ESPECTáCULOS

“Yo estaba bien jodido y Santaolalla me sacó de un hueco muy oscuro”

El solista colombiano Juanes cuenta cómo fue que el argentino se convirtió en el responsable del CD que incluye el hit “A Dios le pido”.

 Por Javier Aguirre

Si durante las últimas semanas Juanes ya se había convertido en un favorito sistemático de los musicalizadores televisivos, su paso promocional por Buenos Aires hizo que su hit “A Dios le pido” –tocado en vivo, versión de sólo voz y guitarra, ya que vino sin su banda– llegara a las escenografías de TV más diversas, desde las altas y baqueteadas banquetas de Much Music hasta la familiera y ruidosa cocina de Mariana Fabbiani. El esfuerzo promocional tiene sus fundamentos, como lo pegadizo de sus canciones (“A Dios le pido” es el ejemplo más evidente), o como su feliz serpenteo entre cumbia, rock latino, salsa, vallenato y cuanta especia rítmica oriunda de la franja entre Arizona y el Amazonas le quede a mano.
Juanes es colombiano –nació hace 29 años en Antioquia, en el área de Medellín, por lo que habla de “vos” y no de “tú”–, compone, canta y toca la guitarra. Y acaba de editar su segundo disco, Un día normal, producido por el patriarca del rock latino Gustavo Santaolalla al igual que su antecesor, Fíjate bien, que le deparó nominaciones y estatuillas en el sospechado mundo de los Grammy. El CD –en el que se destaca “Fotografía”, delicado dúo con Nelly Furtado– lo presenta tanto con un perfil de solista centroamericano apto para todo baile (y para todo videoclip) como de guitarrero artista de rock latino, casi en la línea sonora de Los Rodríguez, o hasta de Manu Chao.
–El ambiente rockero muchas veces es prejuicioso hacia otros géneros. ¿Ha sufrido usted algún prejuicio de ese tipo?
–Esa clase de prejuicios ocurre en todos lados. En la música hay muchos artistas que tienen pensamientos radicales. Yo no soy uno de ellos. Toco la guitarra desde pequeño, y mi escuela fue de folklore, tango, ranchera, bolero, vallenato, trova cubana... A partir de mi adolescencia fui metalero, y por muchos años, así que sé lo que es estar metido en una sola película: escuchaba mucho Black Sabbath, Led Zeppelin, Sepultura, Testament. Empecé a tocar en una banda en el ‘88, y tocaba metal. En un momento me cansé del metal porque sentía una ausencia muy grande, y me permití incorporar a mi música lo que había aprendido de pequeño. No me importa que me encasillen, gasté mucho tiempo preocupado por eso, pero ya no. Antes pensaba: “¿Esto es rockero, o no?”. Ahora decidí poner en la música todo lo que hay en mí. Si hay rock, que sea rock. Pero no voy a hacer una ideología de la guitarra eléctrica contra el acordeón, o contra una percusión. La música es una sola, y es muy individual. Es única, es según quien la escuche. Por eso comprendo perfectamente que un músico piense y sienta de manera radical. El rock en Colombia, por ejemplo, es más radical que en Venezuela, pero menos que en la Argentina. Aquí hay mucha tradición rockera: todos conocemos a Seru Giran, Charly García, Soda Stereo, Gustavo Cerati, al maestro Fito Páez...
–¿Cómo comenzó su vínculo artístico con Santaolalla?
–Conocía y admiraba el trabajo de Gustavo con otras bandas, y en el ‘98, cuando viajé a Los Angeles a buscar oportunidades, le hice llegar un demo y le gustó. Yo estaba tocando el bajo en bandas locales, para ganarme el pan, sin esperanzas ni dinero. Estaba bien jodido y él me sacó de un hueco muy oscuro. Me abrió la carrera solista y me dio mucha libertad.
–¿Qué opinión tiene sobre la intervención estadounidense en el conflicto político colombiano, conocida como Plan Colombia?
–Han sido muchos años de terrorismo parejo, no como lo de las Torres de Nueva York, que ocurrió de pronto. En Colombia ha sido constante, y cuando hablo con mi familia, o con mis amigos, está claro que estamos todos muy cansados. Colombia no está preparada para una guerra civil. Así que, si el Plan Colombia funciona, pues vamos.
–¿Y no lo siente como una intervención extranjera, o como una pérdida de soberanía?
–Es que es una guerra muy loca, sin principio ni final, con gente muy poderosa, con la policía y el ejército peleando contra muchos enemigos, con mucha corrupción, con la guerrilla en la ciudad... Los jóvenes queremos que esto se arregle. Ya no más.

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De adolescente, Juanes era “metalero”, pero cambió.
“Ya no me importa que me encasillen”, afirma ahora.
 
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