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Facsímiles

Por Valeria Devicienti *

Antiguamente existía la así llamada Realidad Empírica. Se trataba de una zona arcaica, rústica y hasta obvia, basada en dos conceptos también rústicos y obvios: la Experiencia y la Verificación. Estos conceptos representaban para los filósofos y para la Ciencia una garantía contra la superstición y los “ídolos”. Siendo la Realidad Empírica, además de obvia, pesada (pues su peso específico es superior al del plomo), en su lugar fue colocada la imagen de la Realidad Empírica, que, por su propia naturaleza, es liviana y ligera: el Facsímil.
Con el Facsímil –una antigua palabra latina (fac simile significa “haz alguna cosa semejante”)–, lo Virtual entra triunfalmente en la civilización humana. Porque lo importante en la civilización de lo Virtual no es tanto ver como ser visto. No tanto pensar como ser pensado. “Hoy estuve en televisión y me vio todo el mundo. Hoy aparezco en los diarios, hablan de mí: hoy me piensan.”
Y aquella vieja fórmula de un filósofo a decir verdad bastante presuntuoso que decía: “Pienso, luego existo” ha pasado verdaderamente a la historia. El Homo Virtualis sabe que la fórmula que realmente sirve, la fórmula ganadora es: “Soy pensado, luego existo”.
En la triunfante y exitosa vida actual, tres virtualidades me parecen dignas de señalarse especialmente, por su indiscutible supremacía. La Política, la Amistad y la Literatura. Ellas tal vez merezcan la Palma de Oro en el Festival Universal del Facsímil. Veamos por qué.
En las últimas elecciones se ha visto cómo algunos programas televisivos hacen sondeos de opinión y transmiten sus proyecciones, dando como vencedor a uno u otro de los partidos. Tal vez llegue el día en el que lo que digan las proyecciones se verifique, números en mano, automáticamente, y un líder político –entrevistado en TV– declare ante su derrota, dejando a Platón como un mísero diletante: “Para mí, los resultados no cuentan, lo que importa son las proyecciones”.
La Virtualidad de la Amistad, en cambio, es un problema un poco más delicado, puesto que tiene que ver con un sentimiento. Siempre se ha dicho que el perro es el mejor amigo del hombre. ¡Cuántas lágrimas hemos llorado por la pequeña y corajuda Lassie, que recorría cientos de kilómetros para volver a casa! Y acaso a Rin-Tin-Tín, ¿lo hemos olvidado? Pero, después de todo, ¿cuál es un verdadero perro? Los perros verdaderos tienen pulgas, si no se los saca a pasear hacen caca adentro del departamento, se enferman, ladran molestando a los vecinos, etcétera. ¡Los japoneses sí que inventaron el perro perfecto! El facsímil del perro llamado Tamagotchi. El perro virtual se encuentra dentro de la computadora y no presenta ningún problema práctico. No tiene pulgas sino un facsímil de pulgas. Si se enferma basta con el facsímil del veterinario.
Finalmente, se pensaba que la Literatura, que trabaja con la ficción, sabría, llegado el caso, distinguir entre ficción ficcional y ficción verdadera pero, en cambio, no. Lo Virtual ha llegado también al territorio de la Literatura. Pensemos en el Premio Nobel. Ultimamente cunde en los periódicos de todo el mundo un Nobel virtual que consiste en algún escritor que es pensado por los mass-media como probable o posible ganador del Nobel. Este señor se comporta en consecuencia: da entrevistas, aparece en televisión, expresa benévolas opiniones sobre otros premios Nobel virtuales. En definitiva, al ser pensado como Nobel, existe como Nobel. Solamente que los académicos de Suecia se empecinan cada año en dar elpremio a alguien en quien jamás nadie había pensado antes. Podría parecer un desprecio sistemático, pero tal vez no lo sea. Quizá, de este modo, los académicos suecos están interpretando el sentimiento más profundo que anima a cada Nobel virtual y, por así decir, lo mantienen vivo.
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