LA VENTANA › MEDIOS Y COMUNICACIóN

Los periodistas no somos tan importantes

Echando luz sobre la realidad de la comunicación y de las prácticas periodísticas actuales, Marcelo Tedesco pone en duda la importancia que hoy tienen los periodistas en el escenario socio-político-cultural.

 Por Marcelo C. Tedesco *

Los periodistas solemos creer que somos tipos importantes. Que influimos en el debate público, fijamos la agenda, somos guardianes de la democracia y las instituciones y qué sé yo cuántas cosas más. La actitud de funcionarios, empresarios y dirigentes hacia nosotros suele tener su cenit cada 7 de junio, cuando nos llegan costosos y creativos regalos que no pedimos ni queremos, pero que remarcan esa autoconvicción de que somos fundamentales en los sistemas liberales modernos. Hay que reconocer que algo de eso hay, pero cuando salimos de nuestro microclima de despachos oficiales, redacciones, salas de producción, etc. y nos damos un baño de realidad, vemos también que no tanto.

Además, la gente suele mirarnos con una mezcla de envidia y admiración cada vez que uno contesta “soy periodista”, imaginando quizás un mundo que nada tiene que ver con nuestra rutina cotidiana. El cine, la literatura y el imaginario popular han colaborado bastante en ello.

La historia y la investigación nos han atribuido roles diversos: los estudios clásicos nos trataron de “advocates”, la voz de los sin voz y los abogados de los menos poderosos. También de “líderes de opinión”, quienes desde un rol de expertos en ciertos temas podemos formar opiniones ajenas. Bernard Cohen primero y Maxwell McCombs y Donald Shaw luego se encargaron de demostrar la importancia de los medios en el proceso de “etiquetar, sensibilizar y amplificar”. Pero también de hacer ver que realmente no somos muy exitosos en decirle a la gente qué pensar, sino más bien sobre qué temas pensar. La sociología de las noticias comenzó a hablar de gatekeepers, identificándonos a porteros que dejan pasar o retienen la información que luego se convierte en noticia.

Ahora, las nuevas tecnologías por un lado y la tirante relación que muchos gobiernos progresistas de la región sostienen con las grandes empresas de medios –generalmente opositoras a ellos– han corrido del centro de la escena al periodista como único mediador entre el hecho noticiable y el público. En el triángulo “agenda política-agenda mediáticaagenda pública”, esta modalidad de comunicación desdibuja a la segunda como factor determinante de la tercera. El medio sigue existiendo, lo que desaparece es el mediador. Porque, como ha señalado Washington Uranga en esta misma sección tiempo atrás, “el armado de las agendas públicas es también un escenario de lucha política, es el resultado de una negociación simbólica que concluye con la determinación de aquello que noticiosamente resulta relevante para la sociedad. En este proceso intervienen medios, periodistas y audiencias. Son negociaciones que constituyen formas de ejercicio del poder”.

El caso de la Presidenta argentina es muy particular: su estilo es parte de lo que José Natanson llama “un by pass mediático, que le permite comunicarse directamente con la sociedad”. Gracias a las posibilidades de las redes sociales se instalan temas llanamente en la discusión pública, que recién luego son recogidos por los medios tradicionales. CFK tiene 1,6 millón de seguidores en Facebook y 3,86 millones en Twitter. Es decir, puede llegar sin medios tradicionales de por medio a un público superior a los tres millones de personas. Algo que ninguno de ellos puede lograr.

Incluso más: en sus videoconferencias la Presidenta actúa muchas veces como entrevistadora, dialogando con funcionarios, científicos, dirigentes sociales y otros. Allí también la mandataria copa el centro de la escena, “robándoles” a los periodistas una de sus armas principales: la pregunta.

Ahora, esta actitud tan habitual y a la vez tan criticada de Cristina Fernández de no dar conferencias de prensa ni brindar entrevistas ¿es general de la cultura política kirchnerista? Fuera de los requerimientos de la campaña actual, sus funcionarios principales dialogan habitualmente con los medios. Yo he podido entrevistar sin problemas en ruedas de prensa a Daniel Scioli, Florencio Randazzo, Aníbal Fernández, Agustín Rossi, Gabriel Mariotto... Desde allí, hasta el último intendente del interior, todos interactúan diariamente con periodistas y comunicadores.

Entonces, conjugando ambas cosas, las reflexiones no dejan de aparecer... ¿qué es lo que molesta tanto a un sector del periodismo? ¿Que no existen canales de diálogo con los responsables de la gestión pública (lo que en verdad no es así) o que hay una nueva forma de comunicarse con la sociedad, que algunos como Cristina Fernández explotan muy bien, y que nos corre del centro de la escena, demostrando que en verdad no somos tan importantes?

* Periodista, maestrando en Ciencias Sociales en la UNQ y profesor adjunto de Fundamentos del Periodismo en la Universidad Provincial del Sudoeste.

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