EL PAIS › URUGUAY LE DIO LA AUTORIZACION DEFINITIVA A BOTNIA EN MEDIO DE LA CUMBRE

En el peor momento y en el peor lugar

“Es indignante”, “es una tomadura de pelo”, repetían en la comitiva argentina, encabezada por el presidente Néstor Kirchner y su sucesora electa, CFK, al enterarse de la decisión uruguaya de habilitar la pastera finlandesa. Tabaré Vázquez dijo que su país “no tiene que pedir permiso a nadie”.

 Por Fernando Cibeira

Desde Santiago de Chile

La relación bilateral entre Argentina y Uruguay –o tal vez habría que decir mejor la relación personal entre Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez– volvió a su punto más bajo luego de la decisión del gobierno uruguayo de sacar el decreto autorizando a Botnia comenzar a producir. El decreto se conoció luego de una jornada en la que Kirchner le había manifestado a una delegación de asambleístas de Gualeguaychú que estaba “firme con su causa” y descartara cualquier posibilidad de firmar un acuerdo por las papeleras en el marco de la Cumbre Iberoamericana. Lo que terminó de enfurecer a la comitiva argentina fue la actitud de Tabaré Vázquez en la ceremonia de apertura del encuentro de presidentes. Allí debía hablar, dado que cumplía su período como presidente pro témpore de la Cumbre, y utilizó el escenario para dirigirse a Kirchner. Lo sorprendió diciéndole “que el río no nos separe, que sirva para unirnos”, luego se bajó y lo abrazó. Kirchner le respondió con algo de frialdad porque le parecía que no era la ocasión para el gesto. Pero peor fue cuando se enteró que casi en simultáneo con el discurso se daba a conocer en Montevideo el decreto habilitando a Botnia que evidentemente debió firmar antes de viajar. El gobierno argentino interpretó entonces el gesto de Tabaré como “una provocación y una tomadura de pelo”.

A última hora de anoche, el presidente uruguayo dio una escueta explicación de la decisión que tensó al máximo la relación bilateral. “Uruguay no tiene que avisar ni pedir permiso a nadie. Si Argentina quiere que esto termine en La Haya, termina en La Haya”, reforzó Tabaré Vázquez cuando la delegación argentina no terminaba de encontrar palabras para manifestar el enojo por la habilitación de Botnia en plena Cumbre. La semana pasada Uruguay había postergado esa medida a pedido del facilitador español que espera encontrar en Chile el escenario adecuado para acercar posiciones.

Los asambleístas se habían instalado en forma pacífica sobre una de las puertas de la residencia del embajador. A las 16.30 estaba previsto que Kirchner y Cristina Fernández encabezarán un acto en el que se descubriría una placa recordatoria de que en esa residencia –un palacete que ha sido declarado monumento histórico– se alojó luego del golpe al gobierno de Salvador Allende a muchos chilenos que buscaban refugio político. Pero el arribo de los Kirchner a Santiago se atrasó y hubo cambio de planes. Cristina Fernández fue directamente a la reunión con la presidenta Michelle Bachelet en el Palacio de La Moneda. Kirchner, entonces, fue sólo a la residencia. La considerable demora había hecho que varios invitados –por ejemplo, el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza o el presidente de la Cámara de Diputados, Patricio Walker– se fueran en busca de la próxima actividad de Cumbre prevista en su agenda. Quienes no se movían eran los asambleístas, ya por entonces vigilados por una guardia de carabineros. Con ellos habían arreglado que en caso de que Kirchner entrara por allí, uno de ellos se acercaría a darle el documento votado en Entre Ríos para repartir entre todos los presidentes que asistan al evento.

“Ustedes que representan a los pueblos de Iberoamérica –dice el texto en uno de párrafos–, les pedimos encarecidamente que defiendan los intereses de sus gobernados por encima de los intereses de las empresas saqueadoras y contaminantes, que pretenden adueñarse de nuestros recursos naturales, sin importarles nuestra salud, nuestra economía y nuestro medio ambiente.” También le querían recordar a Kirchner que alguna vez había declarado que la causa de Gualeguaychú era la de todo el país. Vestían remeras negras que decían “No a Botnia” y tenían banderas de las distintas asambleas y agrupaciones representadas.

Pero el arreglo con los carabineros resultó innecesario, porque todo sucedió al revés de lo planeado. No fueron ellos a entregarle el documento al Presidente, sino que el Presidente se acercó a ellos para recibir la carta en mano. Además, encargó al secretario de Provincias y habitual enlace de la Casa Rosada con grupos piqueteros y organizaciones sociales, Rafael Follonier, que intercambiara teléfonos con los asambleístas para “mantener un canal de diálogo”, según les explicó.

