ESPECTáCULOS › ENTREVISTA A FRANÇOISE THANAS

“Yo aprendí de los rioplatenses”

La traductora e investigadora francesa difunde en su país el teatro argentino.

 Por Hilda Cabrera

“Veinte años no es nada”, dice con picardía la traductora francesa Françoise Thanas, especialista en verter a su idioma letras de tango y obras de teatro de autores latinoamericanos, allanando caminos para su difusión en festivales internacionales y casas de cultura de Francia. Son justamente esos años los que acaba de festejar con artistas y amigos en el teatro Payró. Veinte años resultan pocos al momento de recordar su primera visita a la Argentina y las numerosas que realizó a partir de entonces, pero sí muchos en cuanto a actividad. Se la ve periódicamente en congresos, festivales y otros encuentros teatrales, y no sólo de Buenos Aires. Organiza su tarea de modo de conectar con distintos ámbitos teatrales de Uruguay y Chile. Nacida en París, de padre libanés y madre luxemburguesa, tradujo y logró publicar, entre otros libros, un primer tomo con obras de Griselda Gambaro, Eduardo Pavlovsky, Ricardo Monti, Daniel Veronese, Javier Daulte, Alejandro Tantanian y Patricia Zangaro, representadas todas en diversas ciudades de Francia, Suiza y Canadá.
A Thanas se le debe el tendido de puentes culturales con el teatro contemporáneo francés en ciclos realizados desde mediados de la década del 90 en la sede de la Alianza Francesa. Se encargó además de los subtitulados de las obras que los grupos argentinos (El Periférico de Objetos y el Sportivo Teatral que dirige Ricardo Bartís) presentaron en los festivales de Avignon de 1999 y 2001, y de subtitulados para documentales, como Acratas, de Virginia Martínez, para la televisión uruguaya. De esta realizadora traduce hoy Memoria de mujeres, con testimonios de presas bajo el régimen militar uruguayo.
–¿Cómo fue su primer contacto con la Argentina?
–Fue a través de Atahualpa Yupanqui, a quien conocí en 1972 en París. Yo estaba haciendo un trabajo universitario sobre él que después convertí en ensayo con fragmentos en edición bilingüe. En esos años traduje canciones y poemas, también letras de tango que, aunque me atraían, seguía sin entender. Don Ata, como le decíamos, me aconsejó comprarme un diccionario de lunfardo. Fue lo primero que hice cuando llegué a Buenos Aires en 1985. No tenía idea clara de qué era un conventillo, por ejemplo, ni del significado de muchas palabras. A Piazzolla lo conocí en 1984. El estaba en París. Le envié el libro sobre Yupanqui y recién entonces me invitó a que lo visitara. Me dio la dirección de su hija Diana, quien –me adelantó– estaba escribiendo un libro sobre él. Yo leí las primeras páginas de Diana y empecé a traducirlas. Tuve mucha suerte. En Buenos Aires conocí a Cadícamo, Horacio Ferrer y otros artistas muy importantes del tango.
–¿Cuál sería el equivalente francés del lunfardo?
–Sentía que el lunfardo del tango no podía ser traducido con el argot francés, porque éste es más vulgar. El lunfardo es mucho más poético y posee una gran libertad y audacia: lo comparo con la poesía francesa popular de Aristide Bruant, el autor de canciones de Montmartre que fue retratado por Toulouse Lautrec.
–O sea que no siempre “el traductor traiciona”...
–Trato de no traicionar, aunque las traducciones sean muy complejas, como la de mi último gran descubrimiento: los textos de Osvaldo Lamborghini, de quien traduje El niño proletario y El fiord (este último texto fue publicado en un número especial de Les Lettres françaises, suplemento de L’Humanité). Elvira Lamborghini sabe de mi admiración por esos textos. El descubrimiento se lo debo a Ricardo Bartís por sus espectáculos Textos por asalto y Teatro Proletario de Cámara. Cuando se traduce para el teatro hay que pensar que existe una voz y un movimiento encargados de transmitir lo que el autor quiere decir, y tratar de que las palabras tengan el mismo impacto que en el original. Lo que más me interesa de la traducción es reflejar la diversidad de escritura de los autores. Entre los argentinos es impresionante, y a veces en un mismo autor. Yo aprendí mucho, sobre todo de los creadores rioplatenses, y quiero agradecerlo. Sin ellos, hoy sería una persona diferente.

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Thanas festejó en el Payró sus veinte años de trabajo con autores argentinos.
 
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