ESPECTáCULOS

El ratoncito canchero sufre ahora el síndrome del hermano del medio

Con la inminente llegada de las vacaciones de invierno a la Capital Federal, las novedades están todas dirigidas al público infantil. Se destaca “Spirit”, una aventura habitada por el espíritu del western y el de la animación marca Disney, dos de los cánones más clásicos de Hollywood.

 Por Horacio Bernades

Hay una diferencia básica entre esta secuela de Stuart Little, éxito para niños de la Columbia Pictures, y la de Hombres de negro, que la misma compañía estrenó la semana pasada. Mientras que Hombres de negro 2 es más de lo mismo (y eso no es malo cuando lo mismo es bueno), el parecido entre Stuart Little 2 y la original es sólo aparente. Los personajes son los mismos, el protagonista sigue siendo un ratoncito canchero y avispado y su familia adoptiva no se mudó de esa linda casa que tienen frente al Central Park. Pero la primera película tenía inspiración, gracia y personalidad, mientras que ésta sufre del síndrome de esas secuelas que Disney suele reservar para el mercado del video: es un subproducto, y se le nota.
Las diferencias están a la vista. La Stuart Little original se apoyaba en una fuente literaria (una novela escrita por E.B. White en los años ‘40), el guión llevaba la firma del autor de Sexto sentido y los personajes eran interesantes, empezando por el ratoncito albino, que se comportaba como un chico, pero no dejaba de ser un roedor. Dirigida una vez más por Rob Minkoff (correalizador de El Rey León), Stuart Little 2 ya no cuenta con un sólido respaldo literario, en el guión colaboraron su propio productor (dato siempre preocupante) y el autor de películas como Ghost e Impacto profundo, los nuevos personajes parecen salidos de una exploitation movie y hasta a Jonathan Lipnicki, el encantador pibe de rulos y anteojitos de Jerry Maguire, le alisaron el pelo y el encanto. Para peor, tampoco está ya el mago John Dykstra (diseñador de las naves de La guerra de las galaxias) animando al ratoncito que habla. Por lo cual éste nunca parece un ratón sino un simple muñeco digitalizado. Adiós a la ilusión, a la gracia, a la magia; bienvenidos a Stuart Little 2.
Pasó el tiempo, los Little tuvieron una nena y Stuart está plenamente incorporado a la familia. Pero sufre de los problemas típicos del hermano del medio. Mamá (Geena Davis) lo sobreprotege espantosamente, George (Lipnicki) se va a jugar con sus amiguitos y Stuart anda buscando su lugar en el mundo y no lo encuentra. El gato Pelusa, que en la anterior se lo quería comer crudo, ahora parece haber perdido el apetito y se conforma con hacer el papel de tonto, mientras papá y mamá Little, de tan buenazos y familieros, parecen escapados de una de esas películas-Disney para toda la familia que Disney por suerte ya no produce. Había que inventar algo, y ese algo son una canaria de la que el ratoncito se enamora y un halcón que funciona como el villano de la película. No sólo se quiere devorar al roedor y a la pajarita sino que, además, se comporta como un marginal peligroso, convirtiendo a la película en una fantasía paranoica de baja estofa.
Recalcitrante apología de la familia tipo, Stuart Little 2 incluye una forzadísima love story y escenas cómicas no menos trabajosas. En otras palabras, lo que había sido fresco e imaginativo se volvió un puro producto-Hollywood. Si se le suma que la película se presenta doblada al mexicano, llena de palabrotas como calcetas, guácale y amartelado, y sin permitirle al espectador disfrutar al menos con las voces de Michael J. Fox (Stuart), James Woods (el halcón) y Nathan Lane (Pelusa), se entenderá que por esta vez es preferible no hacerse los ratones.

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“Stuart Little 2” es la secuela de una película notable.
 
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