EL PAíS › LA FAMILIA DE FEBRES APUNTO A LOS PREFECTOS QUE LO CUSTODIABAN

La última cena, con un custodio

La familia, que fue imputada por la jueza, declaró ayer y desvió la acusación hacia los integrantes de la custodia. Negaron haber cenado esa noche con Febres y aseguraron que sí lo hizo con el prefecto de apellido Volpi, amigo del muerto.

 Por Raúl Kollmann

“Lo suicidaron.” Los familiares de Héctor Febres, en especial la hija, Sonia, acusaron de homicidio a integrantes de la Prefectura, y particularmente a quien acompañó esa noche al ex represor, el prefecto Volpi. Desde el anochecer del sábado y hasta el mediodía del domingo fueron pasando a prestar declaración indagatoria la esposa de Febres, Estela Maris Guevara, y los hijos, Sonia y Ariel. Los familiares de Febres fueron imputados por la jueza Sandra Arroyo de un delito que podría ser gravísimo: “haber tomado parte, con el concurso de dos o más personas, en la muerte de quien fuera su cónyuge y progenitor, mediante la ingesta de cianuro”. Como se ve, la magistrada no habla de suicidio ni de homicidio, sino que deja ambas variantes abiertas. La madre y los dos hijos, asistidos por el abogado Martín Orozco, dijeron que Febres no estaba deprimido, que nunca manifestó intenciones de suicidarse, que ellos no cenaron sino que almorzaron con él ese domingo y que quien compartió la última cena fue el prefecto Volpi, con quien tenía una estrecha relación.

Desde un punto de vista lógico, estaba cantado que los familiares de Febres de ninguna manera reconocerían que, por ejemplo, lo ayudaron a suicidarse. Es que la instigación o colaboración con un suicida es un delito penado con uno a cuatro años de prisión. La expectativa era que dijeran “no sabemos nada”. Sin embargo, la declaración de Sonia tuvo un fuerte contenido emocional. “Lo suicidaron”, respondió varias veces e incluso apuntó a Volpi, uno de los dos detenidos de la Prefectura. Volpi acompañaba a Febres en casi todas las jornadas y entre ambos habían establecido una fuerte relación.

Fuentes cercanas a la familia incluso deslizaron anoche la hipótesis que tienen sobre el asesinato. “El tenía diabetes y por eso consumía mucho líquido. Lo habitual es que tuviera un vaso muy cerca, se despertaba de noche, tomaba el líquido y además iba al baño. Es muy posible que el cianuro se lo hayan puesto en el vaso de líquido”, especulan los familiares, según le transmitió a este diario un amigo de los Febres.

La indagatoria fue sorprendente en varios aspectos. El papel protagónico fue de la jueza Arroyo, quien tipeó personalmente todo lo que dijeron la madre y los dos hijos. De entrada, se sentó en la computadora una secretaria, pero como se equivocaba, la magistrada decidió hacerlo ella misma. El ritmo impuesto por Arroyo, acompañada por el fiscal Alberto Gentili, tiene pocos antecedentes. Le tomó declaración a Sonia, la hija, a las ocho de la noche del sábado. Terminó casi a las tres de la madrugada del domingo. De inmediato declaró la madre, trámite que llevó hasta las diez de la mañana del mismo domingo, y a continuación entró Ariel, quien terminó después del mediodía. Es decir que hubo 17 horas seguidas de declaraciones. Más asombrosa todavía resultó la decisión de Arroyo de continuar ayer mismo con las indagatorias. Por un lado, el prefecto mayor Iglesias, jefe del destacamento Delta de la Prefectura, el encargado general de la custodia de Febres. Y al anochecer estaba declarando el prefecto Volpi, que para la familia es el hombre clave porque no sólo fue el último que lo vio con vida, sino que Sonia deslizó las sospechas más concretas en su contra. Al cierre de esta edición corría el rumor de que Arroyo dispondría la detención de un abogado vinculado a la Prefectura, pero ese dato no pudo ser corroborado.

