EL PAíS › FUERTE DEVALUACION DE LA MONEDA EN URUGUAY Y RIESGO PAIS RECORD EN BRASIL

Argentina ya no está sola en la región

Uruguay abandonó la banda para pasar a una flotación del tipo de cambio, provocando una inmediata depreciación del peso. Deuda y depósitos en dólares, espejo de lo que pasó aquí. Brasil en la cuerda floja. Crisis regional.

 Por Maximiliano Montenegro

Tantas lágrimas derramadas por el presidente Jorge Batlle para diferenciarse de Argentina no sirvieron de mucho. Ayer, Uruguay devaluó fuertemente su moneda, al adoptar un régimen de libre flotación del peso, después de 10 años de aplicar un sistema de “bandas cambiarias” para mantener bajo control al dólar. El contagio del virus argentino ya prendió también en Brasil, cuyo riesgo país trepó a más de 1500 puntos, superando por primera vez al de Nigeria, quedando en el primer lugar de la tabla entre los países que todavía no declararon la cesación de pagos. La devaluación uruguaya fue elogiada por el Tesoro norteamericano y el Fondo Monetario (ver aparte), que la incluyeron como una de las condiciones del plan de asistencia financiera acordado con el país. Sin embargo, si la situación de Uruguay era hasta ayer un calco de lo vivido el año pasado en Argentina, la misma medicina sólo por casualidad puede dar resultados distintos. Por lo pronto, con un sistema financiero totalmente dolarizado, el gobierno se enfrenta ahora al dilema de la pesificación, al menos, de créditos y depósitos de residentes en el país. Por otro lado, la devaluación no hará más que acelerar la corrida bancaria que, en los últimos cinco meses, ya se llevó más del 22 por ciento de los depósitos. Después de la experiencia argentina, corralito es mala palabra en Uruguay. Pero ahora nadie descarta que en las próximas semanas pueda haber restricciones al retiro de depósitos.
Un banco no dice que cierra hasta el momento en que cerró. Una devaluación no se anuncia hasta el momento mismo en que se anuncia. El gobierno uruguayo que hace por lo menos un mes viene desmintiendo tanto la devaluación del peso como la aplicación de un corralito bancario, ayer anunció lo primero.
En una imprevista conferencia de prensa, el ministro de Economía, Alberto Bensión, anunció la libre flotación del peso. El país no tenía por ley un sistema de convertibilidad o de fijación del tipo de cambio, por lo que el anuncio pudo hacerse sorpresivamente, ya que no requería de ningún trámite parlamentario. Desde 1992, Uruguay seguía un estricto régimen de bandas cambiarias –con un piso y un techo para la cotización–; o, si se quiere, de minidevaluaciones pautadas por el Banco Central a lo largo del año. Así, en lo que va del año, el peso se había depreciado un 14 por ciento y la meta de devaluación era otro tanto hasta fin de año.
Esa regla fue abandonada ayer. “Esto no es una devaluación, es libre flotación. Corremos el riesgo de que en los primeros días suframos una depreciación del tipo de cambio, pero después puede subir o bajar”, dijo, optimista, Bensión, quien se preocupó, además, por destacar el respaldo de Fondo Monetario. En tanto que justificó la medida porque Uruguay “es un país chico entre dos países grandes (Brasil y Argentina) que ya adoptaron la libre flotación”. El dólar, que el miércoles cotizaba a 17,60 para la venta, ayer trepó hasta los 27 pesos, para cerrar en 21, lo que significa una suba del 20 por ciento.
Como se dijo, pese a los esfuerzos de Batlle por despegarse de sus vecinos “corruptos, del primero hasta el último”, la situación de Uruguay es muy similar a la de Argentina el año pasado. Notorio atraso cambiario –agravado por la superdevaluación argentina–, mucha deuda pública y privada en dólares, depósitos dolarizados, casi cuatro años de recesión, exportaciones hacia sus socios comerciales en picada. A esos problemas de la economía real se sumó en los últimos meses un crisis de desconfianza de los depositantes, que empezaron a retirar masivamente depósitos de los bancos.
