ESPECTáCULOS

La selección de Básquet tuvo su primer cuarto de hora mediático

Después del Mundial, los principales programas se disputaron la presencia de los nuevos cracks, que se prestaron gustosos y algo sorprendidos.

 Por Mariano Blejman

Inmensos y desproporcionados, al menos para la tele. Son simpáticas torres que se dejan hacer de todo y se deshacen ante cualquier pedido que implique divertirse un rato. Se mueven por un mundo de reglas que acaban de conocer: las costumbres de la tele. Aparecieron mediáticamente de golpe, en un canal de cable que no pasa habitualmente los 2 puntos de rating, y lo llevaron a más de 8, cuando nadie –o casi nadie– lo esperaba. En un Mundial de Básquet que pocos tenían en cuenta cuando llegó y que nadie esperaba que terminara como terminó.
Los jugadores se fueron encendiendo junto a los televisores. Y el boca a boca comenzó a despertarse tal vez, más o menos, cuando vencieron al gigante de China. Entonces las abuelas se acercaron al televisor, los niños aprendieron qué era un doble, un triple, o algo más: cómo se ejecutaba una falta técnica. En los bares, los televisores, los que mantienen el cable, cambiaron el fútbol por la proeza de ganarles a los superhombres de la NBA. Y no hubo vuelta atrás. El policía y el diariero conversaban sobre lo bien que manejaba el dribling este pibe Ginóbili, sobre la potencia de Scola para el rebote y la buena técnica de Pepe Sánchez al tirar. Cuando llegó la semifinal con Alemania, todos fueron grandes expertos. Y para el tapón final que puso Yugoslavia, las tribunas ad hoc pudieron ver “con claridad” que el árbitro bombeó ¡sin duda! Se convencieron entre sí. Y se fueron a casa sin saber si había que festejar o no ante la medalla de plata.
Los jugadores llegaron entonces al país, aunque no por mucho tiempo. Y detrás de ellos reapareció esa marca argentina que parecía olvidada: había renacido Topper, que los llevó de la mano por la tele, que se puso atenta a los pasos de los nuevos héroes nacionales. Y ellos se prestan sin escrúpulos. Los jugadores y la tele están disfrutando un chiche nuevo: se reconocen como piezas extrañas de un museo del segundo puesto. Se han convertido de ositos de peluche tamaño baño, para adornar los tiempos muertos de la pantalla. Primero ofrecieron una larga conferencia de prensa en Ezeiza, al mejor estilo Bielsa. Pero habló Rubén Magnano, quien hasta hace dos semanas era un ignoto entrenador, al menos para el mundo de la tele. Ahora, todos recuerdan su sonrisa cuando el Dream Team ya no podía con los ositos volcadores.
Los jugadores han pasado días enteros en programas de toda índole. Los primeros minutos, estuvieron instalados en “Después de Hora”, Canal 9. Los chicos son nuevitos, claro, y no tienen problemas con nadie. Esa misma noche hubo fiesta en Buenos Aires News, que organizó ESPN+, canal que los vio nacer en el Mundial. Al rato, aparecieron seguidos por los intrépidos noteros de “Caiga Quien Caiga” durante varios bloques del programa. Allí, los jugadores se apropiaron otra vez de reglas impropias, las de la tele, pero que sus managers supieron aprovechar: se pusieron lentes negros y quisieron filmar el encuentro con el presidente Eduardo Duhalde a pedido de “CQC” con una camarita. No pudieron.
Entonces cambiaron de frente y pasaron, con un giro invertido, a visitar a Marcelo Tinelli, quien los hizo competir por una computadora –para todos– y un televisor color si embocaban en un aro puesto de apuro. Tinelli, claro, se puso la camiseta de Topper firmada por el equipo completo y embocó el primer tiro para tres puntos. Ginóbili, en cambio, falló. Entonces, los jugadores se pararon frente a Tinelli, como para que sepa que el conductor todavía no está a su altura. Y Topper resucitaba, con cierto aire chauvinista, a pura camiseta argentina, que acompaña al deporte triunfador, un éxito aunque seamos segundos, por la mala suerte de unos pocos segundos. La tele se los apropió de prepo, sin pedirle permiso a nadie. Son unos bichitos raros. O lo fueron por unos días. Ahora el noticiero de Telefé sigue la Liga Nacional de Básquet en su pantalla sin saber, empero, que los mejores se van para afuera. El televidente deberá estar atento: las estrellas del básquet van a desaparecer pronto. Estaránel tiempo que sea necesario y volverán hacia el norte unidos y revalorados, en su precio justo.

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Los basquetbolistas se convirtieron en estrellas mediáticas.
Tanto Tinelli como Pergolini estuvieron atentos a sus movimientos.
 
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