ESPECTáCULOS

Ese viejo interrogante de qué hacer con el cadáver

La obra “Considera esto”, de Gladis Lizarazu, mezcla la diferencia generacional con elementos típicos del policial.

 Por Cecilia Hopkins

Escrita por Gladis Lizarazu y distinguida con una mención especial del jurado del Premio Germán Rozenmacher, Considera esto es una comedia que perfila una serie de personajes que contrastan sobre el fondo de una intriga policial. La soledad los ha moldeado de diversa forma y, según su entorno y edad, todos encontraron el modo de paliar la angustia. Lo generacional tiene un espacio de representación importante en esta obra que conduce Diego Kogan en este su primer trabajo de dirección en el Cervantes. El ritual del escapismo entre los más jóvenes consiste en vivir a contrapelo del reloj y a favor de las emociones fuertes. Entre los adultos, en cambio, la búsqueda de compañía es el tema central. Unos eligen conocer a sus potenciales parejas por agencia, pero también la calle aparece como opción para la obtención de una esperanza de consuelo, tan fugaz como el placer que provoca revisitar una y otra vez aquellas fotos que recuerdan aventuras del pasado.
El trasfondo policial toma cuerpo cuando Tina (Marcela Guerty) y Frank (José Luis Alfonzo) se encuentran en la situación de deshacerse del cadáver de quien ha muerto accidentalmente en la casa. Una serie de evidencias abren camino al inverosímil trabajo de investigación de Pichón (Carlos Roffé), el policía que está noviando con Delicia (Marta Bianchi), la mamá de una de las sospechosas. Primero caprichoso y violento, el hombre va apaciguando su carácter hasta convertirse en el detective sagaz típico de las series. Alcohólica y noctámbula, su pareja también revela otra faceta de su personalidad las veces que se siente culpable del desorden en que vive Tina. Porque si bien esta comedia llega en el envase posmoderno de las escenas fragmentadas y los personajes alocados que no terminan de justificar su accionar, entre todos ellos Delicia es una excepción.
Hija de un matrimonio desavenido, Tina escuchará más de una vez las disculpas de su madre e, incluso, asistirá a una confesión que por su tono dramático escapa del código general que plantea el espectáculo. El ritmo flaquea por momentos y el video que hacia el final intenta arrojar alguna luz sobre la relación de la protagonista con el muerto parece innecesario. Introducidos de modo algo forzado en esta trama de ocultamientos y desencuentros, dos personajes secundarios aportan, en cambio, un encanto peculiar: son el ex cantante de boleros (interpretado por Oscar Núñez) y Lucha (a cargo de Pamela Rementería), la muchacha por horas que adora la bailanta.

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Esta obra es la primera puesta de Diego Kogan en el Cervantes.
Fue distinguida con una mención del Premio Germán Rozenmacher.
 
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