EL PAíS › LOS DESAPARECIDOS DEL INSTITUTO MILITAR DAMASO CENTENO

Una despedida postergada 30 años

La ministra de Defensa, Nilda Garré, y el jefe del Ejército se sumaron al homenaje de los ex compañeros de las víctimas del colegio.

 Por Miguel Jorquera

Los abrazos fueron interminables, se quebraban las voces y pocos lograron contener las lágrimas. Pasaron más de 30 años para que algunos de ellos se reencontraran. Era la primera vez que los ex alumnos lograban abrir las puertas del Instituto Social Militar Doctor Dámaso Centeno –que depende del Ejército– para rendir homenaje a sus seis compañeros desaparecidos y asesinados durante la dictadura. Todo en medio de la “renuncia” del ex director, un coronel retirado que no compartía la realización del acto de ayer, una cadena de e-mails con amenazas y la reprobación de un grupo de los egresados del colegio de Caballito, donde dos de cada diez alumnos son hijos de miembros de las Fuerzas Armadas y de seguridad. Junto a la ministra de Defensa, Nilda Garré, y frente al comandante en jefe del Ejército, Roberto Bendini, sus compañeros y amigos descubrieron una placa que recuerda a los jóvenes desaparecidos de las promociones ’73, ’74 y ’75, algunos de cuyos casos nunca fueron denunciados por el “terror que reinó entre sus familias”.

La consigna fue la misma: “¡Presentes, ahora y siempre!”. Pero era la primera vez que se gritaba dentro del Dámaso Centeno y en homenaje a Juan Eduardo Estévez, María Luz Vega, Eduardo Giorello, Alejandro Capobianco, Sergio Nocera y Juan Carlos Cubas. Todos jóvenes secuestrados y desaparecidos por la dictadura y pertenecientes a las promociones ’73, ’74 y ’75 del colegio que regentea el Ejército y que nació como un orfanato para hijos de militares. Pero en el acto se sumó el recuerdo a otras dos víctimas del terrorismo de Estado que habían pasado por las aulas “del Dámaso”: Eduardo Vega, el hermano de María Luz; y Alejandro, el hijo de Tati Almeida, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo.

“¿Cuántos más habrá y no lo sabemos?”, no dejaban de preguntarse los ex alumnos del colegio. La duda tenía más de un motivo. Ya conocían que la familia Capobianco denunció tardíamente su secuestro y los Giorello y Estévez no lo habían hecho nunca “por el terror que tenían”, aunque ayer en el homenaje estuvieron presentes las hermanas de Juan Eduardo y los primos de Eduardo. Durante la preparación del homenaje conocieron la historia del hijo de Tati y poco antes del acto de ayer, se enteraron de que el hermano de María Luz fue otra víctima de la represión ilegal. Con la placa en la mano y seis nombres, la única certeza de los ex alumnos que habían peleado para hacer el homenaje en el colegio de Caballito era que “la memoria seguía siendo incompleta”.

Pero hacer el homenaje no fue sencillo. Los ex alumnos volvieron al colegio para pedir autorización pero se encontraron con un director, un coronel retirado, no muy dispuesto a conceder el lugar y un grupo de egresados que se oponía a “un acto político de esa naturaleza”. Un encuentro con Garré desactivó las trabas y un nuevo director del colegio comenzó a trabajar con los ex alumnos en la organización de la actividad. Allí empezó una campaña de e-mails con intimidaciones y amenazas que llegaban al colegio por decenas, lo que hizo temer por algún tipo de “provocación” en el acto de ayer, que no existió.

La presencia de Garré y Bendini en el acto despejó cualquier duda sobre la política oficial para los liceos y colegios que dependen del Ejército. Pero Garré también marcó en su discurso la impronta del Gobierno sobre derechos humanos. “Este encuentro es una nueva oportunidad para quienes, como todos estos compañeros que no están, asumimos que la dignidad, la igualdad de oportunidades, la justicia y por qué no la felicidad también, sea una realidad y no una promesa eternamente postergada. Y podamos decir hoy orgullosamente, aun tras el dolor, el terror y las atrocidades vividas y sufridas, seguimos creyendo y luchando por esos ideales, que no los abandonamos. Por lo tanto, que no han vencido”, sentenció la ministra de Defensa.

La placa descubierta ayer en el hall de entrada del Dámaso Centeno en “homenaje” a los “detenidos-desaparecidos” del colegio lleva el nombre de seis de ellos, los años de sus promociones y la leyenda “Memoria, verdad y justicia” que quisieron estamparle los ex alumnos. El lema que las autoridades del colegio le impusieron al acto fue “que el dolor del pasado nos una para un futuro mejor”. Frente a la ministra de Defensa y al jefe del Estado Mayor del Ejército, los compañeros y amigos de los chicos desaparecidos repasaron la historia “que nos hizo perder el rumbo”, que “arrancó con el impacto económico y social del ‘Rodrigazo’, la aparición de las matanzas de las Tres A y la irrupción de la dictadura”.

En sus relatos más íntimos, los ex alumnos reproducían la historia de un colegio donde convivían (y conviven) jóvenes de clase media e hijos de miembros de las Fuerzas Armadas y de seguridad. Los chicos desaparecidos “y nosotros compartimos salidas con los hijos del general (Juan Carlos) Trimarco y jugábamos al fútbol con los hijos de (Ibérico) Saint Janes, como cualquier joven a esa edad lo hace con sus compañeros de colegio”, comentaron a Página/12. Entre sus compañeros también estaban los hijos de quienes ocuparon lugares estratégicos en el esquema de poder de la dictadura –Saint Janes en la gobernación bonaerense y Trimarco en la jefatura del II Cuerpo de Ejército– y que terminaron acusados de gravísimas violaciones a los derechos humanos.

Tampoco faltaron los recuerdos del paso de muchos de ellos por la parroquia Santa Julia, a pocas cuadras del colegio (Martínez y Alberdi) y donde también pasaban gran parte de su vida diaria. Allí aprendieron “a organizar campamentos y a realizar trabajos solidarios” en barriadas pobres. Una realidad que llevó a muchos de ellos a un compromiso social mucho más profundo. En el colegio también leyeron los poemas que escribieron varios de los chicos desaparecidos y que en los años ’73 y ’74 lograron publicar en “una revista casera” que diseñaron los alumnos del Dámaso Centeno.

El acto terminó con música. Sonaron Muchacha ojos de papel de Almendra, Presente de Vox Dei y un clásico que no podía faltar a la cita: Aprendizaje de Sui Generis, donde Charly Carcía y Nito Mestre acuñaron la frase en la que mostraban cómo aprendieron a “ser formal y cortés, cortándome el pelo una vez por mes”. Una exigencia que también marcó su paso como alumnos del Dámaso Centeno en una década convulsionada por los cambios culturales, políticos y sociales.

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El homenaje a los seis desaparecidos del Dámaso Centeno fue organizado por las promociones ’73, ’74 y ’75.
 
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