EL PAíS

Uno que nunca ejerce

 Por Sergio Moreno

Carlos Ruckauf había argumentado que la gravedad de la situación argentina imponía un renunciamiento para justificar su huida de la gobernación de Buenos Aires, que dejó en llamas en enero de 2001, semanas después de que Fernando de la Rúa hiciera lo mismo con la Presidencia de la Nación por los techos de la Casa Rosada. Aquel supuesto renunciamiento era, siempre según el ahora funcionario, a pedido de Eduardo Duhalde, que necesitaba gobernadores para ocupar cargos en su gabinete. “Rucucu”, tal como suelen llamarlo en la arena política, cambió los hostiles fragores bonaerenses, dejándole el paquete a Felipe Solá, por los mullidos sillones del edificio de Arenales y Esmeralda.
Ruckauf siempre se caracterizó por no cumplir las funciones para las que fue designado: así pasó por su oscura gestión al frente del Ministerio de Trabajo de Isabel Perón –época por la que le pende una acusación de delación de gremialistas desaparecidos por la dictadura–, y ya recuperada la democracia, cuando fue embajador en Italia, ministro del Interior de Carlos Menem cuando volaron la AMIA, vicepresidente del riojano, gobernador bonaerense y ahora, ministro de Relaciones Exteriores. Siempre se desentendió de sus funciones delegando en terceros la ejecución de las políticas y hasta la estrategia. En la Cancillería, por la complejidad de los temas, esa pereza se hace más que evidente. Eso sí, el canciller no ha trepidado en utilizar fondos públicos para pagarse unas vacaciones en Nueva York a fin de ver a sus nietecitos, inventandoactividades en la ONU que nunca se llevaron a cabo, tal como reveló Página/12 hace dos meses.
Ahora “Rucucu” pega otro salto: mantuvo bajo su perfil cuando le pidió a Duhalde que lo incorporara en la lista de diputados nacionales por Buenos Aires. El Presidente lo puso en tercer lugar, a pesar de que aspiraba a ser el cabeza de lista. Seguramente Ruckauf será electo y, así, mantendrá cobijo y un buen salario a costa del erario –tal como viene haciendo desde antes de 1983–. Los contribuyentes seguirán manteniendo al ex vice, ex multiministro, ex embajador, etc., vaya uno a saber por qué.

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