EL PAíS › D’ELIA RENUNCIO AYER A SU CARGO DE SUBSECRETARIO, TAL COMO SE LO HABIA PEDIDO KIRCHNER

La relación ahora es con camas separadas

El piquetero renunció finalmente a su cargo. Fue el cierre del episodio que arrancó el lunes, cuando fue a llevar su solidaridad a la Embajada de Irán. D’Elía dijo que su relación con el Presidente era “inquebrantable”. Su movimiento, el FTV, quedaría al frente de la Subsecretaría de Tierras y Hábitat.

 Por Diego Schurman

Luis D’Elía renunció finalmente ayer a su cargo de subsecretario de Tierras para el Hábitat Social, tal como se lo había solicitado el lunes Néstor Kirchner. El piquetero dio un paso al costado entendiendo el riesgo de conflicto diplomático que generó su solidaridad con Irán. No obstante, mantuvo sus crítica sobre Estados Unidos e Israel y responsabilizó a esos países de su salida abrupta del Gobierno. Como colofón, evaporó cualquier atisbo de ruptura con el Presidente, a quien –dijo, luego de ensalzarlo– lo une una relación “inquebrantable”.

D’Elía anunció que dejaba su cargo durante una conferencia de prensa en las que a partir de hoy serán sus ex oficinas. A esa misma hora, dos estrechos colaboradores de la Federación de Tierra y Vivienda (FTV) llevaban el escrito de la dimisión a la Casa Rosada.

No hay definido formalmente un sucesor, aunque es altamente probable que Kirchner mantenga un representante del FTV en el cargo. El Presidente ya dijo a sus colaboradores que el cortocircuito con D’Elía no debe decodificarse como un conflicto con los movimientos sociales.

En algún momento se especuló con la posibilidad de que el piquetero, en un gesto de rebeldía, pudiera retirar a su tropa de todas las instancias oficiales. Así lo hizo en la CTA cuando fue desplazado de las lista ganadora a la que perteneció históricamente. Pero ayer no tardó un segundo en demostrar la misma o mayor fidelidad con Kirchner, además de depositar las razones de su eyección en factores exógenos.

Concretamente, acusó a Estados Unidos e Israel de utilizar la causa AMIA para aislar y profundizar la agresión a ese país. “El dictamen judicial que acusa a la República de Irán por el tema AMIA está profundamente contaminado por circunstancias mundiales ajenas a la búsqueda de la verdad”, sostiene el texto de renuncia que los miembros del FTV Alberto Vulcano y Juan José Cantiello elevaron a Oscar Parrilli.

Anteayer, el secretario general de la Presidencia le transmitió a D’Elía el pedido de dimisión en nombre de Kirchner. El mandatario no toleró la foto del ahora subsecretario en la Embajada de Irán, y menos en momentos en que la Justicia argentina ordenó la captura de ex funcionarios de ese país por el atentado a la AMIA. El piquetero admitió ayer que no quería “interferir” en el accionar de la Cancillería.

Hubo un episodio que hasta ahora no había trascendido y que explica las razones del cortocircuito. D’Elía le había anticipado a Parrilli que elaboraría un comunicado para llevar a la Embajada de Irán. El secretario general opuso resistencia, aunque admitió que si la formulación y presentación corrían por cuenta de la FTV nada podía hacer para impedirlo.

El piquetero sabía que sin su presencia el impacto de la jugada se hubiera diluido. Entonces decidió llevar su humanidad, y no sólo su adhesión, hacia la sede diplomática. Para no incomodar a la Casa Rosada aseveró que lo hacía en nombre de la FTV y no del Gobierno. Kirchner lo consideró una entelequia. Disociar la foto del “Gordo” –como lo llaman intramuros– de sus funciones hubiese resultado una tarea improba.

Esto explica la andanada de insultos que D’Elía y Parrilli se dispensaron anteayer, alrededor de las 18. No hubo en esa comunicación telefónica cuestionamientos de fondo sino de forma: el Gobierno no podía mostrar fisuras en un tema tan sensible como el caso AMIA. Kirchner vio en el accionar del piquetero una irresponsabilidad, esta vez imperdonable.

D’Elía está consustanciado con Hugo Chávez. Pero descartó que ese alineamiento con las políticas del líder venezolano pudiera hacer colisionar su relación con Kirchner. La aclaración viene a cuento por la publicitada presencia del ahora ex subsecretario en la embajada del país caribeño. Ocurrió el último sábado y en la Casa Rosada sospechan que ahí se cocinó la puesta en escena. “Yo controlo a Chávez, pero Chávez no controla a algunos chavistas de acá”, ironizó el mandatario.

En la intimidad, el dirigente de la FTV confió la existencia del guiño venezolano al golpe de efecto mediático que hizo frente a la sede diplomática iraní. Es evidente que no previó el final. Kirchner le hizo saber que aquello conformaba la génesis de un conflicto diplomático internacional. “Me deja pagando”, señaló.

Aquella conversación telefónica de media tarde, donde Parrilli le transmitió a D’Elía el pedido de renuncia del Presidente, ofreció todo el color y el calor de la situación. El secretario general le enrostró la impertinencia de sus acciones y aprovechó para pasarle facturas por viejas controversias, como cuando abrió las tranqueras del campo del norteamericano Douglas Tompkins.

No fueron pocos los empresarios que por aquel episodio testearon en la Rosada si la propuesta de expropiación era resultado de la inorganicidad del piquetero o una política del Gobierno.

–Yo pongo la cara por el Presidente mientras ustedes no hacen un carajo –se envalentonó D’Elía de un lado del teléfono.

Amante del bajo perfil, Parrilli mantuvo los detalles de la charla en un cono de silencio, aunque el recato no le impidió regalarle algunos insultos al piquetero.

El conflicto encontró un protagonista involuntario: el diputado Edgardo Depetri. Anoticiado de la preocupación de Kirchner, el dirigente del Frente Transversal Nacional y Popular y de la CTA buscó la solución a la metida de pata de su amigo D’Elía.

Hubo entonces un comunicado del piquetero que reivindicó la “independencia” de la Justicia argentina y desmintió “terminantemente” la existencia de un pedido de renuncia. No alcanzó. A esa altura, el pedido de dimisión ya estaba en las pantallas de televisión. En el entorno del piquetero señalaron a Alberto Fernández por la rápida propalación del dato. Se sabe: el jefe de Gabinete y D’Elía no se soportan.

“Yo sé que tocar la campanita de Wall Street no es gratis” le dijo D’Elía a Depetri, quien desde Mar del Plata no podía frenar lo que se transformó en una bola de nieve.

–¿Te querés quedar o te querés ir? –llegó a preguntarle el diputado K en su rol de intermediario.

–Yo no me quiero ir –le contestó sin abandonar su tono de rebeldía.

A esa altura resultaba imposible dar marcha atrás. El tema rebalsó la relación afectiva que los protagonistas reconocen. Kirchner se lo graficó a Depetri en una frase de despedida. “Con una mano lo pongo en mi corazón, con la otra le pido la renuncia: como subsecretario no lo puedo bancar más. Con los movimientos sociales no hay problemas, pero con él veamos cómo reconstruimos más adelante. Ahora no puedo mantenerlo”.

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Luis D’Elía anunció en rueda de prensa que había presentado su renuncia y dijo que no había querido “interferir” con la Cancillería.
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