EL PAíS

Muchas canciones, pero una sola protesta a sesenta días de la masacre

En todo el país confluirán, unidos o en paralelo, los reclamos por trabajo y un seguro de empleo, el recuerdo de los muertos, la protesta por el corralito y el pedido de duplicación del presupuesto social.

 Por Laura Vales

Buenos Aires tendrá hoy un día marcado por la protesta. En el segundo aniversario del 20 de diciembre las asambleas de vecinos autoconvocados, las organizaciones de desocupados, los ahorristas pesificados y los organismos de derechos humanos protagonizarán (en algunos casos juntos y otras por separado) una jornada de lucha que arrancará temprano en la mañana con cortes de ruta y movilizaciones frente a las empresas privatizadas, tendrá un abrazo al Congreso pasado el mediodía y terminará por la noche en un nuevo cacerolazo y marcha a la Plaza de Mayo.
En el día de movilización hay dos objetivos compartidos por todo el amplio abanico del conflicto social: recordar a los muertos por la represión y rechazar el presupuesto 2002. Junto a estos puntos los diferentes sectores elevan otros reclamos, como el “que se vayan todos” de las asambleas barriales, la creación de un seguro de empleo y formación del Frente Nacional contra la Pobreza, la duplicación del presupuesto social que quieren los desocupados, la devolución de los ahorros que piden los afectados por el corralito, la renuncia de la Corte Suprema del que no queda afuera casi nadie.
Aunque la jornada de protesta tiene carácter nacional y habrá marchas, cortes y cacerolazos anunciados en todo el país (ver aparte), se sentirá especialmente en la Ciudad de Buenos Aires. La primera movilización comenzará a las diez de la mañana, cuando el Bloque Nacional Piquetero se concentre en Avenida de Mayo y la 9 de Julio para marchar hasta la sede de Repsol-YPF, en Diagonal Norte y Maipú.
Los piqueteros del Bloque (el Polo Obrero del Partido ídem, el Movimiento Territorial de Liberación del PC, el Teresa Rodríguez de Roberto Martino, el Sin Trabajo del MST) se quedarán frente a las oficinas de Repsol hasta avanzada la tarde. Exigen a la empresa que destine parte de sus superganancias a generar puestos de trabajo estables y que la empresa se nacionalice. Luego marcharán a la Plaza de Mayo para esperar la llegada de las asambleas barriales y sumarse al cacerolazo nacional.
A las 10 de la mañana también comenzarán los cortes de ruta a lo largo del conurbano y en el interior, pero la fuerza estará puesta más en las marchas que en los piquetes. En el Gobierno, donde hay un clima de preocupación por la superposición de movilizaciones, el secretario de Seguridad Juan José Alvarez dejó trascender su molestia con las declaraciones de Eduardo Amadeo (“si esto sigue así vamos a tener que reprimir”, amenazó por la mañana el vocero) e insistió en que su criterio es evitar la violencia: “Se va a reforzar el sistema de seguridad igual que todos los viernes y vamos a dejar que la gente se manifieste como se tenga que manifestar”, prometió anoche.
Uno de los puntos críticos es qué va a pasar con los accesos a la Capital. En las organizaciones de desocupados no había un clima favorable a cortarlos; el punto es especialmente conflictivo porque en la Casa Rosada hay quienes advierten que no están dispuestos a pasar por otro día de caos como el que se generó hace diez días con los cortes en Dock Sud.
A las dos de la tarde se hará el abrazo al Congreso Nacional. Convocado por la Central de Trabajadores Argentinos y el Frente Nacional Contra la Pobreza, del abrazo participarán los desocupados de la Federación de Tierra y Vivienda encabezada por Luis D’Elía y los de la Corriente Clasista y Combativa de Juan Carlos Alderete, es decir el otro sector en que se partieron los desocupados. El movimiento que lidera Raúl Castells, que no se encolumnó tras ninguno de los dos sectores, irá a la tarde al Congreso y a la noche a la Plaza de Mayo. Del abrazo también formarán parte los estatales de ATE, los docentes, los judiciales y organizaciones sociales. La idea es rechazar con este acto el presupuesto 2002, al que los convocantes cuestionan por considerar que “legaliza la política de ajuste y no promueve solución alguna a la desocupación, la pobreza y la exclusión”.
A la misma hora del abrazo al Congreso, los ahorristas que se oponen a la pesificación volverán a marchar por el microcentro para escrachar a los bancos. Y algunas asambleas barriales, como las de Parque Avellaneda y Liniers, harán lo mismo frente a sucursales de Edesur y Metrogas antes de sumarse al cacerolazo.
La protesta de los autoconvocados empezará a escucharse a las ocho. Las asambleas decidieron mudar a hoy su tradicional cacerolazo de los viernes, para recordar el 20 de diciembre. Los vecinos esperan cerrar los dos meses de cacerolazos con una concentración nutrida; aunque la mayor parte de las asambleas barriales ya definió marchar a la Casa Rosada muchas otras, temerosas de que se generen episodios de violencia, lo decidirán sobre la marcha, de acuerdo al clima que exista a esa altura de la noche.

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