ESPECTáCULOS › EL ACTOR MEXICANO DIEGO LUNA CUENTA EL RODAJE DE “NICOTINA”

“Fue como un mercado de acentos”

Se hizo célebre con Gael García Bernal en “Y tu mamá también”, y desde entonces no paró de crecer: hoy está filmando a las órdenes de Steven Spielberg y prepara un proyecto con Steven Soderbergh. El actor cuenta cómo se integró al elenco que completan un argentino, una española y un ruso.

 Por Mariano Blejman

“Los estadounidenses están muy confundidos”, espeta Diego Luna, recostado en la cama de su hotel de Los Angeles donde se mudó por un tiempo para rodar junto a Steven Spielberg. “Ellos juegan un fútbol donde la pelota ni siquiera es redonda”, se le escucha decir por teléfono. Luna ya no es sólo aquel mexicano que descolló en Y tu mamá también junto a Maribel Verdú y Gael García Bernal. Ahora está rodando Terminal, donde actuará junto a Tom Hanks, Catherine Zeta-Jones y Stanley Tucci, bajo la dirección de Steven Spielberg. Mientras tanto, aguarda para hacer el papel que tenía Gastón Pauls en Nueve reinas, cuya remake se llamará Criminal y estará dirigida por Steven Soderbergh (Traffic).
Unos minutos antes, Luna buscaba en la tele de su habitación el partido de Los Pumas. “Parece que no lo dan”, dice. Ahora, en entrevista con Página/12 por el estreno de Nicotina en la Argentina, repite: “En Estados Unidos se han equivocado de pelota”. Aún zambullido en el glamour de Hollywood, Luna –que mañana presentará los premios MTV latinos y estará rodando otra película hacia fin de año– no ha perdido el escepticismo con el país del Norte. La conversación permanece en el tono sarcástico cuando se le pregunta si está feliz de estar ahí. “¿Feliz de estar en Hollywood...? Yo diría más bien feliz de estar trabajando con Spielberg. Pero feliz feliz feliz estoy cuando voy al estadio de México a ver fútbol, o estoy en una fiesta llena de chicas guapas.”
En Nicotina, Luna es Lolo, un hacker de escaso sex appeal que espía con webcams a su vecina Andrea (la actriz española Marta Beláustegui), de quien está enamorado. Dos improvisados capomafias, “el Nene” (protagonizada por el argentino Lucas Crespi) y Tomson (Jesús Ochoa, mexicano), discuten hasta el hartazgo sobre el rol del tabaco para contraer cáncer. Un ruso gordo, Svóboda (Norman Sotolongo), tiene 20 diamantes para pagarle al Nene por un CD grabado por Lolo con las claves de acceso secretas a un banco suizo. Lolo sólo piensa conquistar en a Andrea. Esa es la trama, llena de humo.
–Usted defendió esta película, en gran parte, porque se trata de cine hecho en su país, ¿por qué?
–Fue en México donde decidí que quería hacer cine. Porque en México hice la película más importante, el proyecto que de alguna manera ha cambiado mi vida –que fue Y tu mamá también– y me ha abierto tantas puertas en Estados Unidos, en España, en el resto del mundo. Me permitió enseñar mi trabajo, y todo fue con una película mexicana. Es hora de que la gente que hace cine en México pueda vivir de hacer cine, que tengamos una industria. Tenemos un país de millones de espectadores en Latinoamérica y España. Sin embargo, nuestro cine no pinta. Este año fue uno de los más afectados en cuanto a producción: hicimos sólo ocho películas en México. Es bien triste, porque al cine en español le está yendo muy bien en los festivales internacionales. Y en nuestro país hay muchísimo talento.
–¿Estar cerca del mercado estadounidense influye para que los realizadores, técnicos y actores terminen cruzándose?
–Yo no los culpo. Aunque la presencia del cine estadounidense es igual de fuerte con sus países vecinos que con otros. No los culpo, porque para hacer cine en México hay que ser medio masoquista. Es muy difícil, uno acaba sacrificando muchas cosas. En nuestro país no tenemos un sistema de incentivos fiscales para que, vía el cine, grandes empresas puedan deducir impuestos. El cine en México acaba siendo un asunto de tercos. La ponen muy difícil, los pobres productores aspiran llevarse del 8 al 12 por ciento, y la mayoría lo está arriesgando todo. Pierden sus casas por una película. Un director tendría que vivir de dirigir, y en México los directores viven de hacer comerciales.
