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Del sueño y la vigilia

Marta Riskin apela a la memoria y a la experiencia histórica como herramientas para alimentar la participación política y desarticular la incomunicación mediática.

 Por Por Marta Riskin *

Duérmase, don Rodrigo, duérmase.
Cierre sus ojitos, no los deje abiertos,
que si no se duerme se va a quedar despierto **

Gregory Bateson escribe: “Ni en el sueño ni en la vigilia está del todo ausente la idea de que ‘Esto es sólo una metáfora’”. Sin embargo, reconocer las referencias metafóricas del mundo externo en las imágenes de los sueños es mucho más sencillo que descifrarlas en nuestra “realidad”.

Tampoco es imposible.

Mitos, metáforas y paradigmas culturales que habitamos sólo son materiales extremadamente sensibles, a nivel personal y social. Y tan funcionales que permitieron el desarrollo de refinadas herramientas en las ciencias sociales.

Al estudiar los sueños se descubren huellas de los patrones, pautas y señales de los procesos significativos de la psiquis humana.

Dicho de otro modo, los sueños conservan las claves para comprender cómo actúa la comunicación icónica, de cómo se transforma en verbal y su vertiginosa velocidad de digestión psíquica. Aún más importante, de la construcción de modelos inconscientes de pensamiento en estados de ensoñación y relajación.

Algunos de ellos son utilizados para la administración del inconsciente colectivo y la manipulación de contenidos.

La escasa difusión de los efectos individuales y sociales de su acción sobre las libertades individuales, incluso en las universidades, las convierte en herramientas de los medios dominantes; tan útiles para separar del gran público a personajes y verdades opuestos a sus intereses, cuanto para amedrentar a quiénes se atrevan a explorarlos.

Rodrigombia**

Muchas personas inteligentes consideran los materiales del inconsciente asuntos exclusivos de psicólogos, poetas y académicos poco prácticos.

Entre ellos, aquellos cuyo oficio exige formatear al sentido común ajeno y los que simplemente evitan examinar las sutiles formas en las cuales se restringen sus propios campos perceptivos e intelectuales.

Se entiende.

Deben tolerar el dolor de hallar que muchas cosas en las cuales creen, no existen fuera del mundo que ensueñan.

A la violencia de reconocer que ni las noticias sobre el clima son confiables, algunos seres humanos responden reflexionando sobre ellas e interpelándolas.

Otros insisten en obedecer las pautas subyacentes en los mensajes aceptados desde la más tierna infancia y, considerando al engaño ajeno una suerte de culpa, refuerzan su impotencia en un mundo que creen propiedad de los poderosos y frente al cual, solo cabe rendirse y someterse.

Cuando se instalan instrucciones semejantes, cualquier desafío o cuestionamiento al resultado de las percepciones (teledirigidas o no) enoja y asusta; pues contradice los registros inconscientes y activa resistencias al poner en peligro el mundo onírico de comodidad y bienestar que se ensueña.

En estos casos, el miedo no es zonzo.

Pero confirma que la renuncia al pensamiento crítico provoca un efecto previsible: el escepticismo.

Con frases como “Las cosas son como son” puede justificarse la inacción respecto a los actos de agresión hacia otros; aunque nunca eviten la ulterior sustracción de sus derechos individuales como la libertad de expresión o de trabajo.

La violatoria premisa “Relájate y goza” no nace del fin de la ilusión como opinaba Baudrillard, sino de la ilusión que existe algún refugio en la desesperanza.

Oro por baratijas**

De modo constante, las conciencias eligen nuevas ideas, resignifican viejos contenidos y desanclan certezas inapelables.

Desnudar el carácter precario de metáforas y mitos requiere mayor esfuerzo.

Sin duda, algunos cambios se logran afirmando “¡Sí se puede!”; si bien, tal como saben los expertos en programación neurolingüística o los participantes en grupos de autoayuda, el efecto de la repetición de mensajes se diluye sin el acompañamiento de acciones concretas.

Pese a quien pese, los hechos acaban por imponerse.

A veces, basta un único dato perturbador para desarticular la incomunicación mediática.

No en vano, quienes detentan el poderío económico –o si el lector prefiere, ejercen el “poder real”– dedican colosales recursos para evitar su supuesto insignificante despertar.

Los debates de ideas alimentan la masa crítica de subjetividades que ya no cree en la mentada “suciedad” de la política, considerándola una falacia para evitar su ejercicio y la elección de sueños a conciencia.

En el desarrollo de la solidaridad se licúa la resignación y cada ciudadano tenderá a asumir su porción de responsabilidad colectiva.

Sobre la memoria y la experiencia histórica se va afilando la vieja y legítima herramienta de los avances democráticos: la participación política.

Créase o no, los sueños son contagiosos.

Los despertares, también.

* Antropóloga, UNR.

** Cantata del adelantado..., Les Luthiers.

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