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Dindo, el hombre de las memorias

El festival “DocBsAs/03” inicia mañana una completa retrospectiva del documentalista suizo, un experto en poner su cámara al servicio de la paciente reconstrucción del pasado. Habrá varios títulos imperdibles.

 Por Horacio Bernades

Hacer presente el pasado: en eso parecería residir todo el proyecto cinematográfico de Richard Dindo, notable documentalista suizo a quien el DocBsAs/03 –evento organizado por la productora Cine Ojo, con la colaboración del Complejo Teatral Buenos Aires y Cinemateca Argentina– le dedica la tercera de sus retrospectivas. Primero fue el francés Nicolas Philibert. Luego, el ruso Victor Kossakovksy. Ahora es el turno de Dindo, buena parte de cuya obra podrá ser apreciada en la sala Leopoldo Lugones del San Martín, desde mañana y hasta el lunes 27 (ver detalle aparte). Recién llegado a Buenos Aires, el cineasta se hará presente en las funciones para dialogar con los espectadores.
En verdad, la obra de Dindo no es enteramente desconocida en Buenos Aires. Además de que varias de sus películas habían sido parte de ciclos de revisión programados en la sala Lugones, en años recientes Cine Ojo estrenó comercialmente dos de ellas. Se trató de Ernesto Che Guevara, diario de Bolivia y El caso Grüninger. Unánimemente considerado uno de los más eminentes documentalistas contemporáneos, Dindo –nacido en Zurich en 1944– se inició en el cine a comienzos de los 70 y desarrolló una carrera abundante, que hoy lo encuentra más activo que nunca. De esta plenitud dará testimonio la retrospectiva, con tres de sus realizaciones más recientes: Investigación y muerte en Winterthur (2002), Aragon, la novela de Matisse y Ni olvido ni perdón (ambas de este año).
El ciclo se remonta hasta Dani, Michi, Renato y Max, uno de sus films más ambiciosos, estrenado a fines de los 80. Allí, el “sistema Dindo” aparecía ya en funcionamiento, aplicado a reconstruir la feroz represión policial que el muy “civilizado” Estado suizo desató a mediados de esa década, en contra de jóvenes manifestantes desarmados. A lo largo de dos horas veinte y dándole voz a quienes participaron, el realizador se comporta como el denunciante que presenta testimonio ante un tribunal que le da la espalda. En el vocabulario de Dindo, la palabra “denuncia” no se asocia a mera declamación sino a una paciente presentación de pruebas, como lo demuestran dos de sus films más recientes, que forman parte de la retrospectiva.
En Investigación y muerte en Winterthur, el realizador vuelve sobre los años 80 en su país, cuando se acusó a una veintena de jóvenes de una serie de atentados, y los interrogatorios policiales consecuentes terminaron llevando al suicidio a una de los acusados. En Ni olvido ni perdón echa luz sobre la mayor tragedia en la vida política mexicana reciente, que hasta el día de hoy el PRI ha mantenido entre sombras. Se trata de la infame masacre de Tlatelolco, en la que un operativo militar contra los asistentes a una concentración pacífica –ordenado en 1968 desde las más altas esferas de gobierno– dejó varios centenares de muertos, heridos y detenidos. Como en Dani..., es como si, de la mano del realizador, el cine viniera a cumplir con el deber que el sistema judicial se niega a asumir.
En El caso Grüninger, este carácter sustitutivo se hace literal. Dindo reúne a los sobrevivientes judíos a quienes la desobediencia civil del policía de frontera Paul Grüninger –que se negó a extraditarlos a Alemania– permitió salvar la vida, en pleno exterminio nazi. Al reunirlos en la misma sala en la que medio siglo atrás un tribunal había hallado a Grüninger culpable de traición a la patria, Dindo logra consumar una reparación histórica mediante la puesta en escena cinematográfica. Allí queda transparentado el método-Dindo de escenificación, la reconstrucción de determinados hechos históricos en el lugar en el que sucedieron y apelando a documentación de primera mano. La disciplinada aplicación de este método da por resultado la mejor película filmada sobre el Che. En Ernesto Che Guevara, diario de Bolivia, el realizador utiliza el diario como cuaderno de bitácora y lo complementa con entrevistas a algunos de los compañeros de armas del comandante.
El efecto que logra es característico de sus mejores films: vivir el pasado como si fuera presente. Esto sucede también en sus reconstrucciones de la vida de ciertos artistas, desde Arthur Rimbaud, una biografía (donde Dindo recurre a dramatizaciones con actores) hasta la flamante Aragon, la novela de Matisse, pasando por Genet en Chatila. Como en Ernesto..., en esta última también se rehace un periplo (el de Jean Genet a los campos de refugiados palestinos) a partir de los escritos de quien lo emprendió. No parece casual que la figura del recorrido reaparezca con tanta obstinación en la obra de Dindo. Toda ella puede ser vista como un viaje en el tiempo, que no se emprende con la intención de visitar territorio conocido, sino una terra incognita llamada Historia.

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Dindo dirigió “Ernesto Che Guevara, diario de Bolivia”, entre otras obras que se verán en el San Martín.
 
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