Primero fueron los no residentes, fundamentalmente argentinos, que son acreedores de la mitad de los depósitos del sistema, pero en los últimos dos meses los propios uruguayos se sumaron a la corrida. Así, en cinco meses, los depósitos cayeron más de 22 por ciento y las reservas del Banco Central se redujeron a la mitad.
Los dólares que el FMI prometió a Batlle servirán para que el gobierno –con toda la deuda dolarizada y los mercados de capitales cerrados– no entre en cesación de pagos durante éste y el próximo año. A cambio, obviamente, de la receta tradicional de Washington, que el verborrágico presidente viene aplicando con esmero: ajuste fiscal, y más ajuste fiscal. Aunque luzca simpático a banqueros y acreedores extranjeros, que igualmente ya le cortaron el crédito al país, ese camino ahonda la recesión, eleva aún más la temperatura social y la crisis de desconfianza de los propios uruguayos.
Con la devaluación, ahora se abren otros problemas, también conocidos por los argentinos. El más evidente es qué sucederá con un sistema financiero absolutamente dolarizado. La devaluación, en especial si se descontrola en los próximas semanas, tornará irrecuperable los créditos en dólares a los bancos, y en consecuencia se agravarán las dificultades para responder a los depositantes, por más asistencia que tengan, como hasta ahora, del Banco Central uruguayo.
La mitad de los depósitos en poder de no residentes no es el problema, porque por ley los bancos debieron prestarlos a compañías en el exterior, o adquirir acciones o títulos públicos de empresas y gobiernos del Primer Mundo. Por lo tanto, teóricamente, no debieran tener dificultades para ejecutar esos activos y devolver a los depositantes. Sin embargo, el dinero de los uruguayos, nominado en dólares, está prestado en dólares a los uruguayos.
Con relación al tema de los endeudados en dólares, Bensión dijo que “estamos promoviendo acuerdos individuales de parte, entre bancos y deudores”. Sin embargo, si el dólar remonta vuelo rápidamente, “pesificación” será una palabra que empezará a sonar al otro lado del río. Y, obviamente, no sólo de créditos sino también de depósitos.
Para colmo, como parte del acuerdo con el Fondo, el gobierno se comprometió a implementar una “flotación limpia” del tipo de cambio; es decir, que no habrá intervenciones del Banco Central, como en Argentina y Brasil, para frenar la cotización del dólar. La instrucción de Washington es clara: no rifar las menguadas reservas uruguayas –1600 millones de dólares– para librar una batalla incierta, a la luz de la devaluación argentina y brasileña, para anclar el dólar. Y cuidarlas, en cambio, para que, junto con un paquete de 3000 millones de dólares aportado por el Fondo, asegurarse el cumplimiento de los vencimientos de la deuda externa con los acreedores.
Curiosamente, el titular del Banco Central uruguayo dijo ayer que quería “recrear un mercado en moneda nacional que Uruguay no ha tenido en muchos años”. Como bien saben los economistas de Duhalde, tarea difícil de lograr en medio de una fuerte devaluación, si no se logró en tiempos de calma y “certidumbre” cambiaria. Como en Argentina, el Banco Central ofrecerá títulos indexados por inflación, que paguen altísimas tasas de interés para tentar a la gente a ahorrar en pesos en lugar de correr al dólar.
El otro tema urticante de los próximos días es cómo reaccionarán los depositantes ante la “sorpresa” que les ofreció Batlle y el Fondo Monetario. El sentido común indica que la devaluación acelerará la corrida. Y a esta altura, de ahí a la restricción de los depósitos hay sólo un paso. De hecho, informalmente, como ocurrió en Argentina antes del 30 de noviembre, ya hay bancos que estarían en los últimos días “pisando” parcialmente depósitos.

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Los uruguayos reaccionaron a la noche con cacerolazos en todo el país contra el gobierno de Batlle.
 
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