Después, el Presidente descartó la posibilidad de que hoy durante la larga jornada de cumbre que tendrán por delante pueda mantener una reunión con Tabaré Vázquez. Menos aún, que existan chances de firmar algún acuerdo.

No se sabía si había sido como reacción al gesto con los asambleístas, a las declaraciones posteriores o como resultado de las reuniones que mantuvieron ayer funcionarios argentinos y uruguayos –o todo eso sumado– que por la noche se conoció la decisión del gobierno de Vázquez de permitirle a Botnia comenzar a producir, el último trámite que quedaba pendiente y que había sido postergado en virtud de un llamado del canciller español Miguel Angel Moratinos.

Canal abierto

No obstante estos hechos que dan la imagen de una relación bilateral definitivamente quebrada, hay en progreso un camino de diálogo que ayer retomaron el jefe de Gabinete Alberto Fernández y el canciller Jorge Taiana con el uruguayo Reinaldo Gargano, convocados por Moratinos y el facilitador Juan Antonio Yánez Barnuevo al Hotel Sheraton, donde se alojan la mayoría de las delegaciones. Curiosamente, fue en un restaurante en el último piso del Sheraton donde Kirchner y Tabaré se reunieron por última vez en marzo del año pasado. Habían viajado por la asunción de Bachelet y previo la ceremonia pactaron una tregua para buscarle una solución al conflicto. Luego todo naufragó en aguas contaminadas debido a la negativa de Botnia de detener sus obras.

Fernández y Taiana ratificaron la posición argentina de no negociar sobre la papelera y dejar que la última palabra la tenga el Tribunal de La Haya. Pero les plantearon a los españoles que su mediación –que evidentemente no resultó fructífera en cuento a la pastera– podía ser muy útil para salvar otros aspectos de la relación bilateral que hoy se encuentran paralizados. Ponerle un paraguas a Botnia podría, ejemplificaban, ayudar en cuestiones laterales como por ejemplo el movimiento del turismo, un tema que preocupa a Uruguay. O reactivar la instalación de una planta regasificadora en tierras orientales.

Más allá de estas cuestiones que prometieron seguir conversando, los españoles estaban interesados en conseguir una foto del rey Juan Carlos con Kirchner y Vázquez, en una demostración de que su mediación no había fracasado. Sin embargo, no hubo acuerdo. Y según un trascendido, habría sido por decisión de Vázquez.

Moratinos y Yánez bajaron de la reunión y se sentaron en una mesa del lobby del hotel. Apenas minutos después, el rey y el jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, se sentaron con ellos. Por los gestos, se notaba que querían saber todo lo que se había conversado. Los rostros eran de preocupación. Sólo hubo un gesto afectuoso de Juan Carlos hacia Yánez Barnuevo, su enviado, con quien tiene una diferencia de estatura –el rey es muy alto– considerable.

Anoche estaba previsto que esa reunión de argentinos, uruguayos y mediadores españoles continuara hoy. Pero era difícil prever qué sucedería luego de la reacción por partida doble de Tabaré. Primero, su decisión de Botnia mediante un decreto que evidentemente había dejado firmado antes de partir. Segundo, su discurso en la ceremonia de apertura de la Cumbre. A Vázquez le tocó hablar luego del secretario general de las Naciones Unidas, Ban ki-moon. El uruguayo dio algunas vueltas en su discurso hasta que explicó que él era un convencido de que el futuro siempre será mejor. Con esa idea, le habló desde el escenario “al presidente de los argentinos” y lanzó aquello de que el río no separe la relación, “que sirva para unirnos”. Luego bajó y saludó a Kirchner y a Cristina Fernández, provocando la foto que justamente estaba en cuestión. Kirchner lo atajó con frialdad porque le parecía que “no era la ocasión”, según comentaron luego en la comitiva presidencial. Pero para entonces no sabía de la decisión que se estaba anunciando en Montevideo más o menos en simultáneo. Una vez enterado, cerca del Presidente tomaron el gesto de Vázquez como “una falta de respeto y una provocación innecesaria”. Hoy Kirchner tendrá la posibilidad de responder en su discurso ante la cumbre.

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El presidente Néstor Kirchner se reunió en forma imprevista con los asambleístas de Gualeguaychú.
Imagen: Télam
 
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