EL PAíS › DANIELLE MITTERRAND

El agua como derecho humano

 Por Martín Piqué

La oportunidad era perfecta. Danielle Mitterrand llegó a la Argentina para apoyar una campaña mundial en favor de la “gestión social del agua”. Aunque no lo tenía previsto, la viuda del ex presidente francés aterrizó en Buenos Aires poco después de que el socio mayor de Aguas Argentinas, la francesa Suez, anunciara su retiro de la privatizada que explota el servicio en la región metropolitana. De 81 años, Mitterrand tenía agendada una gira por el Cono Sur como titular de France Libertés. Se trata de una ONG que desde 1998 se involucró en el debate sobre el acceso público al agua potable. Su visita no pudo llegar en mejor momento. Ella aconsejará al Gobierno que aproveche la salida de Suez para crear una empresa pública con participación social. Mientras tanto, el Gobierno está analizando el reemplazo de Suez en la concesión de Aguas Argentinas: así, el servicio quedaría en manos privadas.
Aunque todo el mundo la llama por su apellido de casada, Danielle Mitterrand es hija de un maestro socialista de apellido Gouze. Tiene los ojos azules y la voz bajita. Conoce bastante de historia argentina, en especial de los últimos treinta años, por testimonio de sus amigos exiliados en París. “Fue una manera de acercarse a un pueblo. Más bien preferimos acercarnos a los pueblos con propuestas positivas de lucha. Naturalmente, nos acercamos a los argentinos por la represión”, comenta en francés a Página/12 al tiempo que la directora de proyectos de su fundación, Catherine Legna, traduce al castellano.
Mitterrand llegó a Buenos Aires como adelantada de una delegación más amplia. En estos días se sumarán el viceintendente de Grenoble, Raymond Avriller, una ciudad de 500 mil habitantes ubicada en los Alpes franceses, y Anne Le Sratt, la directora general de D’Eau de París, la sociedad que gestiona el servicio de aguas públicas de la ciudad luz. Junto con Mitterrand, la presencia de
Avriller y Le Sratt aportará un debate casi prohibido en las reuniones con los funcionarios argentinos. En Grenoble, tras una movilización de años, la sociedad civil logró anular la privatización del servicio de provisión de agua potable. Luego se creó una empresa pública que ya lleva cinco años de gestión, en los que logró –por sus resultados– rápidos contrastes con la administración privada.
Mitterrand elogia la experiencia de la estatización de Grenoble. “En cinco años de gestión pública, lograron dar un servicio más barato, al 50 por ciento del costo para la gente y con tres veces más servicios. Mejor agua, más barata y de mucha mejor calidad. Por eso los invitamos a venir, porque ellos demuestran que es posible y que es mejor que lo privado”, informa durante la entrevista con Página/12. La viuda del ex presidente francés se reunirá con Kirchner el martes. El mismo día se entrevistará con el ministro de Planificación, Julio De Vido. Su agenda también incluye una visita a la ESMA.
En la reunión con Kirchner, Mitterrand contará la experiencia de Grenoble, que comenzó con la resistencia a una privatización –en la Argentina se vivió un proceso similar con Aguas Provinciales de Santa Fe, Aguas de Aconquija en Tucumán y Azurix en Buenos Aires– terminó con la reestatización del servicio. También informará sobre la forma en que opera la sociedad mixta D’Eau de París, que combina gestión privada con una supervisión estatal. Habrá que ver si el Gobierno se anima a tomar esos casos como modelos. “Sólo la gestión estatal garantiza el servicio público del agua. Voy a encontrarme con los miembros del gobierno argentino, con el presidente Kirchner, exactamente con la misma determinación. No sé si me va a escuchar”, anticipa Mitterrand.
Reconocida luchadora por los derechos humanos, la titular de France Libertés no conoce en persona a Kirchner. “Sé lo que se sabe en Francia por los diarios y los periodistas. Se sabe, por ejemplo, que firmó el decreto que terminó con la impunidad (se refiere al decreto que impedía que los represores pudieran ser extraditados al exterior). Eso fue muy importante y tuvo coraje. Cuando vaya a verlo voy a completar mi opinión personal sobre él”, dice. Su visita fue coordinada por el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, junto con un arco de organizaciones barriales y agrupaciones de consumidores que se especializaron en la lucha por el acceso público al agua potable y su definición como servicio público.
Ayer, en el Hotel Bauen, la mayoría de esos grupos acompañaron a Mitterrand en su primera actividad pública en Buenos Aires. Allí aprovecharon para denunciar el escasísimo nivel de inversión que Aguas Argentinas entre los años 1993-2001 (el propio Kirchner ha dicho que no plantaron “ni un metro de caño”) y denunciaron que muchos medios de comunicación ocultaron esa realidad por las pautas publicitarias de la privatizada. “Ningún privado va a venir a invertir en el agua, por el simple problema que el tema del agua es un problema de los barrios más humildes y ningún privado va a invertir en zonas donde no va a poder sacar rentabilidad”, denunció Roberto Díaz, santafesino. Su opinión reflejó la del conjunto: una abierta oposición a que Aguas Argentinas siga en manos privadas. “Venimos a denunciar el fracaso rotundo de la privatización.”
En sus reuniones con funcionarios, Mitterrand llevará estos reclamos. Será escuchada diplomáticamente, en su condición de figura internacional. Pero la francesa no tiene un nada de ingenua: aprovechará su estadía para exigirles a Kirchner y el jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, que firmen la declaración de Roma que sostiene que el agua es un “derecho humano universal”. Ayer se preocupó por aclarar que dos alcaldes progresistas, el de Roma y el de Florencia, ya lo firmaron.

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