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Un festival al encuentro de los jóvenes cineastas

El próximo lunes, en el C. C. Rojas se llevará a cabo una nueva jornada del Segundo Festival de Cortos Argentinos, una manera de conocer las tendencias de estudiantes y graduados de cine.

 Por Oscar Ranzani

Una ventana abierta a las primeras experiencias cinematográficas. En eso se convirtió la sala Batato Barea del Centro Cultural Ricardo Rojas, donde este lunes a las 21 se repetirá el programa del Segundo Festival de Cortos Argentinos, realizados por estudiantes y graduados de escuelas de cine y de Imagen y Sonido. “La idea es tratar de repetir el modelo del festival del año pasado”, destacó el coordinador de programación de cine y video del Rojas, Sergio Wolf, que seleccionó 16 de los 100 trabajos de todo el país. Uno de los requisitos era que no hubieran ganado en festivales; otro de los criterios fue que se tratara de cortos “que tuvieran una aproximación interesante o novedosa a lo que proponen y qué tipo de trabajo hay con los materiales”. El coordinador prefirió “no prestar atención a la perfección técnica sino a la expresión del autor”.
Darío Gabriel Palermo y cuatro compañeros suyos realizaron (...). Para explicar el título, Palermo señaló que “el corto alude a que la vida continúa todo el tiempo. Como que todos los conflictos y trabas que uno tiene para llegar a sus objetivos, a pesar de que lo tiran abajo, después uno los supera. Y los puntos suspensivos del título hablan de eso: como que la vida continúa a pesar de todo. Y esas cosas te modifican”. Para representar eso, la historia toma como personaje al agua. “Primero en su estado natural, en el río. Y después se encuentra con el conflicto de que ya no está en su espacio natural sino en los caños, con esta mano del hombre que traba su curso natural. Entonces el agua entra en los caños con esa necesidad de luchar y tratar de salir. Hasta que finalmente sale, pero ya no es el agua de antes, salió modificada”, relata. Una metáfora de lo que le sucede a la gente en su vida.
Otro de los cortos, Juego nuevo, es de los estudiantes de cine María Azul Piñeiro, Fernando Llistosella y Matías Lasarte. Se trata de un trabajo de animación realizado en stop motion, cuadro a cuadro con muñecos. En cuanto a la historia “es una lucha entre dos personajes por salir de un espacio cerrado. Están como encarcelados”, comenta Piñeiro. Finalmente, “se revela que se trata de una lucha sin fin donde no hay escape”, agrega, para relatar que buscaron reflejar “el tema de sentirse encerrado en un lugar desconocido donde uno no sabe con qué se encuentra del otro lado, y los medios para tratar de sobrevivir en ese espacio”.
Maximiliano Sanguine trabajó junto a su equipo con retazos de latas de publicidades para armar Mientras tanto. “Es una historia de una mujer sumida en la cotidianidad y la nada. Está prácticamente muerta, no le pasa nada. La ciudad la acecha y ella no es capaz de tomar las riendas de su vida, por estar tan sumida en la rutina que ya perdió referencia de lo que es vivir”, dijo. Martín Almeida realizó la trilogía Acá, Recién, Hoy: tres cortos “experimentales pero de una manera muy personal”, según su director. “No es un juego de imágenes que uno se sienta y, de pronto, llega a una sensación porque vio cosas raras. Lo experimental es desde el punto de vista narrativo”, explica. Para Casas cuadradas, su director Agustín Arévalo se basó en una poesía de Alfonsina Storni que tiene el mismo título y que “estructuró todo”, señaló. “Es una poesía que no cuenta una historia, da una sensación, un estado”, relata Arévalo.
La cineasta Silvia Parravicini dirigió dos cortos. Uno de ellos, Luna viaja en tren, “trata de un viaje de una nena que se encuentra con cosas extrañas en el camino. Es ficción hecha con dibujos animados. El corto refleja lo que le pasa a uno todo el tiempo”, subrayó Parravicini. Porque “todo el tiempo en la vida uno se encuentra con cosas que se presentan y que no sabe lo que son: si buenas o malas, si sorprenden o no”, reflexiona la directora. Con respecto a S8, su otro trabajo, destaca: “Quise experimentar con el pintado del material y jugar en la edición. Fue más de experimentación, no tiene una historia: se ven manchas que juegan con el sonido y nada más. Es más bien abstracto. Lo que más gusta es que cada uno puede verlo y disparársele cualquier cosa en la cabeza”.

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Juego nuevo, de María Piñeiro, Fernando Llistosella y Matías Lasarte.
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