EL PAíS › CON UNA CIFRA INFIMA DE VOTOS ESCRUTADOS, ALPEROVICH SE DECLARO GANADOR

Cinco votos, uno que ya cantó victoria

El candidato justicialista de Miranda se proclamó el nuevo gobernador de Tucumán con 44 mesas escrutadas sobre 2266. Con 1800 sublemas, votar fue una pesadilla y el conteo promete tomar todo el día de hoy. Bussi Junior aparecía bastante atrás; su padre genocida, triunfante.

 Por Felipe Yapur

Desde Tucumán

Puede ser una medida temeraria o un exceso de optimismo, pero anoche, al cierre de esta edición, el secretario general del PJ tucumano, Antonio Guerrero, anunció que el candidato oficialista José Alperovich era el nuevo gobernador que reemplazará a Julio Miranda, el responsable de la muerte por desnutrición de una treintena de niños hace menos de ocho meses. El anuncio lo realizaron cuando la junta electoral apenas había informado el escrutinio de 44 mesas sobre un total de 2266. Según estos datos, el ex fiscal anticorrupción Esteban Jerez superaba por apenas un voto a Ricardo Bussi, el hijo del genocida Antonio Bussi. De todas formas, los integrantes de la junta electoral insistían en que recién a las tres de la mañana de hoy se podrá decir que hay una tendencia firme para confirmar el triunfo de alguno de los aspirantes a gobernador.
Lento y difícil es el escrutinio. El primer dato oficial se conoció recién a las 22, cuando informaron el resultado de dos mesas donde Jerez se colocaba en primer lugar. Al candidato del Frente Unión por Tucumán la alegría le duró hasta las 22.40, cuando las pantallas de la junta electoral se actualizaron y los datos treparon a 26 mesas. A las 23.30, mientras Guerrero ya le adjudicaba el triunfo al PJ, Alperovich cosechaba 4651 votos, Jerez se quedaba con 1519 y Bussi hijo lo seguía muy de cerca con 1518. Atrás, lejos, se ubicaba el justicialista disidente Renzo Cirnigliaro con sólo 153 votos, que apenas superaba a los 113 votos en blanco.
No es fácil el escrutinio. Si bien son apenas ocho los candidatos a gobernador, para intendente, concejales y legisladores hay más de 32.000 candidatos. Es por ello que si recordar durante la campaña electoral el número de alguno de los 1800 sublemas que competían en las elecciones era todo un desafío, encontrarlos en el cuarto oscuro se transformaba en una misión imposible. Las aulas donde se colocaban las boletas en general ocuparon la totalidad de los pupitres. Una al lado de la otra, los sublemas se apretujaban. Esto provocó que cada elector que no hubiera tomado la precaución de llevar el voto desde su casa, tuviera que estar entre 15 y 20 minutos en el cuarto oscuro sólo para encontrar la boleta. Claro, siempre y cuando a la persona no se le ocurriera cortar boleta. Así las cosas, cuando se acercaba el fin del comicio más de una escuela todavía mostraba largas colas que soportaban el frío y la molesta garúa que provocó quejas, gritos y pordioses para que los dejaran ingresar a las escuelas a votar.
Los candidatos pasaron la tarde encerrados en sus respectivos hogares mientras sus colaboradores le acercaban datos de la evolución de los comicios. Tal vez por la experiencia de hace cuatro años, ninguno de los partidos se animó siquiera a deslizar la existencia de alguna encuesta a boca de urna.
Poco después de concluido el comicio, las mesas que estaban en condiciones comenzaron a realizar un engorroso escrutinio. Y la complicación del recuento no sólo estaba dada por la cantidad de variantes que podían encontrarse en los sobres, también aportaba a la confusión la decisión de la junta electoral de permitir la participación de fiscales de los sublemas. Fue así como, además de las dos autoridades de mesa, en el cuarto oscuro estaban los ocho fiscales de los lemas a los que se agregaban diez representantes de los sublemas que eran elegidos con anterioridad. En caso de que el recuento fuera normal, el presidente de mesa tuvo que volcar los guarismos en lo que se conoce como telegrama. En Tucumán esto representa una planilla de quince interminables páginas que, para colmo, se deben confeccionar por triplicado. Sin posibilidades materiales de que la junta electoral pudiera tener datos oficiales a poco de finalizada la votación, cada uno de los comandos electorales de los partidos se encargaron de anunciar los guarismos que enviaban los fiscales. Y si de mantener el optimismo se trata, cada uno de los candidatos se encargó de presentar datos de mesas que lo daban como ganador. Entonces, a las 19.30, Alperovich, Bussi hijo, Jerez y Cirnigliaro estaban, según ellos, ganando.
A las nueve de la noche, los únicos que festejaban un seguro triunfo en la plaza Independencia, ubicada frente a la casa de gobierno, eran los hinchas de River Plate que habían obtenido el Clausura de 2002. Desde los balcones de la casa de gobierno, los funcionarios de Miranda envidiaban detrás de las cortinas la temprana alegría de los fanáticos gallinas.
Si bien durante el comicio hubo quejas y la denuncia de una persona que intentó votar con el documento de otra, el comicio se desarrolló con cierta normalidad. A poco de comenzar el escrutinio, Cirnigliaro anunció que a las 13 había presentado un pedido de suspensión y anulación del acto electoral. El argumento esgrimido por el justicialista disidente era que en la zona este de la provincia las urnas habían llegado sin sus boletas. A las 20.30, la junta electoral desestimó la presentación de Cirnigliario, quien a partir de ese momento desapareció de su comando electoral.
Alperovich se dedicó a controlar el escrutinio desde la casona que tiene al pie del cerro San Javier. Respondió a varios llamados de Néstor Kirchner, quien le pedía precisiones sobre la evolución del recuento. El candidato calmó al Presidente, que a esa altura ya había recibido la mala noticia que llegaba desde Tierra del Fuego, donde el PJ había sido derrotado.
Si para gobernador y vice había muy pocos datos oficiales, para intendente de la capital no había ninguno. De todas formas, en la mayoría de los comandos electorales se daba por descontado que el genocida Bussi se quedaría con el primer municipio de la provincia. Incluso, entre los bussistas se especulaba que el ex dictador podía llegar a renunciar al puesto una vez que se conozca el resultado, porque intuye que finalmente la justicia hará lugar a la impugnación por inhabilidad moral que presentaron los organismos de derechos humanos contra el anciano general. Si esto llegara a ocurrir, sin duda sería la única buena noticia que surja de la provincia.

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Alperovich con su padre, que no pudo votar por un problema de papeles.
 
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