–¿Quedarse en México es una decisión ideológica?
–Me gusta trabajar en mi idioma. Es un contexto que conozco. Tenemos que contar nuestras historias. El cine asiático tiene una presencia fuerte en el mundo, el cine en inglés también y entonces ojalá nos vieran y nos viéramos a nosotros como un bloque.
–Nicotina tiene lo que quería: un actor argentino, una española, mexicanos...
–El rodaje de esa película era un mercado de acentos. Así tiene que ser: mientras más diferencia hay con la gente con la que estás trabajando, más rico es tu resultado en lo personal, como el resultado de la película. Me interesa viajar trabajando, hay que hacer más películas así. Las películas no se deben quedar en un solo país. Se deberían estrenar en todos lados y en grande: en la Argentina, en Colombia, en Chile.
–¿Cómo se lleva con las computadoras?
–Me divirtió muchísimo hacer esta película, justamente porque es un tipo que no se parece en nada a mí. Es un estúpido con las relaciones humanas y un mago con la computadora. Y yo no sé si soy un mago con relaciones humanas, pero sí soy un estúpido con las computadoras. Lolo vive en un anonimato, en un mundo que no es tangible. Navega con su bandera de inocente, que no le hace daño a nadie, es tímido. Pero lo que más me gusta es que muestra su lado oscuro. El monstruo que todos traemos dentro, Lolo lo tiene muy desarrollado. Pero no lo acepta, es un tipo que cuando abre la puerta de su casa se vuelve un estúpido, no tiene nada que ofrecerle al mundo. Puede espiar a su vecina o controlarle las llamadas con una carita de inocente, de pendejito, pero tiene su monstruo. Aunque no hay malos malos, ni buenos buenos, todos tenemos un lado positivo: algunos lo dejamos adentro, otros lo sacamos a pasear.
–¿Cómo fue rodar con Spielberg?
–Uy, increíble. Llevo pocos días de trabajo, pero él es un director muy apasionado por lo que hace. Es un tipo muy inteligente que disfruta mucho estar filmando. Se involucra muchísimo, se rodea de gente que admiro. Entonces, uno aprende de sólo mirarlo trabajar.
–¿Estar en Los Angeles es una forma de llevar el cine mexicano a Hollywood?
–Poder trabajar acá y hacer cine me dio la libertad de poder rodar en México sólo en lo que quiero hacer. De no tener que trabajar por dinero nunca más, de poder involucrarme en proyectos más independientes y no estar pensando en cómo sobrevivir.
–El argentino de Nicotina, ¿representa lo que los mexicanos piensan sobre este país?
–No se crea... Bueno, tampoco se crea que por ser argentino le van a querer dar besos en México en cualquier farmacia. Este es un argentino de closet. Hay varios de esos argentinos en nuestra película, y muchos argentinos que han vivido más tiempo en México que en la Argentina. No se trata de hacer un comentario sobre los argentinos, pero sí de enseñar que en México hay gente de toda Latinoamérica que vive ahí, y ese choque cultural está bonito. Está padre que la película tenga como actores a una española, un argentino y un ruso. Por cierto, me gustaría conseguirme una novia en la Argentina, hay unas chicas guapísimas allí.
–Con Gael García Bernal no se vieron más dentro de una pantalla. Les pasó como a los personajes de Y tu mamá también.
–Nos seguimos viendo en la vida real. Pero no queríamos más hacer películas juntos. Porque todo era juntos. Todos nos veían como un paquete, un combo doble. Entonces conversamos y pensamos que cada uno se fuera a hacer su camino por un rato. Ya volveremos a trabajar juntos. Y tu mamá también se estrenó hace tres años. Está bien andar un ratito cada quien por su lado.

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En “Nicotina”, que se estrena mañana, Luna es un hacker tímido.
 
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