EL PAíS › CóMO FUERON LOS ACUERDOS DE PRECIOS EN LA DéCADA KIRCHNERISTA

Una herramienta habitual

La negociación con los empresarios prevaleció como estrategia por sobre una imposición que pudiera derivar en desabastecimiento y aparición de mercados negros. Diferencias y similitudes entre Lavagna, Moreno y Kicillof.

Los acuerdos de precios han sido una de las herramientas más utilizadas por el kirchnerismo para tratar de ponerle freno a la inflación en sus más de diez años de gobierno. La negociación con los empresarios prevaleció como estrategia por sobre una imposición que pudiera derivar en desabastecimiento y aparición de mercados negros. Eso no significa que no haya habido presiones para disciplinarlos, pero en la mayoría de los casos fueron parte de la negociación que llevó a los acuerdos. Los resultados fueron limitados, aunque tampoco desdeñables. No se logró reducir la inflación, pero durante los primeros años se la estabilizó en un porcentaje menor al promedio de la negociación salarial y luego se evitó una pérdida significativa del poder adquisitivo. El escenario que se abrió este año amenaza ser diferente, porque la devaluación del peso les puso un piso más alto a los aumentos. Lo que sigue es un repaso de los principales acuerdos de precios del kirchnerismo.

La era Lavagna

Cuando Néstor Kirchner llegó a la presidencia en 2003, mantuvo en Economía a Roberto Lavagna, quien había logrado bajar la inflación en 2002, ayudado por el alto nivel de desempleo y el bajo poder adquisitivo de una población que por entonces no estaba en condiciones de convalidar su-bas excesivas. Ya para 2005, la situación económica había mejorado y la puja distributiva reapareció. En marzo el Indec informó que en los primeros dos meses de ese año la inflación sumaba 2,4 por ciento, impulsada por la carne y los lácteos. Además, Shell aumentó el precio de sus naftas un 3 por ciento. La reacción no se hizo esperar. “Hagamos una causa nacional, no le compremos ni una lata de aceite”, sostuvo Kirchner. La embestida contra la multinacional angloholandesa fue al mismo tiempo una señal para el resto de los sectores, con los cuales Lavagna comenzó a negociar. En la segunda quincena de marzo de 2005 frigoríficos, procesadores avícolas y empresarios del sector lácteo aceptaron bajar los precios. Sin embargo, el compromiso no se cumplió.

Los precios no sólo no bajaron sino que en julio Sancor y La Serenísima ajustaron un 8 por ciento. En respuesta, Lavagna subió las retenciones a la leche y los quesos. Cuando se sentó con los supermercados para negociar otro acuerdo, la respuesta fue lapidaria: “No somos formadores de precios, vendemos por cuenta y orden de terceros”, le dijo Alfredo Coto. En octubre Lavagna dijo que se apostaría a recortar el gasto para ponerles freno a los precios. “La política fiscal está en el centro de la política antiinflacionaria”, sostuvo. La receta ortodoxa parecía imponerse, pero Kirchner redobló la presión sobre los súper para no tener que enfriar la economía. “Señor Coto: yo lo conozco muy bien a usted y sé cómo trabaja sobre los bolsillos de los argentinos. Nosotros nos vamos a organizar desde el Estado y vamos a ayudar a organizar ligas de consumidores para seguir lo que hacen ustedes “, aseguró el 24 de noviembre. Cuatro días después desplazó a Lavagna y nombró a Felisa Miceli.

