EL PAíS

Un conflicto sin desperdicio

 Por Mario Wainfeld

El intendente de Quilmes, Francisco Gutiérrez, militó en la izquierda, padeció persecuciones y cárcel. No es, por historia y personalidad, alguien que se deje arrear o amedrentar.

El Barba Gutiérrez es también dirigente sindical, parido desde la base. Conoce el tejido de las negociaciones, sus lógicas y los intereses de los trabajadores.

Seguramente puso todo ese bagaje en juego para prevalecer en el conflicto que lo enfrentó al sindicato de camioneros por la recolección de basura.

Venció el plazo de concesión a la empresa Covelia, Hugo y Pablo Moyano presionaron para que se renovara de facto o de prepo. Hay quien denuncia que el líder de la CGT opositora es dueño de la empresa, lo que no es sencillo de probar. Sí es cierto que “el Negro” la defendió como si lo fuera. Y que, más en general, su perfil luchador se acentúa más contra empresas que no son de su sector (supermercados, Techint, Clarín sin agotar la lista) que con las de su propia actividad.

Pablo Moyano amenazó con muertes, debilitando su propia posición.

El intendente se mantuvo firme. Lo apuntaló el apoyo de la Presidenta. Cristina Kirchner lo avaló de cuerpo presente y de viva voz en un acto al que también asistían el gobernador Daniel Scioli y el secretario general de la CGT oficialista, Antonio Caló. Eso reforzó el apoyo de esa central y del sindicato metalúrgico, que es el de Gutiérrez. Scioli, que jamás se distrae, habrá tomado nota. Y quién sabe, por ahí le pegó una llamadita a Hugo Moyano, con quien conversa. “Daniel”, es consabido, departe con todos.

Se llegó a un acuerdo que contempla la continuidad de muchos trabajadores, que serán municipalizados. Conservarán sus sueldos. Covelia deberá hacerse cargo de las indemnizaciones por despido. La ingeniería legal es compleja, Gutiérrez recurrió al apoyo técnico y político de altos funcionarios del Ministerio de Trabajo.

Para el municipio será un alivio presupuestario importante, asegura el intendente. La recolección de basura es uno de los gastos comunales más relevantes: suele llevarse algo así como un tercio del presupuesto.

El acuerdo seguramente generará imitaciones: hay nueve intendentes del conurbano bonaerense dispuestos a emprender el mismo camino. Hugo Curto, de Tres de Febrero, ya anunció que venció el plazo de la concesión a la empresa Covelia y que no se renovará. Curto es metalúrgico también aunque su militancia histórica no lo acomoda, precisamente, en el mismo carril que el Barba Gutiérrez.

Habrá que ver la respuesta que va dando el sindicato de camioneros ante lo que puede significar un cambio sustantivo. Desde luego, no está escrito que el precedente de Quilmes cunda en otros territorios, aunque el éxito insufle voluntad a los intendentes.

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Moyano afronta otro reto en esta semana: el acto en la Plaza de Mayo. Su última convocatoria no decepcionó pero tampoco fue muy masiva. El problema es que muchos asistentes de entonces se le desgajaron. Para empezar, la izquierda clasista y la CTA opositora que le hicieron número aquella vez. Y siguen siete gremios de la CGT que ya no lo apoyan.

Así las cosas, cuenta básicamente con sus compañeros camioneros, que siempre le responden, y con lo que aporte Luis Barrionuevo. Moyano tiene experiencia de calle y ha sabido armar movilizaciones pacíficas y numerosas, sus laburantes lo bancan.

Barrionuevo es un aliado problemático. Nadie (Moyano menos que nadie) supone que congregue a muchos compañeros gastronómicos o a un buen puñado. Habrá que ver a quiénes suma y si consigue conducirlos en un escenario que sólo será funcional para los organizadores si no hay desbordes ni incidentes.

El número también cuenta claro: al jefe de la CGT le contarán las costillas.

Por último, solo en la enunciación, deberá cuidar su verba, que a veces le juega malas pasadas cuando le habla a un auditorio que excede a su propia base.

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Moyano espera que llegue el momento de su paritaria para mover para arriba el amperímetro de los reclamos. Barrionuevo, otro tanto. El gremio de la Alimentación es el tercero de los grandes que no ha cerrado y que seguramente demandará más que el promedio de los gremios que fueron cerrando trato.

En Trabajo repasan esa lista, confiando en sumar pronto a Sanidad. El promedio le da bien, para sus propias premisas. Más allá de que la cifra real de las convenciones colectivas no se puede subsumir en el número que se publica en los diarios, en el Gobierno hay satisfacción por los sucesivos acuerdos que rondaron el 30 por ciento. A su ver, la suma no produjo efecto cascada, no aceleró las expectativas inflacionarias de por sí elevadas. El voluntarismo oficial pretende que con esos guarismos se empatará a la inflación anual... no es tan simple compartir su optimismo.

Pero eso se tabulará dentro de algunos meses, si hubiera un gap contra el bolsillo de los trabajadores podrían surgir planteos de reapertura de paritarias, un horizonte que el Gobierno confía evitar con mejoras en la economía real en los meses venideros.

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Lo que sí enciende “luces amarillas” para Trabajo y la Casa Rosada son las suspensiones en el sector automotor a las que se suma una merma de actividad en el ramo de la construcción. Son dos ramas de actividad trabajo-intensivas que crecieron mucho en la etapa.

En las automotrices no hay despidos en número significativo, explican, pero sí muchas suspensiones. Su impacto es diferente en las terminales respecto de las autopartistas. Aquéllas son grandes empresas, con más espalda para resistir. Y el sindicato respectivo, Smata, tiene armado un esquema sofisticado que responde bien a las vicisitudes del mercado de trabajo, incluyendo altas retribuciones mientras hay suspensiones.

Las autopartistas son, en cambio, pequeñas y medianas empresas, más vulnerables. La UOM, el sindicato respectivo y el paraguas convencional, es mucho más precario para tutelar el bolsillo de los trabajadores.

Por ahora, el Gobierno no ha tenido que activar los procedimientos preventivos de crisis (que son un termómetro bastante certero). Ni tampoco poner en funcionamiento al programa Repro que se hace cargo de parte de la carga salarial para mantener los niveles de empleo. De cualquier forma, las tendencias preocupan y se siguen día a día.

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