EL PAíS › OPINION

Uruguayos y argentinos mancomunados

 Por Norma Giarracca *

El consejo de ministros del gobierno uruguayo, con el aval del presidente Tabaré Vázquez, prohíbe las manifestaciones argentinas contra Botnia en ese territorio. La medida llegó a raíz de que, con la inauguración de la Asamblea Regional del Río Uruguay, se registró un nuevo hito en la disputa con las pasteras por el cuidado de los ríos, recuperando el carácter binacional inicial de las acciones. El comienzo de la disputa contra la instalación de las pasteras había sido netamente binacional. En efecto, cuando recorremos las narraciones de los principales actores de los primeros años del conflicto, inmediatamente aparecen la influencia, la fuerza, la decisión y la experiencia de los uruguayos. El abrazo al río Uruguay de abril del 2005 –poco tiempo después del cambio de gobierno en Uruguay– se dio entre argentinos y uruguayos en un simbólico punto de encuentro en el puente San Martín. Un tiempo después la protesta se centró en su expresión pública en Gualeguaychú porque los pioneros uruguayos quisieron darle tiempo a su nuevo gobierno que se había declarado contrario a estos emprendimientos como oposición y durante su campaña electoral.

Tanto los uruguayos como los entrerrianos de la lucha ambientalista actual proponen en sus discursos levantar las banderas artiguistas de fuertes connotaciones regionales y anticoloniales. Se suele reenviar el sentido de sus acciones a las luchas mancomunadas de comienzos del siglo XIX que derivaron en la formación de La Liga Federal (1813-1820). Ese espacio generado por Artigas estuvo conformado por los territorios de seis provincias de la Argentina de hoy –incluyendo obviamente Entre Ríos– y la actual República Oriental del Uruguay. Contó con un importante instrumento legal conocido como “reglamentos de tierra” en el que proponía un cambio radical en la distribución de la tierra y las riquezas. Pobres e indios participaban en tal distribución. El gobierno de Buenos Aires con la ayuda portuguesa acabó con el proyecto artiguista, pero aquel espíritu social y libertario aún recorre las asambleas de una y otra orilla.

Por estas razones asombra la sobre reacción a las marchas y protestas sociales no violentas rioplatenses por parte del gobierno del Frente Amplio. La exacerbación de sentimientos nacionalistas contra vecinos latinoamericanos ha sido una costumbre de los gobiernos de derecha y no de los de izquierda. Si Tabaré Vázquez hubiese sido alcalde de Porto Alegre, gobernador del estado de Río Grande del Sur o presidente de Brasil en 2001, el Foro Social Mundial no existiría. A Fernando Henrique Cardoso, un hombre de centro que renegó de los postulados de la izquierda, creo que jamás se le hubiese ocurrido una medida como la que avala Tabaré Vázquez a pesar de los ataques directos a empresas norteamericanas por parte de los activistas del FSM.

Los postulados de la vieja izquierda europea encuentran ecos en estas expresiones de los funcionarios del gobierno uruguayo: jerarquizar el productivismo frente a la naturaleza y el medio ambiente, determinismo económico, creencia en que la liberación de fuerzas productivas conducen a algún “progreso” deseable y que todo esto se logra con instituciones que manejan la gobernabilidad de las poblaciones quienes, por otra parte, necesitan ser educadas, conducidas, vigiladas y sancionadas. Como dice un sociólogo de nuestro tiempo, un pensamiento de izquierda que se quedó con la pura regulación y perdió sus componentes emancipadores. Y en ese sendero con mucha frecuencia se roza el nacionalismo autoritario.

Los movimientos sociales, las protestas en calles y en los puentes sin dirigentes para negociar, que expresan un radical descreimiento en el “progreso” de las pasteras, del agronegocio, de la producción minera, con estéticas murgueras y dramatizaciones que reenvían a la hilaridad barroca latinoamericana más que a los postulados disciplinantes de los viejos gremios, exasperan tanto a los gobiernos autoritarios argentinos (baste nombrar a los de San Juan, Salta, Santiago del Estero, Formosa...) como al gobierno del Frente Amplio. No obstante, la vieja tradición de pueblos mancomunados en la búsqueda de sociedades mejores, más justas y conscientes de la colonialidad del poder común, hoy es rescatada por muchos movimientos sociales pero también por algunos gobiernos de América latina.

* Socióloga, investigadora del Instituto Gino Germani (UBA).

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