ESPECTáCULOS › UN FESTIVAL EN TRIBUTO AL MUSICO HORACIO MALVICINO

Un guitarrista electrizante

Integró los mejores grupos de Astor Piazzolla y fue un pionero del jazz moderno. El “Festival de las Dos Orillas”, homenajea su trayectoria, entre hoy y el domingo, con recitales, improvisaciones y clínicas.

 Por Cristian Vitale

Horacio Malvicino, guitarrista de Astor Piazzolla, impulsor del jazz moderno y gestor de atípicos proyecto de música instrumental comercial, tendrá el atípico privilegio de ser homenajeado en vida, durante un festival que se desarrollará entre hoy y el domingo en su ciudad natal, Concordia, en Entre Ríos. El “Festival de las Dos Orillas”, la otra es Salto, sumará músicos argentinos y uruguayos con la idea central de rendir tributo a una figura clave de la música popular instrumental del último medio siglo. “Hace casi 30 años que no viajo allí”, admitió el guitarrista antes de partir desde Buenos Aires. “Tengo ganas de caminar por esas calles sin que me conozcan..., lo que no es difícil: mi cara es anónima”, comenta, mutando un rato en Don Nobody, uno de los sinónimos –otro fue el de Alain Debray– que solía utilizar para que los puristas del jazz no lo repudiaran por grabar música comercial. Malvicino vivió en Concordia hasta los 18 años. Allí estudió guitarra con un profesor que no le dejaba tocar música popular, carencia que suplía yendo a los balnearios a escuchar números de típica o chamamé. “En esa época -década del 40– el jazz era una rareza en Concordia. Yo conocía a Charly Christian o a Django Renjardt porque tenía un amigo coleccionista, pero me involucré de lleno en el género cuando vine a Buenos Aires”, recuerda.
En la gran ciudad, Malvicino trabó relación con la generación del be bop argentino cuya base física era el Bop Club, en donde paraban Leandro Barbieri, Lalo Schifrin, el Mono Villegas o López Furst. Eran los ecos locales de la revolución iniciada por Charly Parker en Estados Unidos. El homenaje apunta precisamente a esa época, la del Malvicino jazzero, prescindiendo en parte de aquel que se hizo famoso de la mano de Piazzolla al involucrarse en el quinteto en tiempos del “Tango Progresivo” de 1957. “Estoy casado con el jazz desde chico, pero hace 30 años que no lo toco y al género no se le puede dar ese handicap”, admite el guitarrista que tendrá un merecido reencuentro con su origen, como homenajeado y partícipe a la vez.
Exceptuando la apertura –hoy a las 22, con shows de grupos locales en el circuito de bares de la ciudad–, Malvicino será la figura clave de su propio homenaje en diversas actividades: mañana a las 17 dará una clínica sobre la historia del jazz junto a César Pradines, para luego presentarse como invitado del Daniel Maza Trío, del que forma parte el baterista uruguayo Osvaldo Fatorusso. El domingo compartirá una clínica sobre apreciación musical con el pianista Jorge Navarro –viejo camarada del Club Bop–, con quien tocará a la noche, acompañado por Jorge López Ruiz en bajo y Diego Lutherald en batería. “Seguramente me prenderé en alguna improvisación. Las circunstancias van a dar para eso. Será una magnífica oportunidad para recordar viejos y buenos tiempos.”
Pese a sus 74 años, el guitarrista mantiene un training intenso. Acaba de llegar de una gira europea y aún conserva la agitación provocada por Concierto de Piazzolla para Bandoneón y Orquesta, disco editado recientemente junto a Leopoldo Federico, Adalberto Cevasco y Enrique Roizner. También mantiene fresco su trabajo en los dos últimos discos del vibrafonista Gary Burton, a quien conoció durante la grabación de Astor Piazzolla y su Quinteto con Gary Burton, de 1987. “Me gusta pensar el futuro. Si bien tengo algunos kilos de más, me mantengo activo y por eso la palabra homenaje me preocupa un poco. Los homenajes se le hacen a alguien que ya fue, y yo no me creo ido. No soy un viejito con un bastón que se arrima, toca dos notitas y se borra. Aunque lo acepto como un reconocimiento”, sostiene, oponiendo una juguetona resistencia a la caracterización del festival. Esa actitud de mirar adelante lo llevó a intentar plasmar una idea de Piazzolla que, según el guitarrista, se llama “Gotan Proyect”, músicos argentinos que mixturan sonidos de bandoneón sobre samplings de acid jazz. “Voy a hacer algo similar pero en serio, con la idea de que no se deforme la imagen del tango. Piazzolla quería hacerlo en su etapa más eléctrica.”
Es imposible que Malvicino dejé correr diez palabras sin mencionar a Astor. No es una actitud caprichosa: desde que se integró al quinteto en el segundo lustro de los ‘50, interpretando como pocos las irreverencias del bandoneonista, no solo recorrió el mundo con él, sino que participó en 15 discos y recibió el mejor aliciente que podría recibir cualquier músico argentino. Piazzolla dijo una vez: “El guitarrista que mejor comprendió todo lo que yo escribí fue Malvicino, tal vez porque es el más tanguero de los tres” (los otros eran Oscar López Ruiz y Cacho Tirao). Tocar con Piazzolla, dice Malvicino, “significó mucho para mí. No voy a decir que tengo tierra, pero tuve la satisfacción de que el tano me distinguiera con llamarme cada vez que se le ocurría. He entrado y salido 10 veces de sus agrupaciones”.
–Y siempre poniéndole el pecho a las balas...
–Uhhh –se toma la frente–, nos llamaban por teléfono para insultarnos, nos agredían, tiraban cosas. Creo que duró hasta que se definió el nuevo tango y se aquietó el universo de antinomias. Hoy está todo más claro.

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Horacio Malvicino es un músico muy querido por sus pares, lo que no es fácil de encontrar.
 
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