LA VENTANA › MEDIOS Y COMUNICACION

Territorializar la batalla cultural

Héctor Poggiese y Eva Piwowarsky proponen que municipios y provincias intervengan en el debate de los medios desde un medio propio o asociado con otros actores de la sociedad.

 Por Héctor Poggiese * y Eva Piwowarsky **

El dominio de los grandes medios hegemónicos y concentrados de la prensa se torna incontenible e intolerable. Sin andar mucho, en estos días han cerrado una etapa bélica (“periodismo de guerra” según Blank, una de las plumas más tenaces de Clarín) en Brasil, con un triunfo altisonante que significó derribar a una presidenta escogida por el voto de la ciudadanía. En Argentina mantienen el fuego cerrado de acusaciones múltiples, a diestra y siniestra, contra funcionarios del gobierno K y en humareda levantada ocultan los haceres del actual gobierno nacional destinados a favorecer a los poderosos del dinero y a apretar a los humildes contra el fango del desempleo, los precios escandalosos y el retiro sistemático de los derechos reconocidos, creados, conquistados en el período que se pretende borrar de la historia y la memoria.

En pocos meses quedaron liquidados todos los avances de la LSCA, entre ellos la reserva del 33 % del espectro radioeléctrico para las organizaciones sin fines de lucro, la limitación antimonopólica de cantidad de canales y señales, la pluralidad de la grilla de TV, los porcentajes de contenidos locales y nacionales.

Varios estudiosos del papel de la prensa (Ramonet, Rincón, De Moraes, por citar algunos) han manifestado y escrito que el factor más difícil de superar de la acción concentrada de los multimedia no es el monopolio informativo sino lo que denominan “el monopolio de la audiencia”. Como un monstruo que aprisiona son sus tentáculos, aun si pudieras atenazarle alguno con normas legales y controles administrativos, dispone de otros indomables con los que te voltea en la batalla cultural. La forma de vencer ese monstruo aun es desconocida pero conviene preguntarse sobre qué hacer mientras tanto esa forma sea descubierta.

Tal vez las trincheras debieran ser menores y los campos de batalla más acotados, pero no habría que descartar enfrentamientos localizados. ¿Un gobierno local que no coincida con el vendaval neoliberal, habría de permanecer inmóvil ante una acción estructurada que socava los cimientos de su política orientada a los intereses populares y a su región? ¿Los medios alternativos locales de empresas pequeñas o entes comunitarios conseguirían, uno a uno, superar en su propio territorio aquel dominio? ¿Las universidades públicas con medios propios y consejos sociales consustanciados con el desarrollo local y las interrelaciones en el territorio donde se asientan, serán ajenas al debate de ideas y proyectos? Tal vez la cuestión apareciera como demasiado difícil para cada uno. ¿Por qué no asociarse de alguna manera especial, para una faja de la comunicación, sin perder su identidad ni autonomía, pero produciendo un mensaje comunicacional conjunto, una agencia local de noticias, un programa de radio y/o TV con diseño y recursos mixtos, que pueda ser leído y entendido como producto de un colectivo, de un conglomerado? Yendo de menos a más, hasta un medio propio de ese colectivo local-territorial mixto de estrado y sociedad pudiera proyectarse.

La LSCA definió tres formas de prestadores para operar los servicios (gestión estatal, gestión privada con fines de lucro y gestión privada sin fines de lucro) superando la ley de la dictadura que solo aceptaba la propiedad privada comercial. En los 21 recientes puntos de la Coalición para una Comunicación Democrática (CCD) se hace lugar también a formas asociativas mixtas públicas y privadas.

Sociedad mixta cogestiva es una posibilidad jurídica en el derecho nacional y comparado. Y, de hecho, una práctica de tal tipo de asociación se experimentó durante varios años en procura de construir una industria local de TV. Nos referimos a los conglomerados que promovía la LSCA en su artículo 153 y se materializó en el Programa de Polos Tecnológicos de la TDA. En los 44 Nodos de tal programa, organismos públicos nacionales, municipales o provinciales, organizaciones comunitarias, canales de TV locales, sindicatos, productoras, guionistas, redes y ongs de comunicadores o de comunicación y otros actores conformaron colectivos asociados, a los cuales allegaban sus propias especialidades y recursos.

La territorialidad de los poderes democráticos en nuestro país puede ser de escala nacional, provincial o municipal, esquema jurisdiccional que puede diferir en forma parcial en algunos otros países de la región, como también puede ser distinta la visión y la acción político-estratégica de los gobernantes electos. Nada impediría, por ejemplo, que un municipio o provincia se plantee intervenir en el debate de los medios desde un medio propio o asociado con otros actores de la sociedad, de la misma manera que cualquier intendente puede organizar un presupuesto participativo –por su estilo de formular y decidir sus políticas– aunque el gobierno de la jurisdicción nacional no lo comparta.

Si esa acción comunicacional asociada se instala en distintos municipios, habrá territorios, aun acotados, donde la población acceda a un mensaje contrahegemónico reconocible e intencionado, capaz de competir en la conquista de la audiencia.

Una futura ley pudiera venir a adoptar y contemplar esta concepción siempre que en el mientras tanto, los actores de la comunicación hubieran ido ensayando e innovando modelos territorializados de comunicación democrática en los cuales lo fundamental de la innovación no haya sido el mensaje, sino el medio. O sea, apostar a que la ecuación democratizadora de la comunicación se juega en la naturaleza del actor que la produce. Si ese actor es mixto de sociedad y Estado se habrá generado una modificación no apenas en el mensaje, sino en el tejido social que lo sostiene y produce.

* De Flacso-PPGA, fue orientador metodológico del programa Polos Audiovisuales de la TDA.

** Ex coordinadora nacional del programa Polos Audiovisuales de la TDA.

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