ESPECTáCULOS › “HERENCIA DE SANGRE”, DE MICHAEL CATON-JONES, CON ROBERT DE NIRO

Cuando el asesino está en la familia

En una película que respeta los códigos de Hollywood pero logra evitar los lugares comunes, el gran actor, rodeado de amigos y conocidos, se mete en la piel de un policía que debe iinvestigar a su propio hijo. El clima recuerda a los films de criminales de los años 30 y 40, con sus costados oscuros y sórdidos.

 Por Horacio Bernades

En Herencia de sangre, Robert De Niro retoma antiguas costumbres. Como en Una novia para dos novios (Mad Dog and Glory), Tierra de policías y 15 minutos, personifica a un policía. Como en Mi vida como hijo y A Bronx tale, hace de padre en problemas con su hijo. Y de paso se rodea de viejos amigos, a uno y otro lado de la cámara. Teniendo como director a Michael Caton-Jones (el mismo de Mi vida como hijo), De Niro se consiguió como compañeros de elenco a George Dzundza (uno de los cuatro cofrades de El francotirador), William Forsythe (integrante del cuarteto protagónico de Erase una vez en América), y hasta su hija adoptiva Drena De Niro, que hace un cameo. Un poco a la manera de aquellos melodramas criminales que la Warner solía producir durante los años 30 y 40, en Herencia de sangre la anécdota policial funciona casi como excusa para dar lugar al drama psicológico-social, de evidente intención aleccionadora y moralizante.
Basada en un artículo periodístico originado en un caso real, puesta al servicio del guión y los actores y dirigida por el escocés Caton-Jones (Rob Roy, El chacal) con ese grado cero del estilo que parecería su característica más saliente, se le puede achacar a Herencia de sangre un aire algo vetusto. Pero sus méritos se acrecientan por el solo hecho de ser esa clase de películas a las que alguna vez se denominó “dramas adultos”, y que el Hollywood-para-adolescentes de las últimas décadas prácticamente renunció a producir. De Niro es aquí Vincent La Marca, policía italoamericano radicado desde hace años en Manhattan, cuya vida de solitario –que incluye amigovia en el piso de abajo– se ve imprevistamente alterada a partir del momento en que debe volver a sus pagos. Para investigar el crimen de un narcotraficante, La Marca viaja contra su voluntad hasta la vecina Long Beach, uno de esos parajes estadounidenses que, como Atlantic City, ayer nomás fueron pura opulencia y hoy son una ruina.
“Parece como si por acá hubiera pasado el ejército serbio”, comenta La Marca a su compañero Reg (George Dzundza) cuando recorren por primera vez las calles del devastado balneario. Años atrás, La Marca había huido de allí, abandonando esposa (la italoamericanísima Patti LuPone) e hijo. Casi sin recuerdos del padre en fuga y por lo visto necesitado de él, a esta altura Joey (James Franco, rival de Tobey Maguire en El hombre araña) es, más que un adolescente-problema, un drogón de esos que le roban plata a mamá para hacerse de su dosis diaria. En un entrevero, el chico asesinó sin querer a un dealer, por lo cual La Marca terminará enterándose de que el asesino que vino a apresar no es otro que su propio hijo. Tironeado entre la culpa de padre abandónico y el deber, las cosas se complican más aún por un antecedente familiar que conviene no revelar, pero ante el cual el detective no puede dejar de sospechar que el apellido La Marca es más una lacra que una marca. Su estado de crisis íntima terminará de agudizarse cuando, hastiada del hermetismo de Vincent, su novia (la magnífica Frances McDormand) le dé el ultimátum.
No faltan en Herencia de sangre ciertos estereotipos sociales a los que es tan afecto el Hollywood más conservador, como el del psicópata quecompone William Forsythe y que viene a representar la clase de escoria a la que el espectador más reaccionario ansiaría exterminar. Tampoco se echan de menos los más obvios subrayados sonoros: música elegíaca para los momentos de pérdida y brutales mazazos a toda orquesta, para los de acción. Sin embargo, la película dirigida por Caton-Jones trabaja muy bien el entorno derruido, de lugares vacíos y grandes galpones abandonados, haciéndolo funcionar como apunte realista, contexto preciso y adecuada metáfora del estado interno de sus personajes. Por otra parte, el conflicto central (esa “herencia de sangre” de la que habla el título local) elude las simplezas del determinismo genético por el que las convenciones hollywoodenses suelen mostrar también marcada afección, planteando una oposición, bastante más compleja, entre lo que se hereda y lo que se elige. No debería sorprender demasiado que al final todos sean bastante felices y coman perdices: al fin y al cabo, esto sigue siendo Hollywood.



(City by the sea) EE.UU., 2002
Dirección: Michael Caton-Jones.
Guión: Ken Hixon, sobre un artículo periodístico de Michael McAlary.
Intérpretes: Robert De Niro, Frances McDormand, James Franco, Eliza Dushku, William Forsythe, Anson Mount y Patti LuPone.
Estreno de hoy en los cines Hoyts Abasto, Village Recoleta, Cinemark Beruti y Pto. Madero, Atlas Sta. Fe, Atlas Lavalle, Monumental y Showcase Belgrano.

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De Niro y Frances McDormand, pareja de un film que combina el thriller con los conflictos humanos.
 
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