Las dos hipótesis sobre la muerte de Febres siguen abiertas:

- Se suicidó: Se dice que Febres estaba deprimido, no tanto por la condena que se le venía encima sino por el inminente traslado al penal de Marcos Paz. Es que las condiciones de detención eran asombrosas. No sólo disponía de dos habitaciones de las que entraba y salía cuando quería, sino que los propios familiares admitieron que usaban la piscina del destacamento e incluso una cancha de tenis criollo. “Cuando entrábamos, alguien nos preguntaba si traíamos algo, nosotros decíamos que no y eso era todo”, admitieron los familiares en la indagatoria. Supuestamente el traslado a Marcos Paz afligía mucho a Febres y eso lo llevó a la determinación de quitarse la vida. El punto nodal es quién le suministró el cianuro, en una dosis elevadísima que, tal como adelantó Página/12 en su edición de ayer, tenía el doble o el triple de lo necesario para matar a una persona. Además, los forenses que dialogaron con este diario señalaron que el cianuro industrial es fácil de conseguir, pero que alguien –un químico– debe refinarlo. Por ello, debió participar un profesional, médico, químico o bioquímico.

- Lo asesinaron: Es lo que dice la familia. Este diario le preguntó a un allegado:

–¿Por qué lo iban a matar? ¿Estaba dispuesto a hablar?

–Es cierto que hubo una especie de pacto con quienes fueron sus superiores. El jamás habló y nos parece que no lo iba a hacer ahora tampoco. Estaba conforme con el trato que le habían dado esos superiores. No sabemos qué pasaba por su cabeza. Nunca pateó el tablero. ¿Lo estaba por hacer ahora por lo del traslado a Marcos Paz? No lo sabemos. Tal vez alguien de la Prefectura pensó que iba a patear el tablero. Y eso provocó el desenlace –le explicó el allegado a este diario; Sonia insistió con el concepto: “él estaba bien de ánimo. Su defensor, el doctor Valle, hizo un magnífico alegato y evaluó que habiendo estado nueve años preso, no tendría que pasar detenido demasiado tiempo más. Eso lo tenía ilusionado. Es más, me dio un CD con el alegato de Valle. Lo único que le preocupaba era el traslado a Marcos Paz”, declaró Sonia ante la jueza Arroyo y el fiscal Gentili.

Uno de los argumentos que usó el hijo de Febres, Ariel, es que su padre fue encontrado con el rostro plácido, acostado, abrazado a la almohada. “Parecía distendido y nos han explicado que ésa no es la cara de alguien que consumió cianuro, que produce sufrimiento”, sostuvo Ariel.

Según los forenses, Febres murió entre las diez y las doce de la noche del domingo 9 de diciembre. Se encontró cianuro en el estómago y por el tiempo de digestión que llevaban otros alimentos que se encontraron en el mismo estómago, se calcula que el cianuro lo ingirió muy poco después de la cena. Esa es la base de la acusación de Arroyo. Sin embargo, los familiares dicen que se fueron temprano a la tarde. Almorzaron, se quedaron unas horas más y se fueron. Y Sonia sostuvo que quien cenó con Febres fue Volpi. Por supuesto que los familiares negaron que hubiera cualquier despedida y es cierto que tampoco se encontró una carta, elementos típicos de un suicidio. Esa es la razón por la que la jueza dejó abierta la acusación por los dos delitos: homicidio o instigación al suicidio. Si la magistrada decidiera imputarles a los familiares el homicidio, la pena sería altísima, porque se trata de un asesinato agravado por el vínculo.

En los próximos días, Arroyo va a ordenar un amplio peritaje en las computadoras secuestradas, tanto en el destacamento Delta como en los domicilios de los familiares. Sobre todo tiene interés una computadora que, por lo que consta en la causa, tendría información valiosa y hubo un intento de sacarla del destacamento. La jueza convocará para ese peritaje no sólo a los expertos informáticos oficiales, sino que también permitirá que trabajen en el análisis los peritos que designe la familia y los que representen a los dos imputados por el lado de la Prefectura. El rumor es que también hay otros profesionales en la mira. Se habla de un médico y de un abogado.

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La jueza deja abiertas las hipótesis de suicidio u homicidio en la muerte del torturador Héctor Febres.
 
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