EL PAíS › “NO HAY QUE APURARSE PARA FIRMAR”, DIJO EL VOCERO DEL FMI

¿Washington bajó el pulgar?

 Por Maximiliano Montenegro

“Es más importante conseguir aclarar las políticas monetarias y económicas en Argentina que apurarse para llegar a firmar un acuerdo.” Más clarito, imposible. El director del Departamento de Relaciones Externas del FMI, Thomas Dawson, le contestó así a Eduardo Duhalde y a Jorge Remes Lenicov, que en los últimos días se la pasaron hablando de la importancia de que la asistencia financiera del Fondo fuera inminente, y hasta advirtieron a Washington que, de otro modo, la crisis arrastraría con todas las “reformas” que sembró durante la última década. Dawson, el máximo vocero del organismo, también se preocupó por avalar a su hombre en Buenos Aires, Anoop Singh, que en los últimos días no se cansó de plantear nuevas exigencias: “No es irracional esperar medidas sustanciales de Argentina antes de que se le provea ayuda financiera internacional”, afirmó. Aunque todavía hay funcionarios que creen que la esperanza es lo último que se pierde, en el equipo económico empieza a cundir la sensación de que Washington les bajó el pulgar.
Cuando el fin de semana, Singh levante vuelo de regreso al Fondo, Duhalde tendrá por delante las semanas más difíciles de su gobierno. Como se evidenció días pasados, estará cercado por dos flancos. La disparada del dólar y la inflexibilidad de Washington, que seguramente alimentará la suba del tipo de cambio. Mientras tanto, deberá reabrir la agenda política para volver sobre sus propios pasos en temas que creía cerrados: más ajuste en el Presupuesto, aprobado recientemente; la reformulación de la ley de quiebras; y la limitación de la emisión de bonos provinciales o, en su defecto, obligar a las provincias a ajustar el déficit fiscal en una magnitud que ningún gobernador estará dispuesto a aceptar (ver aparte).
Por si fueran pocos los problemas a resolver que dejó el indio Anoop al nativo Duhalde, nadie sabe bien cómo hará el gobierno para frenar la escalada del dólar. No sólo porque no contará a corto plazo con los préstamos del Fondo, sino que encima el propio Singh “sugirió” que no sería conveniente malgastar reservas del Banco Central defendiendo el tipo de cambio. El dólar, audaz se eleva, entre otras cosas, porque la ayuda del Fondo está lejos. Y, para colmo, el propio FMI da la señal de que no derrochen muchos dólares en voltearlo, porque entonces el paquete del Fondo podría estar aún más lejos.
El desconcierto en Economía es tan grande que hay quienes especulan con que el Fondo se juega por un dólar “recontraalto”, como en los ochenta. La versión conspirativa dice que así podría haber una segunda oleada de capitales extranjeros comprando activos a precios de remate en Argentina, mientras que, con un buen superávit fiscal, el superávit comercial será tan grande que sobrarán los dólares para pagar a los acreedores externos.
Sea como fuere, la trampa cambiaria provocó en los últimos días tensiones entre el Ministerio de Economía y el Banco Central, conducido por Mario Blejer. En Economía le reprochan no haber vendido más agresivamente dólares para bajar la cotización. Hasta el Presidente sacó a relucir el corto circuito al decir públicamente que ya era tiempo de que el Central interviniera para garantizar una cotización “razonable”. Sin embargo, Blejer, funcionario del Fondo durante 20 años, parece sintonizar mejor con sus antiguos empleadores y todo indica que prefiere convertirse en un guardia de seguridad de las reservas. Así las cosas, a menos que los exportadores empiecen a liquidar rápidamente las divisas que retienen a la espera de más devaluación, el dólar tendrá cielo despejado.
Blejer todavía confía en que, aunque con demora, el auxilio del Fondo llegará. Y piensa que si el dólar se suelta algunos días o semanas, regresará mansito una vez que los exportadores tengan que vender masivamente sus divisas e ingresen los dólares de Washington. Sin embargo, la transición puede ser explosiva, porque si los precios también se escapan podrían retroalimentar una espiral de precios-dólar imparable. Sin acuerdo con el Fondo, lo que dijeron Remes y Duhalde es una obviedad. Inexorablemente la crisis se profundizará. Entonces, los consultores barajan dos escenarios: uno de castástrofe y otro de hiperinflación. Según los números de Broda, por ejemplo, en el primero el dólar terminaría a fin de año en 5 pesos y la inflación sería de sólo 175 por ciento. En el otro, el dólar se iría a 20 pesos y la inflación superaría el 1000 por ciento.

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