ESPECTáCULOS › CINCO REALIZADORES NUEVOS PROPONEN PROGRAMAS DE TV

Un borrón y pantalla nueva

“Realitys crueles”, “una TV pecera de madrugada”, “animación para adultos” son algunas de las ideas que plantea un grupo de jóvenes realizadores que ven TV con una mirada alejada de las convenciones.

 Por Julián Gorodischer

Si les dieran la posibilidad de decidir en la televisión abierta, harían algo nuevo. Otra TV, alejada del molde, asoma en las ideas de los realizadores jóvenes, hacedores en el cable, las escuelas de cine o la publicidad: territorios del margen. Donde el rating no manda, está todo por hacerse y no existe la fórmula fetiche en la tele de 2002, el panel de polemistas. La otra TV, la que no existe pero espera en las gateras, se piensa como reacción: hacer para deshacer, crear para borrar y contar de nuevo, y para que surja un reality, dibujo, unitario o ciclo de trasnoche diferentes. La otra TV tiene bronca de la impericia dominante y la manifiesta. ¿Qué haría si pudiera intervenir en la TV abierta?, preguntó Página/12 a cinco realizadores que se destacan en el cable, el video o la publicidad. La que aparece es una televisión que, tal vez, no llegue nunca a concretarse, de alto riesgo y bajo costo: pilotos, pruebas, apenas fantasías.
“Una TV pecera en las madrugadas”, imagina Adolfo Rozenfeld, realizador de “Código de barras” y “Paradigma”, dos ciclos experimentales en Canal (á). Sería un teletrance que acompañaría a insomnes, rendidores de exámenes y trabajadores nocturnos entre las doce de la noche y las seis de la mañana. “Existe el preconcepto de que la gente, en la trasnoche, busca gansadas, y a mí me parece todo lo contrario: hay una gama que querría una programación experimental, una TV ambiental o pecera, sinfonía visual sin palabras sobre distintos espacios de la Argentina”.
Las trasnoches según Rozenfeld serían un continuado que incluiría: imágenes de shopping, o de estaciones de subte, o de aeropuertos, todo tipo de búsquedas ambientales para dejar correr como si se tratara de la radio, con ese mismo ánimo de compañía o fondo que, cada tanto, se puede mirar, escuchar, para salirse y volver a entrar. La TV pecera, o el teletrance, acotaría su público a un tipo de gente que disfruta mirando una pecera también en la vida. Es una TV no espectacular, alejada “de las tetas enormes y los tipos que muerden a los perros y –asegura Rozenfeld– hay un montón de personas con esa sensibilidad esperando del otro lado”.
“Haría realitys crueles”, dice Ariel Winograd, director de “100% lana”, cortometraje multipremiado en los festivales Uncipar, Unica (en Finlandia) y en el concurso organizado por el canal Volver. Concebido como reacción al género, entre lo paródico y lo extremo, “El gran limado” proveería drogas a los participantes pero bajo condiciones particulares: éxtasis sin agua, marihuana sin nada para comer. “El gran fumado” sería un concurso de estrellas pop sin voz, esforzados por cantar “a pesar de la traqueotomía”, y los ganadores conformarían un coro que iría a cantar a las puertas de la fábrica Nobleza Piccardo. En “Cuán bajo puedes caer”, los participantes deberían comer vómito, materia fecal, y ganaría el que hiciera más asquerosidades, cada vez más extremas en el transcurso del programa. “El argentino se quiere salvar a cualquier costo –dice– y hace cualquier cosa para estar en la tele. La gente es muy morbo y le encanta ver cómo sufre el otro. A mí, ahora, me gustaría ver hasta qué punto la gente puede llegar a perder su dignidad por un minuto de fama”.
“Un dibujo animado que atraiga a los adultos”, propone Juan Antín, creador de “Mercano, el marciano”, el dibujo premiado en festivales internacionales que se emitió por MuchMusic y ya tiene su largometraje. Quedaría expulsada la caricatura sólo apta para chicos, naïf y divertida, “un verdadero karma”. Con la mira puesta en “Los Simpsons” o en el propio Mercano, el ciclo sería una antología de dibujos de autor, unidos por una directiva: ofrecer segundas lecturas.
“Mercano es un poco así –explica Antín–; los chicos se quedan con que es verde y tiene una pistola de rayos, pero hay un trasfondo de crítica social, y se forman diferentes niveles de lectura”. Con su desembarco enla TV abierta, el dibujo gore, violento, adulto podría desterrar la asociación directa entre animación y público infantil. “Cuando Mercano camina por la ciudad –ejemplifica su realizador–, los chicos miran el decorado, el verde y los rayos, pero esa escena dispara algo reflexivo en el adulto que ve en el recorrido algo de la triste realidad argentina”.
“Una tira interactiva con todos los papeles vacantes”, proyectan Mariano Cohn y Gastón Duprat, realizadores de “Televisión Abierta”, “Cupido” y separadores y micros de MuchMusic. El casting abierto se vería en el programa y el público votaría a los participantes que intervendrían en la historia. El aspirante, eso sí, debería compartir características con su personaje de la ficción. “La gente común –dice Duprat– logra excelentes performances actorales si el papel coincide con su historia, su escala de valores, y su modo de vida diario. Sería personificar en la ficción el papel que hacemos en nuestra vida cotidiana”.
El suyo sería un espacio de ruptura, en busca de la belleza de la gente común. “Me acuerdo de que los actores pedían más programas de ficción -dice Cohn–. Ahora hay más ficción, y el resultado es que vemos amplificados todos los defectos, tics, vicios e impericias de estos programas”. Descreídos de la ficción tipo Pol-ka, enojados con la pobreza conceptual que domina en las tiras en el aire, arrojan su evaluación provocadora, la que tal vez motive a buscar al actor en el espectador: “La mejor ficción la están haciendo los programas periodísticos”.
“Haría una miniserie que fuera un tratado moral sobre un personaje”, dice Ariel Rotter, director de la película Sólo por hoy y asistente en publicidades. Imagina un unitario de ocho capítulos sobre las facetas de la vida y la personalidad de un único hombre, que ve en una calle al que será muchos años después y se horroriza. Luego, sufrirá el insomnio crónico que la miniserie narrará. “En esas horas –dice Rotter– revisará su vida, será un pequeño tratado acerca de la moral del personaje”. La propuesta resume, también, un reclamo: llevar a la TV abierta más ficción en formato no de tira diaria sino de unitario o miniserie, seguir el camino de “Okupas” o “Culpables” con un sello personal y de autor. “Creo -dice Rotter– que es más interesante que poner a hablar a cuatro personas, como sucede en la tele, detrás de un escritorio”.

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Ariel Rotter, cineasta y publicitario, propone “una miniserie que sea un tratado moral sobre un personaje”.
 
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