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Kirchner se durmió entre dos opciones simpáticas

El gobierno nacional se jugaba dos posibilidades con la elección de ayer. O consolidar el espacio más afín dentro del peronismo o ver el triunfo de una fuerza que afirmase la proyección transversal del centroizquierda más allá de la frontera de cada partido.

 Por Fernando Cibeira

No era tanto como cuando a los chicos se les pregunta si quieren más al papá o a la mamá, pero a medianoche la indefinición de la elección santafesina entre el justicialista Jorge Obeid o el socialista Hermes Binner ponía al Gobierno ante la disyuntiva de inclinarse por una de dos opciones que le resultaban simpáticas. Obeid le sumaba un poroto en la interna peronista, de parte de un dirigente que apoya desde hace tiempo a Kirchner. Binner, en tanto, era el fortalecimiento de la fuerza transversal progresista, esa utopía presidencial que se juega una gran parada el domingo que viene de la mano de Ibarra en la Capital. Pasada la una de la madrugada, Obeid salió a proclamar su triunfo y contó que Kirchner y Duhald lo habían llamado para felicitarlo.
Dada la forma atravesada en la que circulaba la información, se le hacía difícil al Gobierno opinar abiertamente sobre lo sucedido en Santa Fe. Basta decir que los primeros cómputos daban ganador a Alberto Hammerly, el candidato de Reutemann, la posibilidad menos querida. La imagen del Lole cayó luego del desastre de las inundaciones pero en el Gobierno sabían que como candidato a senador nacional iba a conseguir muchos votos. Aunque tienen un trato razonable, Kirchner no le tiene ningún cariño a Reutemann, quien en la elección presidencial se abstuvo aunque apareció más cerca de Menem.
Para desagrado del Gobierno, resultaba que la candidatura del gobernador, casi seguro senador electo, había traccionado a Hammerly. Aun perdiendo, una buena elección servía para reposicionar a Reutemann como referente dentro del PJ y, en un futuro hipotético, tal vez a alguien se le ocurriría fogonearlo como el nuevo referente de esa derecha que todavía busca a su líder. En definitiva, un problema a futuro.
El ministro del Interior, Aníbal Fernández, monitoreó la marcha de la jornada electoral, habló con Obeid y esperó a que salieran las primeras mesas. Se hizo todo tan lento que pasó el parte a Olivos y se fue a dormir. Las reacciones iniciales no sorprendieron a los funcionarios. En Interior tenían información de que Binner saldría a anunciar su triunfo, amparado en las denuncias de irregularidades que hizo en los días previos. Es decir, si los números luego no daban, quedaba habilitado para hablar de fraude. Binner había sido el candidato preferido del Presidente. El socialista basó buena parte de su suerte en el apoyo que consiguió a nivel nacional de la líder del ARI, Elisa Carrió, y, principalmente, de Kirchner. También se comprometió a alinearse con las políticas de la Rosada en caso de resultar electo. Además, como intendente de Rosario mantuvo por años afinidad con lo que hacía Ibarra en la ciudad de Buenos Aires.
Los dos, entonces, entraron en el armado transversal que imagina el Presidente como superación a la estructura de los viejos partidos, con los que no se siente identificado. Kirchner dio señales: viajó a Rosario y se fotografió con el socialista. Luego, las quejas que recibió de parte de los dirigentes justicialistas lo obligaron a recatarse pero no borró dónde tenía su corazoncito. “La verdad, Néstor prefiere a Binner por una cuestión de cercanía ideológica”, explicaba un amigo del Presidente. “Pero tampoco nos olvidamos de que Obeid fue uno de los que jugó bien con nosotros, aunque lo hizo más por su pelea con el Lole y su alineamiento con Duhalde que porque le gustaba Kirchner”, agregaba.
Es síntesis, si tenían que elegir cerca del Presidente preferían al intendente de Rosario pero, Obeid no estaba nada mal. El ex gobernador nunca formó parte de los dirigentes más identificados con el kirchnerismo del interior –como podrían serlo el jujeño EduardoFellner o el misionero Rovira– pero también es verdad que participó de los actos más importantes de la campaña presidencial.
“Yo no tengo que andar explicando mi relación con Kirchner porque es una relación histórica, nos conocemos desde las épocas de estudiante, militamos juntos en las agrupaciones juveniles del peronismo. Yo estuve en San Vicente cuando lanzó su candidatura, allá por enero”, se encargó de recordar Obeid en el reportaje publicado ayer por Página/12.
Dado que las dos opciones los dejaban conformes, cerca del Presidente ya les daba para pensar en el “superdomingo” que viene, cuando se elegirán cuatro gobernadores y un jefe de Gobierno. Con el triunfo de Solá asegurado en la provincia, el del amigo del Presidente, Sergio Acevedo, en Santa Cruz y el del también kirchnerista Fellner en Jujuy, no había problemas. Un posible triunfo radical en Chaco no los inquietaba tanto porque el candidato justicialista, Jorge Capitanich, no es alguien que les merezca simpatías. La gran duda estaba centrada en lo que fuese a suceder en la Capital. Las encuestas que hablan de un cabeza a cabeza entre Ibarra y Macri no habían servido para llevar tranquilidad a la Rosada. No obstante, confirmaron que la apuesta presidencial no cederá y hoy volverá a mostrarse junto a Ibarra. Todo sea por el sueño transversal.

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