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Por otros medios

Para Javier Ozollo el resultado electoral y las acciones contra la comunicación plural desatadas por el gobierno de Macri son consecuencia directa de una batalla cultural perdida en el campo de la comunicación

 Por Javier Ozollo *

Desde Mendoza

La decisión del presidente Mauricio Macri de ir contra la Afsca y la Aftic, la purga de periodistas críticos, los fuertes rumores de transferencia de mayores beneficios al monopólico Grupo Clarín y la aplastante monocorde voz de los medios hegemónicos han hecho que intelectuales, expertos y teóricos de la comunicación vuelvan sobre un viejo tema: el poder de los medios de comunicación.

Louis Althusser, pensador marxista francés, publicó en 1970 un artículo que revolucionaría la forma de pensar las instituciones capitalistas que inculcan ideas: “Ideología y aparatos ideológicos de Estado”. Allí se hacía mención a diferentes instituciones (familia, escuela, iglesia, medios, etc.) como aparatos, en el sentido en que son instituciones/máquinas, que toman una materia prima y mediante procedimientos que le son propios y particulares de cada aparato la transforman en un producto. Resumiendo, se podría decir que estas “instituciones” toman un sujeto: el niño en la familia, el alumno en la escuela, el fiel en la iglesia, el receptor de un medio, etc. y mediante practicas específicas lo transforman en sujeto “sujetado”: el hijo obediente, el educado, el creyente, el consumidor mediático, etc. Para el francés existe, en estos aparatos, una primacía de la práctica sobre el contenido del mensaje inculcador: por ejemplo la escuela que enseña obediencia mediante técnicas disciplinarias (pedir permiso, levantar la mano para hablar, el timbre de entrada, el llamado a silencio, etc.). Más allá de los profundos y múltiples aportes del artículo, lo que nos interesa rescatar aquí es que Althusser resignifica estas instituciones como instituciones (todas ellas) de la inculcación ideológica, es decir, comunicacionales. Y todas ellas hacen, entonces, al poder.

Evidentemente, el resultado electoral y las acciones contra la comunicación plural desatadas por el flamante gobierno macrista, son la consecuencia directa de una batalla cultural perdida en el campo de la comunicación. Pero particularmente en el campo de los medios de comunicación.

Siguiendo el análisis de “Ideología y aparatos ideológicos de Estado”, podríamos afirmar que no toda comunicación se da en los medios, sino que buena parte de ella se da en otras instituciones. El kirchnerismo dio una feroz batalla legal y comunicacional en torno a los medios, pero, probablemente y a la vista de los resultados, descuidó otros espacios comunicativos de mayor penetración por parte de los sectores populares y de difícil articulación para los sectores dominantes.

Un ejemplo claro en este aspecto, son las redes territoriales de unidades básicas (aunque podrían haber muchos más, como el espacio público en su sentido más amplio como menciona acertadamente Washington Uranga en la contratapa de Página/12 del 15 de enero pasado). El peronismo triunfante de principio de la década del 70 había sido sostenido por una importante red de unidades básicas organizadas durante el peronismo clásico y que se distribuían en todo el territorio nacional. Esos espacios políticos no sólo eran lugares de gestión y militancia, eran instituciones donde la comunicación tomaba otra dirección a la de los medios dominantes. Simplemente se puede recordar que las fiestas y celebraciones patrias no sólo se conmemoraban en la escuela, en el espacio público y en el ámbito mediático sino que también se hacían en las unidades básicas dándole un sentido distinto a la historia. El viraje neoliberal del proceso dictatorial, primero, y del menemismo, después, desmanteló esa red.

Es decir, otro medio de construir comunicación contra hegemónica debería ser el restablecimiento de una red de espacios de comunicación, donde el “cara a cara”, el asambleísmo y el debate reemplacen al individualismo del espectador aislado frente al mundo artificial de los medios. Ello no quiere decir descuidar la batalla en el espacio de lo mediático específicamente, sino, también, encontrar otros medios de comunicación.

Una estrategia comunicacional que, con muy buenos resultados, viene desarrollando la Iglesia durante casi 2000 años. Deberíamos tomar nota.

* Docente e investigador, UNCuyo.

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