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“Los argentinos no están orgullosos de su música”

Superada su experiencia política como candidata a senadora, Susana Rinaldi vuelve de lleno a lo suyo: esta noche, en el Argentino de La Plata, presentará un repertorio clásico, realzado por la orquesta del teatro.

 Por Karina Micheletto

Durante largos años, Susana Rinaldi pasó la mitad de su tiempo –en rigor, la mitad del tiempo en el que no está de gira– en la Argentina y la otra mitad en París. Hace poco que cambió la residencia europea por Roma, una decisión que para la cantante significa “dar la vuelta que mi padre no dio”. Hubo un tiempo en que de buena gana hubiera terminado con este doble domicilio. Fue el año pasado, cuando se candidateó a senadora nacional por el ARI, detrás de su amigo Alfredo Bravo. Por entonces prometía dejar las luces de los escenarios y su casa parisina si resultaba electa. No pudo ser. De aquella experiencia, asegura, le queda “la evidencia del miedo que se le tiene a la cultura”, y una amarga comprobación: “Creí que además de ser aceptada, mi candidatura iba a ser acompañada dentro del partido. No fue así, salvo por mi compañero de fórmula”, afirma Rinaldi. “Cultura es una palabra que deja preocupados a los populistas: ¿cómo, se va a hablar de presupuesto para cultura todos los días en el Senado? ¡Mejor no!”, agrega convencida.
Ahora la cantante va a presentar Susana Rinaldi en concierto, con un repertorio de tangos clásicos, en una única función en la Argentina, hoy a las 21 en el Teatro Argentino de La Plata. Estará acompañada por la orquesta estable del teatro, con Juan Carlos Cuacci como director invitado, y los solistas Juan Alberto Pugliano en piano, Pablo Mainetti en bandoneón, José Luis Colzani en percusión y Raúl Peña en guitarra. Piensa seguir este espectáculo, que ya la llevó por lugares como Finlandia -donde grabó un disco en vivo–, España, Suecia y Francia. “Es una propuesta que vengo insistiendo en traer acá, y el Teatro Argentino de La Plata recogió el guante. En el exterior siempre canté con orquestas sinfónicas y filarmónicas, de todo el mundo. Como conozco el valor de las grandes orquestas de mi país, y como me formé en escuelas de cámara y sinfónicas, siempre me preguntaba: ‘¿Por qué no podré hacerlo en casa?’ Pasaron años, pero por fin se juntaron los buenos ángeles”, explica.
–¿Y por qué no podía hacerlo antes?
–Porque los argentinos somos muy difíciles, tenemos mecanismos muy extraños por los cuales resolvemos unirnos o desatarnos. Cuando alguien propone hacer algo, siempre hay una segunda lectura. A veces hay razones de orden político, económico, burocrático, que te lo impiden. Y a veces también hay una desvalorización muy grande de lo nuestro. Nosotros no somos un pueblo orgulloso de su música. Nos ponemos la camiseta del tango recién cuando estamos afuera. Cualquier argentino en el exterior escucha un tango y llora. Ese mismo argentino elige cualquier otra música cuando está en su casa. Hay toda una generación que quedó afuera. Dígale a un chico de 20, 30 años, que cante un tango. No puede, porque no sabe. Es más fácil que conozcan un tema de Serrat o de Silvio Rodríguez que un tango canción.
–¿No cree que en el último tiempo el tango se expandió, con el surgimiento de intérpretes y agrupaciones jóvenes?
–Se expandió el tango danza y el tango instrumental. Pero su poesía no se expandió. Todos se quedan en el repertorio clásico. Pero no extraen tangos maravillosos, de todos los autores que aparecieron en los ‘60 y ‘70. Nunca más se escuchó un tema escrito por Mandy o por Héctor Negro, cosas que hablan de las vivencias más actuales. En el ‘70, cuando yo aparecí, hizo su introducción en la historia del tango la mujer. ¡Y se la perdieron! Nos dejaron pasar, no nos pasaron por la radio, no nos dieron más lugar en la TV. Muchos de los que nacimos en la televisión hoy sólo tenemos cabida en el aire en algunos reportajes, en aquellos para los que servimos. Que hoy la televisión argentina se permita no tener un espacio para nuestra música me parece una vergüenza. Afuera siempre me piden material filmado, y cuando les digo: “No, yo no estoy más en la televisiónde mi país”, no lo pueden creer. Tuve que hacer videoclips para tener material actual.
–¿Por qué dice que a las mujeres “las dejaron pasar”?
–Porque fue así. En su momento Piazzolla dijo “La mujer cambió la historia del tango”. Tenía razón, pero después no la dejaron avanzar más. En lugar de decir: “Uy, de dónde salieron, vamos a aprender un poco”, les cerraron las puertas. Y lo que pasó fue que su música se exportó, y se explotó afuera. Yo insistí obstinadamente, otras no. Claro, entiendo que no todo el mundo puede hacer lo que hice yo, esperar el reconocimiento después de los 60 años.
–¿A qué intérpretes rescata dentro del tango actual?
–La verdad, a ninguna.
–¿Ninguna, ninguna?
–No me despiertan interés los repertorios que escucho. Cantan siempre lo mismo, los tangos que ya conocemos. Yo creo que si sos mujer y estás metida en el tango tenés que ser un poco coherente. Tenés que saber que no estás ocupando un lugar sólo para cantar, tenés que darte el espacio para ciertos lujos.
–¿Volvería a postularse a un cargo político?
–Hoy no, pero no sé si en dos años pensaré lo mismo. Hoy por hoy estoy trabajando en política desde el no molestar, y espero. Sé esperar activamente. Sé que éste es un tiempo de caídas de imperios, y estoy totalmente segura de que los pequeños imperios locales, dicho en elegante castellano, pronto se van a ir a la mierda.

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Cuando no está de gira, Rinaldi divide su tiempo entre sus casas de Buenos Aires y de Roma.
 
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