La era Moreno

Miceli debutó en diciembre de 2005 con un acuerdo con los supermercados que contempló una rebaja de 15 por ciento en 228 productos básicos por dos meses. El convenio funcionó en el corto plazo, pero la carne quedó afuera. El Gobierno respondió llevando las retenciones al 25 por ciento. En febrero de 2006, se volvió a firmar un acuerdo con los súper y se lo extendió hasta cubrir 351 artículos. La carne volvió a quedar afuera y puso en riesgo la estrategia. En marzo el Gobierno prohibió las exportaciones de carne y de ese modo forzó al sector a comprometer rebajas. En abril, Kirchner designó a Guillermo Moreno como nuevo secretario de Coordinación de Economía, quien quedó en los hechos como responsable de los precios. En abril de 2006 renombró a su secretaría como de Comercio Interior y anunció un nuevo acuerdo que incluyó precios de referencia para el ganado en pie y rebajas del 15 por ciento para cortes populares. Luego siguieron acuerdos con productores de insumos básicos, automotores, textiles, laboratorios, prepagas y colegios privados, entre otros. Además, en octubre renovó el convenio con los supermercados.

Finalmente, el Gobierno mantuvo en 2006 una inflación por debajo de los dos dígitos (cerró en 9,8 por ciento), pero en enero de 2007 comenzaron de nuevo los problemas. A comienzos de ese mes hubo fuertes subas en alimentos, que combinados con los ajustes de turismo, prepagas y taxis amenazaban con disparar la inflación. Moreno aseguró entonces que el problema no sólo eran los precios sino la forma en que se los medía, y decidió tomar el control del Indec. El primer índice que cambió fue el de enero de 2007, que debía dar por encima de 2 puntos y terminó en 1,1 por ciento, al contabilizar como aumento de las prepagas sólo el 2 por ciento autorizado y no el ajuste real, que había sido más alto.

A partir de entonces, siguieron los acuerdos sectoriales, aunque ya fue más difícil certificar su eficacia. La suba en la cotización internacional de los alimentos le metió una presión adicional al Gobierno, que intentó controlar los precios también con suba de retenciones. Durante la disputa con las entidades rurales, los problemas se agudizaron. Pese a todo, la inflación oficial de 2008 arrojó 7,2 por ciento, aunque por entonces las consultoras ya daban cuenta de una suba superior al 20 por ciento. La política de acuerdos se mantuvo en los años siguientes. A partir de 2011, Moreno incluyó iniciativas pintorescas, como los planes “Merluza para Todos”, “Milanesas para Todos”, “Carne para Todos”, “Lácteos para Todos” y “Cerdos para Todos”, de escasa efectividad. En 2012 presentó además el portal web preciosensusitio.gob.ar, donde supuestamente se podía consultar la disponibilidad de 350 productos y elegir a dónde ir a comprarlos. Para reforzar los acuerdos, en mayo de 2013 Cristina Kirchner también lanzó el plan “Mirar para Cuidar”. La última iniciativa de Moreno fue la tarjeta SúperCard, que iba a servir para conseguir descuentos en supermercados, pero quedó en la nada. El 19 de noviembre del año pasado, la Presidenta finalmente desplazó a Moreno.

El plan Kicillof

La gestión de Axel Kicillof evidenció continuidades y rupturas respecto de lo hecho por Moreno. El programa Precios Cuidados, que el nuevo secretario de Comercio, Augusto Costa, negoció con los supermercados, revela que la política de acuerdos sigue, al igual que la intención de involucrar a la ciudadanía en el control. La diferencia con los planes de Moreno es que el nuevo acuerdo contempla apenas 100 productos en 194 presentaciones, a precios más cercanos a los de mercado, para evitar que desaparezcan de las góndolas. El programa se lanzó a comienzos de enero y a los pocos días el Gobierno convalidó una suba del dólar de 20 por ciento. Hasta ahora, Kicillof logró contener los precios de los productos acordados e involucrar a la ciudadanía en el control, en un contexto en que el resto de los bienes y servicios registraron fuertes subas, pero los supermercados ya hicieron saber que incluso esos 100 productos no seguirán congelados más allá de este mes. El objetivo oficial es negociar una prórroga y sellar acuerdos similares con otros sectores.

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El secretario de Comercio, Augusto Costa, es el encargado de implementar el programa Precios Ciudados.
Imagen: Bernardino Avila
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