra al kirchnerismo. La existencia de un bloque de 117 diputados llevó a más de un analista a pensar que los 12 diputados que al oficialismo le faltan para tener quórum propio se conseguirían en un trámite sencillo.
A pesar de que en ambas cámaras existe el denominado alineamiento automático, en la tarea legislativa, como en pocas otras actividades, se presenta una gama tan amplia de miradas que es lógico que la suma de adhesiones dependa de cada iniciativa en particular y de los intereses que en ella están en juego.
En el Senado el oficialismo no corre riesgos. A su amplia mayoría le suma una variada gama de apoyos que recolectan entre los restos de la fenecida transversalidad o bien entre los radicales cuyos gobernadores, por sintonía o conveniencia, se identifican con la Rosada.
El dilema de hierro que el kirchnerismo enfrenta en Diputados es dónde conseguir los 12 votos que le faltan. Después de descartar una alianza medianamente estable con el duhaldismo, movida que implicaba ceder la vicepresidencia tercera del cuerpo, el kirchnerismo no descarta incentivar la división de esta bancada. Aquí podría apostar a sumar el apoyo de José María Díaz Bancalari y de algunos diputados más. Igualmente los números no le son suficientes. “No podíamos darle la vice tercera a Camaño porque si no estaríamos fortaleciendo al monstruo”, comenta a este diario un encumbrado legislador del oficialismo al explicar por qué descartaron la estrategia del acercamiento. Esa es la principal contradicción del kirchnerismo parlamentario. No darles aire a los más duros duhaldistas, pero tener, al menos, el apoyo de algunos de ellos.
La semana pasada, cuando Diputados comenzó a discutir el Presupuesto 2006, el oficialismo le hizo un guiño a la derecha macrista. Insinuó que apoyaría el nombramiento de Mauricio Macri para la vacante vicepresidencia tercera de Diputados. Esto le permitió encontrar a Federico Pinedo sentado desde hora temprana en el recinto. Este grupo incluso entregó sus votos para que se alcanzaran los dos tercios imprescindibles para habilitar el tratamiento de la denominada ley de leyes.
“Para evitar la permanente negociación es necesario quebrar la bancada del PRO y sumar algunas adhesiones del duhaldismo”, confía con rigurosa reserva de su nombre un legislador enrolado en el oficialismo.
Entre los apoyos más constantes, el kirchnerismo puede contar con el de los seguidores del intendente de Córdoba, Luis Juez. Los integrantes de la bancada cordobesa aparecen, hasta el momento, como incondicionales del oficialismo. La excepción es Morandini.
La fractura del radicalismo en tres sectores suma otra dificultad para el oficialismo. En la oposición más dura se ubican los seguidores del mendocino Roberto Iglesias. Los identificados con el chaqueño Angel Rozas también esgrimen posiciones habitualmente críticas y, oscilando entre apoyar o rechazar las posiciones del Gobierno, están los que se encolumnan con Fernando Chironi, sector mayoritario del bloque radical.
Los puntanos son un tema aparte. En el Senado, Adolfo Rodríguez Saá no es lo que se dice un opositor acérrimo. Así es que dejó en la soledad más extrema a Carlos Menem, cuyo paso por la Cámara alta está destinado a no dejar huella. En la Cámara baja, los seguidores de Rodríguez Saá mostraron ser disciplinados soldados. Aun mascullando su enojo, supieron dar su respaldo a la aprobación del pago anticipado al Fondo Monetario.
Contando con algunos de estos sectores, la conducción oficial de la bancada kirchnerista asegura que el miércoles próximo intentará, contra viento y marea, aprobar la reducción del Consejo de la Magistratura (ver aparte). Algo que ni siquiera en la Rosada están seguros de que se pueda alcanzar. Pero como la juventud y la experiencia no suelen ir de la mano, la bancada oficialista en la Cámara baja pondrá el pie en el acelerador. La curva peligrosa está a la vuelta de la esquina, pero ésa es otra historia ya que no siempre se corre con un plan de carrera.

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En la Cámara baja, al oficialismo le faltan 12 diputados para tener quórum y carece de aliados firmes.
 
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