ESPECTáCULOS › DESNUDOS, SEXO Y EXHIBICIONISMO EN EL “GRAN HERMANO” ECUATORIANO, QUE SE GRABA EN ARGENTINA

Estos valientes no temen a ninguna cámara indiscreta

Los participantes del “Gran Hermano Ecuador”, que se produce en la misma locación de las ediciones vistas en Argentina, eligen el “porno soft” como género dominante, sin pudores ni pruritos morales. “Hacen el amor por horas y ni siquiera se quitan los micrófonos”, revela una sorprendida productora.

 Por Julián Gorodischer

Karina tiene un hobbie: mirar cómo Pablo se baña o pasea por la casa completamente desnudo. Alvaro y María Rosa se divierten de otro modo: se sacan fotos apenas cubiertos por un poquito de crema o una enredadera en “las partes”. El productor dirá, en los pasillos de la casa que alberga desde marzo al grupo de rehenes ecuatorianos: “Ojalá hubiera pasado con los nuestros”, comparando la actitud contenida de Viviana o Romina, en la última edición del reality, con la soltura caribeña que “los niños” aplican a la convivencia. Ellos montan “carpitas” en el living pero no para charlar como los argentinos que los precedieron. “Tienen sexo durante horas y no toman ni el recaudo de sacarse el micrófono: lo hacen en cualquier momento”, informa Ana Laura De Luso, productora ejecutiva de este “Gran Hermano” for export. La Argentina devaluada, queda claro, se convirtió en el paraíso de las productoras y canales dolarizados, como Acuavisa de Ecuador, que compró la realización del programa a Telefé y hoy agradece las mieles conseguidas: el primer puesto en el ranking de los más vistos en horario central en su país y los beneficios de un nuevo star system barato para un negocio redondo.
En Martínez, entonces, allí donde sigue plantada la casona del encierro, se habla de “tú” y se camina en cueros: estos chicos siempre tienen calor. Desde que esta historia comenzó, a mediados de marzo, el equipo de 150 productores argentinos está sorprendido por “el desbande” ecuatoriano. Las historias porno soft de este “Gran Hermano” podrían comenzar con la pareja de María Rosa y Jaime, que no se preocupan cuando la cámara toma sus movimientos frenéticos bajo las sábanas, ni cuando se escuchan gemidos y exhalaciones. Pero eso sí, de día, como si no hubiera pasado nada, él le pone un freno: “Ni un piquito”, aclara bajo premisa de no ser exhibicionista, aun después del sexo explícito. Tres ediciones de “Gran Hermano” argentino contaron apenas con la insinuación de la Colo y Gustavo en el origen, y muy poco más. Los ecuatorianos, en cambio, no tienen pudor: Karina y Pablo, atléticos y pareja estable desde el principio, no se privaron de hacerlo en ningún lugar de la casa, a cualquier hora, sorprendiendo a las cámaras acostumbradas a espiarlos en la oscuridad. Eso sí, a ella la sacaron hace un tiempo por “muy suelta”.
Es como si el viaje a la Argentina les hubiera otorgado permisos, porque Ana Laura De Luso cuenta que hay un desfasaje entre la conducta puertas adentro y la decisión de los votantes telefónicos. La sociedad ecuatoriana condena a la desnudista que se baña sin bikini e incluso comprime la decisión a priori de Alvaro, un galán que tenía la intención de hacer una confesión pública de homosexualidad a los pocos días del ingreso: no lo hizo. A diferencia de los gays locales (Gastón Trezeguet y Matías Bagnato) que confesaron rapidito y al paso, Alvaro se mantiene en silencio ya cerca del final. La producción lo eligió, en parte, por ese aporte necesario que es “la salida del closet” en todo GH, pero Alvaro no dignifica. “En el silencio de Alvaro –dice De Luso– pueden leerse diferencias culturales entre nosotros y los ecuatorianos. El hecho de que no se haya animado tiene que ver con el machismo y el señalamiento que ayudan a reprimir y a callar. En Ecuador, con ese tema están como nosotros varias décadas atrás.”
Para compensar, los calentones siempre están pensando en eso. Llegó un auspiciante nuevo, Kodak, atraído por el boom del reality en Centroamérica, y les propuso sacarse fotos en la prueba semanal para, de paso, promocionar el producto. Pues bien, ¿qué hicieron los picarones ecuatorianos? Se sacaron la ropa e improvisaron fotos porno soft: a cuatro varones se los ve agachados y mostrando el culo, a la pareja (Karina y Pablo) se la observa desnuda en un abrazo, a Alvaro se lo descubre tratando de morder los pechos cubiertos de crema batida de María Rosa. El destape tropical viene acompañado, claro, de una dosis importante de violencia y machismo. En una reciente pelea entre varones (Vladimir y Lobito), estuvieron a punto de golpearse. Diferenciadas de las carismáticas locales (Tamara, Viviana y compañía), las chicas huyeron a los cuartos para dejar que resuelvan esas cosas de hombres. “Desde Ecuador –cuenta la productora–, el pueblo pedía piñas, esperaba violencia, quería que todo se resolviera como pasa en un país donde se toma mucho alcohol y todo se exterioriza mucho más.”
Que intenten imponerles a estos ecuatorianos los castigos por complot o los retos del locutor será poco probable que lo logren. Hablan mucho y todo el tiempo, revelan a quién votaron y se aconsejan cómo direccionar la nominación. Para De Luso, este desafío a “la Biblia” del programa, pese a las advertencias, tiene que ver con una cultura política acostumbrada a cantar el voto. “En Ecuador, no pasa nada si se dice a quién se votó, y ellos no entienden que en la casa el voto es secreto. Los sancionamos, pero ahora lo hacen con seudónimos.” Si en el GH argentino la proveniencia regional nunca fue un tema central, aquí muchas de las peleas rozan la clásica rivalidad entre la playa y la montaña (Guayaquil versus Quito), y para contener los choques siempre está Toti Rodríguez, una actriz símil Solita Silveyra, aunque un poco más vieja y menos internacional (a Solita ahora se la conoce en España por Made in Lanús), que los contiene, también allí, como una mamita, y más ahora que quedan sólo tres semanas de estadía y –según De Luso– “están agotados”.
A juzgar por lo que se ve desde el pasillo, allí en la casa, o en el monitor, parece cierto: el grupo está tirado en el piso cosiendo unos disfraces (¡son habilidosos con las manos!), en completo silencio, tiempo de ocio poco rendidor que, sin embargo, siempre podrá recuperarse gracias a la edición. Lejos quedó, sobre el final, la performance imparable de la negra Sofía, en racconto permanente de hazañas y gags sexuales (...“lo estaba haciendo con un tipo –decía– y entró mi mami... Le dije que estaba limpiando las patas de la mesa...”) o el continuado atrevido de Karina y Pablo. Con menos kilos y más claustrofobia queda poca motivación, pero para eso resuena cada sábado la voz de la conductora Toti pidiendo a estos valientes que no bajen los brazos. Comprobación para una de dos posibilidades: Solita tiene un clon o ¡la globalización existe!

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La productora ecuatoriana Acuavisa compró a Telefé la realización del programa. Las cifras de rating lo ubican primero en su país.
 
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